Alejandro Flores

22.10.08

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A mis Brandaris





"Yo soy este momento"

poeta del colchón







Inhalen... exhalen

Esto es en síntesis mi opinión


...

Despegue y aterrizaje. Aterrizaje y despegue.


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Les propongo otra cosa:

Tratemos de vernos como lo que hoy somos de forma individual, sin pretensiones de reedificar algo, sin juicios caducos y sin sentir nostalgia por un pasado que es responsable ni más ni menos de lo que hoy somos.

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Tengo muchas ganas de escribirles pero no pretendo decir algo más conmovedor que lo ya mencionado por Churro, ni más nítido y conciso que lo expresado por Charal, ni tampoco más sorprendente que lo dicho por el buen Kalunga, a quien mando un abrazo. Ni, valga decir, lo sencillo y básico que es capaz de advertir Cristóbal, y menos lo vale verga (ja, no cierto hija, sino luego chillas), del Horacio.
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Ya hace un tiempo, conversando con este último cabrón, coincidimos en que nos suele ocurrir algo a los dos: tenemos lapsos en los que dejamos de frecuentar amistades que en otro momento eran referencia constante. Algunas de estas amistades, en ocasiones, vuelven pero en otras no. Curiosamente en esos vaivenes él y yo hemos mantenido "algo". No podría afirmar que ese "algo" sea la esencia que menciona Isidro ni tampoco estoy seguro si podría ser esa tendencia newbornesca que quisiera Charal.
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En lo personal pienso en ustedes como mis amigos y para mí lo siguen siendo, aunque también creo que son más mis amigos por separado. Sé que son mis amigos porque representan parte de la honestidad, generosidad y picardía que no he encontrado en mi vida, y son también algunos de los pocos a quienes creo puedo acudir en los momentos difíciles, los más importantes.
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Dicen algunos sabios que el verdadero acto de amor es aquel que un individuo hace cuando se aproxima a sus seres queridos con irresponsable abandono.
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Eso podría sonar súper pinche de entrada pero es sumamente profundo si lo pensamos un poco, porque cuando somos capaces de no aferrarnos a las cosas, sobre todo a los objetos, personas o ideas que nos son caros, ocurre un instante de renuncia en el que al soltar aquello que atesoramos, ese hecho, si es sincero, es más valiente que hacer hasta lo imposible para mantener con nosotros a quienes queremos.
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Es bastante complejo. Lo sé.
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Yo aspiro y creo en el amor pero no entendido sólo como el enamoramiento entre dos personas ni como parte de la esfera sacrificial que tanto ha entronado nuestra cultura con su exagerado mercado de mártires.
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No, sino el amor precisamente como ya lo he expuesto, como renuncia. Se trata de una postura radical y muy difícil de lograr pero es algo que considero higiénico para relacionarnos de manera afectiva con otros seres.
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Porque dentro de este cariz de abandono surge la esfera de la libertad y la aceptación, es decir aprender a ver al otro como una entidad que a cada momento va dejando de ser lo que era. La aceptación irrumpe cuando puedo ver que esa persona cambia y lo que siento por ella no merma en función de mis propios intereses, sino que sus cambios y decisiones, por más ajenos o detestables que sean para mí, los acepto sin condiciones y me concentro en ese movimiento que es la vida, para valorar su belleza pero sin un aferramiento seco.
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Hoy día han quedado lejos las pesadas galeras del compromiso Brandaris; han quedado lejos las intimidades transmutadas de unos a otros; no quedan ni los restos de aquellas cenas preparadas por mamá para después de la junta de jefatura; muy lejos se encuentran los cantos acompañados por infusiones de cerveza en algún barcillo de Coyoacán; muy borrosos son los rostros que buscábamos ante cualquier problema en un valle, en una ruta, en una carretera abandonada, ante una vorágine de furiosos padres de familia.
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¿Y?
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La nostalgia y la paranoia nutren el simbolismo de los románticos. Pero del mismo modo que los vanguardistas, instauran, en la ruptura con la linealidad del tiempo progresivo, la fortaleza de su espíritu.
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Es decir, la fortaleza de la ruptura romántica y vanguardista es la revolución poética.
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Pensarán que ya les voy a hablar de literatura y no estarán del todo equivocados sólo si aceptan que la noción que yo tengo de literatura es una muy cercana a lo que entiendo por vida.
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De esta forma, poesía es vida. Y la vida, un sistema homeostático, es decir, que cambia y se auto genera constantemente. Entonces la poesía es revolución. Por tanto, la revolución poética es la revolución de la revolución. Y la revolución de la revolución es el cambio en el cambio. Es decir, la imposibilidad de que la revolución se transforme en algo esencial: sólido y estático. Por lo mismo es imposible asirla. Si se perdieron, me refiero a la vida.
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La nostalgia aparece con la filosofía y filosofía es aspiración a estar por doquier en sí mismo, dice Novalis. El filósofo es el individuo que no se encuentra pues todo le es extraño desde que abandonó el capullo materno.
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Así pues, la filosofía es la búsqueda de respuestas para reinstaurar los tiempos felices pero exige de entrada el conocimiento de que es una empresa destinada al fracaso. Eso produce dolor y nostalgia.
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Ustedes son los amigos con los que compartí algo que ya ni siquiera está pero que de alguna manera existe en ese continuum (mi vida, lo que "soy") cuyo único elemento común a través del tiempo es mi nombre.
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Son los amigos de la infancia y de la adolescencia que de forma remisa se dieron cuenta de que había que crecer para enfrentarse al mundo de a de veras.
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Son los amigos del capullo Brandaris, donde todo era felicidad, hasta que ocurrió esa grieta en la cual el mundo se hizo extraño y volvimos a buscar referentes pero cada quien por su lado. Nos quedan fotos, recuerdos, pretextos de ese mundo, y eso nos hace sentir nostalgia. Sin embargo, no debemos dejar de lado que frente a nosotros se han multiplicado las posibilidades. Nuestro mundo si bien es más caótico y duro, también es más rico, abierto y sobre todo inagotable.
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Ahora bien, la nostalgia cuando ocurre se vuelve irremediable, es aspiración a lo imposible. Por su parte, la revolución poética, es decir la vida, si bien es indescriptible y en ese grado inalcanzable, es más presente que la aspiración, porque se da aquí y ahora, es decir, a cada instante. La revolución no es futuro, es instante, y si ahondamos en éste existe la posibilidad de "alcanzar" un grado de eternidad. ¿Muy loco?
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La nostalgia nos ata, nos impide movernos, es decir, nos mata.
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La revolución es poesía, es movimiento, es creación, es este momento, es decir, es vida.
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Mi propuesta es la siguiente: cada quien haga su revolución, no se detengan pero tampoco olviden.
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"No olviden" no significa "sientan nostalgia".
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"No olviden" significa rendir homenaje a aquello que alguna vez existió dejándolo ir, rescatando lo valioso para integrarlo en nuestra personalidad y dejando de aspirar a que se repita, sino a que ese "espíritu" que nos unió pueda ser fecundo en nuevos rostros, en otros seres, ya que de ese modo entablaremos relaciones más libres, sin exigencias ni condiciones con nuevas personas de las que sin duda tendremos mucho más que aprender.
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No busquemos una nueva HHH ni mucho menos la vieja HHH.
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Reconstruyámonos en lo personal, liberémonos de nuestros mitos y aprendamos a vernos como somos, no como hubiésemos querido ser.
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Lo que formábamos se ha desvanecido porque simplemente ya no existe la base que nos sostenía: algo tangible como un proyecto en común. Por eso, yo creo que si de casualidad hay un error en lo que ha ocurrido muy probablemente tenga que ver con que desde antaño, cuando éramos jefatura, nos esforzamos reticentemente en construir nuestro propio mito, ser nuestros propios héroes, y pensamos que así seríamos felices.
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Fuimos unos niños educados con una visión heroica pero nunca se nos enseñó a enfrentar las batallas reales de nuestro mundo: el trabajo, el estrés, la desolación, la enajenación, el fastidio; niños instruidos en realizar planeaciones trimestrales pero a los que jamás se les explicó la importancia de saber planear a largo plazo, es decir, de saber planear con una visión concreta, real y auto transformante; muchachos que se conmovían por una cruz y una corona de espinas de plástico pero a los que no se les motivaba más que en discurso a sentir conmiseración por el dolor ajeno, por el niño que se droga y no tiene posibilidades de futuro; niños devotos de una mística superficial de simulacros a los que jamás se les aclaró qué era y de dónde venía un término de un simbolismo y profundidad tan grande como ese: mística.
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Además, éramos una familia tradicional: Isidro era el papá; yo, la mamá; Charal, el hijo mayor; Kalunga y Memo los pequeños, y Horacio el rebelde que se va de la casa.
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Por eso mismo, no podemos, ni sería deseable, ser o revivir lo que fuimos.
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Éramos esos jóvenes que queríamos ser héroes y obviamente no sabíamos nada. Nos veíamos y autonombrábamos como una jefatura súper chingona. Tanto que cualquier otra nos hacía los mandados. Pero por eso mismo fuimos un grupo cerradísimo. No aceptábamos a cualquiera. Ese fue el principio de nuestra ceguera y el primer dato al que deberíamos acudir para hacer una retrospección verdadera.
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Además, llegamos tal vez por causalidad: Churro decía que Tacho no lo veía con buenos ojos, entonces en otras condiciones, no sé, pero a lo mejor no hubiera sido jefatura. Por mi parte, a mí me caía mal la jefatura y sé que no los convencía pero sin embargo no tenían ningún otro prospecto. Charal fue el rescate y la última oportunidad después de que los otros dos prospectos se habían echado para atrás. Ya cuando Ángel era jefatura le daba miedo que subiera Horacio porque una vez dijo que "sería bueno poner una bomba en un McDonald's". Kalunga y Memo tal vez son los más auténticos. Ahora bien, esto demuestra que la casualidad fue maravillosa. Sin embargo, no éramos ningunos predestinados ni favoritos ni especie aparte. Ahí está el mito.
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Ahora, no nos vayamos por la tangente.
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Hablo:
A todos los admiro, respeto y recuerdo con profundo cariño.
Creo que no deberíamos hacer un viaje de fin de semana para hacer lo mismo que hacíamos antes: jugar, emborracharnos, hablar de los dark sides…
Tampoco pienso que debemos hacer renacer absolutamente nada.
Mucho menos creo en la idea de edificar nuevos mitos.
Pero sí me convence replantearnos en términos personales y reconocernos pero de una forma libre, no planeada ni demandante, tampoco forzada.
Quitémonos la losa.
Aceptemos que la vida es incontrolable y que el tiempo es más sabio que el hombre que aprende a contarlo.
Un honesto abrazo a todos.



Memo: eres una niña.
Kalunga: que bueno que ya estás más flaco.
Churro: me hubiera encantado acompañarte.
Charal: te debo varias cosas, espero ponerme a mano. Sabes que te admiro.
Horacio: ...


F / A / S / T

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III Muestra de Cine y Derechos Humanos

A 60 años de la Declaración de los Derechos Humanos, la Muestra Internacional de Cine sobre esta materia será un espejo frente a la sociedad para reflexionar en torno de temas que destruyen el tejido social y que se agudizan en momentos de crisis como la actual, mencionó ayer Rafael Álvarez Icaza, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del DF, en la presentación de la muestra itinerante.

“Estamos en un contexto privilegiado para tratar estos temas, a la luz de los desafíos que hoy tenemos porque la crisis económica va a desatar procesos peligrosos: desempleo masivo, contracción económica, que tienden a polarizar a las sociedades y a agudizar las contradicciones”, dijo.


"Hemos visto que en los momentos de crisis explotan la xenofobia o problemas de identidad, una tensión mayor. Y ese es un problema que va a cruzar México, no sólo como expulsor sino como receptor de migrantes en su frontera sur”, y ahí hay un tema muy crítico que el país no debe pasar por alto.


“México tiene que tener la capacidad de verse a sí mismo” en materia de Derechos Humanos, puntualizó.


La tercera edición de la Muestra Internacional de Cine y Derechos Humanos llega al DF, que es una de las 11 sedes en España y Latinoamérica, con 19 filmes de denuncia entre cortos, mediometrajes, largometrajes y un filme de animación, que se proyectarán en el Polyforum Cultural Siqueiros del 26 de octubre al 1 de noviembre y cuya entrada es gratuita.


Los temas de la muestra son: la controvertida libertad de expresión en los medios de comunicación, la interculturalidad, la sustentabilidad del medioambiente, la situación de la mujer, los efectos "colaterales" de los conflictos armados y las migraciones del sur.


José Luis Navarro, director de la Muestra, agregó que uno de los objetivos es “dar a conocer el cine que está afuera de los circuitos comerciales”.


Además, para promover la reflexión se organizarán mesas de debate presididas por destacados académicos y periodistas, al finalizar las proyecciones.


Otras de las sedes serán Chilpancingo, Acapulco y San Luis Potosí, en México, y como parte de su itinerancia internacional Guatemala, Ecuador, Argentina y Chile.


Consulte la programación en muestraderechoshumanos.org en Internet.



17.10.08

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Dos leyendas al Motorokr

18 de octubre de 2008
Foro Sol



Quizá nunca pudimos ver a nuestros artistas favoritos salir del radio en el que los sintonizábamos pero hoy es posible imaginar que salen de nuestro teléfono celular, pues los próximos 18 y 19 de octubre, en el Festival Motorokr, organizado por una famosa compañía de teléfonos celulares, nuestro país recibirá la visita de dos grandes leyendas de la escena del rock internacional: el multifacético Trent Reznor, de Nine Inch Nails (NIN) y Scott Weiland, líder de los Stone Temple Pilots (STP).

Ambos artistas siguen siendo estandartes de una generación fanática de las guitarras eléctricas y los sonidos distorsionados, la misma que en los 90’s tenía a su alcance una gran cantidad de nuevas propuestas musicales comandadas por jóvenes desencantados de la generación X, Trent Reznor, Scott Weiland, Chris Cornell, Eddie Veder, y por supuesto, Kurt Cobain, entre otros.

Mientras NIN acumula ovaciones por todo el mundo con su actual gira Lights in the sky, en la que aprovecha perfectamente las nuevas tecnologías y las nuevas maneras de hacer música, Scott Weiland ha sido duramente criticado por su infranqueable adicción a las drogas y el estancamiento musical de los STP.

Reznor, quien hoy tiene 43 años y es ingeniero en computación, desde pequeño enfiló por la ruta que lo convertiría en un músico polifacético: en secundaria ya tocaba el piano, la tuba y el saxofón. Esa ruta encontró solidez casi por casualidad cuando en 1988, trabajando en un estudio de grabación tuvo la posibilidad de grabar demos junto con Chris Vrenna que a la postre se convertirían en el primer álbum de Nine Inch Nails, Pretty Hate Machine.


Así, las composiciones musicales fueron desde un principio materia creada en su totalidad por Reznor, quien además de cantante y compositor sería productor de la banda, la cual alcanzaría el éxito en 1994 con su tercer disco, The Downward Spiral, y de la mano de uno de sus sencillos más sonados, “Closer”.

En 1997 Reznor sería considerado uno de los personajes más influyentes en Estados Unidos. Con el tiempo, la solidez y el respeto configurarían lo que este músico ganador de 2 grammy’s representa en la escena independiente.

Además de dedicarse por entero a la composición de NIN, ha colaborado en distintos proyectos con otras grandes figuras como Marilyn Manson y el cineasta David Lynch. Pero también se ha peleado con muchos y ha padecido serias rachas de adicciones.


Entrados en materia, Scott Weiland se ha caracterizado por trastabillar a lo largo de su carrera. Ha oscilado constantemente entre el éxito y el exceso, una fórmula nada disonante en el mundo del rock.

Weiland ha aceptado con humor sus excesos, y cuando se le ha preguntado cómo ha sobrevivido a ellos, ha dicho: “soy como una cucaracha. Si hubiera una bomba atómica, sería una de las pocas personas que quedarían. He tenido tantas sobredosis y he sobrevivido. Es asombroso”. Por eso el pasado 29 de julio un crítico norteamericano lo apodó como el “Amy Winehouse del rock”.

Weiland recientemente se separó del grupo Velvet Revolver, banda en la que estuvo cinco años y en la que compartía créditos con algunos ex miembros de Gun’s & Roses (Slash, Duff) con quienes se ha enfrascado en una guerra de declaraciones.

Sin embargo, Weiland parece contento y motivado por el reencuentro con su banda original, pues son los “muchachos con los que crecí”, dijo en mayo. Además, su disco en solitario saldrá a la venta en el mes de noviembre; con STP planea grabar un nuevo disco a raíz de su reencuentro, y está escribiendo un libro sobre su vida, además de trabajar en un programa de televisión y en una colección de ropa.

De esta forma, el Foro Sol (DF) y la Explanada López Mateos (Guadalajara), podrán ser oráculos que develen incógnitas como: ¿Cuál será el futuro de estas dos bandas fundamentales en la música de fines del siglo XX? ¿Hasta donde podrán reinventarse y seguir vigentes? ¿Estamos ante la consagración de una banda y el ocaso de otra? Si usted es fanático del rock, no se los puede perder.

13.10.08

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Los gérmenes del narco

El vuelo, de Sergio González




Las décadas de los 60’s 70’s marcaron el fin de una civilización revelado en un doble sentido: la conciencia ecológica en torno de los límites del crecimiento y la aceleración del tiempo aunado a la gran Revolución tecnológica.


Dentro de este doble fenómeno se iría perfilando la liberalización de los mercados, se diversificaría la producción de racionalidades, es decir, los puntos de vista distintos sobre la historia, además el avance de la globalización poco a poco borraría las fronteras, para generar ahora un nuevo modo de producir sociedad, marcada por el ritmo del poder militar de los Estados Unidos, es decir, una nueva etapa del capitalismo, más salvaje.


Así pues, en los 60’s-70’s el mundo experimentó un giro radical que marcaría el futuro de la humanidad, el futuro aciago al que en estas horas nos aproximamos con la total certeza de que es sumamente incierto, porque en la competencia especulativa de los mercados se marca el ritmo de las sociedades de nuestros días.


Un símbolo de esa transición de civilizaciones sería el Sputnik, que daría la vuelta a la Tierra por primera vez; otro símbolo es el crecimiento de actividades delincuenciales con alcance intercontinental, como el narcotráfico.


Y la aparición de nuevas categorías en torno de los inicios del neoliberalismo: liberación del individuo y atenuación del pensamiento, nutrimentos centrales del hampa y el crimen.

En esa coyuntura mundial es donde parte la historia de El vuelo (Mondadori, 162pp), la más reciente novela del escritor y periodista mexicano, Sergio González Rodríguez.


La novela cuenta la vida de Rafael Asunción Vizcaya, un joven que azarosamente se ve inmerso en el negocio del tráfico de drogas y poco a poco, sin darse cuenta, será atrapado por ese remolino ante el cual es impotente. Un remolino que también es una bola de nieve porque un hecho simple, una vaga concesión por parte de este personaje, lo convertirá en avalancha. Esa vida “cómoda” a la que habrá accedido, finalmente lo llevará a reaccionar de un forma violenta mostrándose así en su complejidad y amplitud netamente humana.


Rafael Asunción Vizcaya es un muchacho común y corriente, de 30 años, que le gustan los toros y el box, nunca ha consumido ni consume drogas pese a ser traficante de cocaína y su libro de cabecera se llama El despertar de los dioses.


En el desarrollo de la novela podemos descifrar un ambiente de negocios que se mostrará en su caótica red de interacciones, en las que se encuentran todo tipo de intereses, luchas por el poder, códigos de honor y traiciones, hombres poderosos y vasallos, países pobres y ricos, consumidores o productores, fronteras ficticias y degradación institucional, social y gubernamental. Algo que se parece mucho al México violento de nuestros días.


Si bien el narcotráfico es el sustento que da pauta a la obra, no es el único tema de la novela. El planteamiento de la misma es mucho más complejo, porque si bien es una crítica a la sociedad que desculpabiliza la esfera del placer y banaliza la reflexión en torno de los efectos de las drogas y es una crítica al poder que ha amparado al crimen organizado y facilitado el andamiaje de una delincuencia formalmente aceptada al interior del propio sistema, también es la interiorización individual de un drama social que hoy cobra particular vigencia.


Es el drama de un individuo concreto, con nombre y apellido, determinado hasta cierto punto por su entorno inmediato y por las condiciones que se ve obligado a enfrentar.


El drama interno de ese individuo concreto se revelará en su incapacidad para entender lo que está pasando a su alrededor, una especie de Joseph K pero que ahora hace las cosas por inercia, ya no es el individuo que se cuestiona para entender, es el hombre que no puede liberarse y se conforma con sufrir menos. Curiosamente él no se evadirá por medio de la droga. Pero sí será un facilitador de esa “dicha efímera y al alcance de la mano” (SGR, p25).


Sergio González, con El vuelo, aporta una reflexión no como pretexto coyuntural para buscar un impacto de ventas, sino como una necesidad de abrir todos los sentidos ante un fenómeno que si bien atenta contra la sociedad, es producto y resultado de la misma, de sus vicios y de sus deseos más oscuros, un tema de plena actualidad abordado de forma ejemplar.


Por eso es importante leerla cuando México pareciera estancarse en una barbarie maquillada en los noticieros de televisión que se encargan de montar la ficción que reduce todo a una simple lucha entre buenos y malos, la ficción favorita de melodramas y caricaturas.



Sergio González Rodríguez

El vuelo (2008)

Mondadori

224pp

$161.

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Radiohead ¡vuelve a México?

Los fans cruzan los dedos

Hace 14 años, el 15 de octubre de 1994, Radiohead, una banda que llegaría a marcar a más de una generación, tal vez a la postre nombraría en sí una generación, se presentaba en nuestro país, en Ojo de Agua, Pachuca, lugar al que la banda llegó por un camino bastante descompuesto y en una camioneta medio amolada que, para sorpresa de los integrantes del grupo, no tenía frenos. ¡Imagínese el susto!


Aquella noche interpretaron las canciones de su primer disco, Pablo Honey, entre ellas la más aplaudida por ese inocente público mexicano, su primer éxito, “Creep”, una balada sosa que se puede contar aparte y que desde su creación fue de total desagrado para el guitarrista líder, Johny Greenwood, quien al hacer sonar su instrumento en la canción parecía hacer berrinche.


1994 es el año en que comenzaban a consolidarse las bandas de rock que representaron, con respecto a los “duros” de los 80’s, una alternativa para quienes no gustaban de las melenas rubias ni de los sujetos encuerados en escena, de los solos de guitarra extendidos y super elaborados ni de las tonalidades vocales unívocamente agudas. En ese espacio de consagración del rock alternativo, Radiohead tendría un lugar reservado.


Ese mismo año, en abril, Kurt Cobain decidía convertirse en leyenda a los 27 años desfigurándose el rostro con una escopeta.


Un año de convulsión asimismo para nuestro país debido a una concatenación exhaustiva de sucesos críticos: la irrupción en escena del levantamiento zapatista; el asesinato del candidato del partido oficial a la República; las elecciones presidenciales, y el asesinato del diputado José Francisco Ruiz Massieu.


Eso había ocurrido en el mundo y en México, mientras que en aquel concierto del 15 de octubre de 1994 nadie se imaginaba lo que esta banda representaría más de una década después, ya que el primer aviso de la trascendencia de este grupo apenas se develaría tres años más tarde, en 1997, con el lanzamiento del disco, OK Computer, considerado por los críticos el mejor disco de los 90’s.

Por tanto, Radiohead, en aquel 1994, nos pasó de noche. Más de una vez hemos podido escuchar los lamentos ante la desagradable experiencia que “sufrió” la banda porque debido a eso nunca volverían a México. Por la misma razón cuántos de nuestros amigos, de tener las posibilidades, no han perdido la oportunidad de verlos en vivo en algún país lejano, sea Alemania, EU o hasta Japón. Cuántas veces no hemos escuchado los rumores de que en la próxima gira “ahora sí” ya vienen a Latinoamérica, y cómo nos ilusionamos los mexicanos para en unos meses desencantarnos; la misma burra de cada cuatro años en el futbol, el clásico “ya merito”.


El rumor: tres conciertos, 15, 16 y 17 de marzo de 2009 en el Foro Sol de la ciudad de México, según varios blogs y páginas de Internet que se han basado en una nota publicada en el diario Récord el viernes.


Podemos decir que este rumor se ha extendido con una velocidad propia de una vorágine, una mancha voraz o una epidemia. Radiohead lo copa todo. Y surge la pregunta obligada: tras más de 14 años de contención para miles de fanáticos mexicanos ¿vendrá la catarsis o la enfermedad? ¿Será la liberación o el estreñimiento de emociones? Ya veremos. Puede que estén frente al anuncio del evento más esperado de sus vidas.

8.10.08

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Silvia Molina: Escribiendo te das cuenta de que has vivido

En silencio, la lluvia





En un sobrio despacho repleto de libros sobre historia y política, en donde Silvia Molina desempeña su labor como coordinadora de publicaciones en la Comisión para las conmemoraciones del Bicentenario, el entrevistador le pregunta:


Bueno y con tanto trabajo ¿cómo te das tiempo para escribir?


“Uno encuentra el tiempo. Esta novela la escribí en gran parte en una combi viejita y que brincaba mucho, cuando trabajaba como directora de literatura del INBA, y en el trayecto de mi casa a la oficina abría mi computadora y me ponía a escribir”.


Pero no es por ocio o para matar el tiempo se le haya ocurrido escribir. Si bien los escritores son los más grandes ociosos, el perfil de Silvia no calza con ese prejuicio.


“Soy una abuela muy alivianada. Mis nietos tienen una muy buena biblioteca infantil. Les gustan mucho las historias. Tengo un teatrito con títeres tejidos en el que representamos muchos de los cuentos que leemos”.


“Nos divertimos mucho. Disfruto mucho a mi familia, a mi esposo, a mis hijas y a mis nietos”.


Ok, disfrutas la vida, ¿pero se disfruta escribir?


“Sí se disfruta. Además, escribiendo te das cuenta de que has vivido”.


“Es una especie de inventario, de recuento. Te das cuenta que has hecho muchas cosas y que aún puedes hacer más”.


El inventario es una de las categorías centrales en su nueva novela, En silencio la lluvia (Alfaguara, $169) pues todas las partes que la componen tienen que ver con una etapa en la realización de un inventario: la descripción, el método y los resultados.


“Pero nosotros tenemos un poquito de prisa y no nos detenemos a hacer ese ejercicio”.


“¿Cómo reparar los daños que nos han hecho y que hemos hecho? Las relaciones humanas son complicadas. Uno aprende con los años que las cosas se superan y que el dolor por más terrible que sea finalmente cesa”.


“Se me ocurrió pensar qué pasaría si una pareja hiciera su propio inventario” y al concluir su relación o al salir de una vivienda compartida hicieran un corte para ver cómo se entregaban el uno al otro.


La autora cree que es recomendable en las relaciones, sobre todo las de pareja, hacer después de un determinado tiempo una reflexión, y esa es la metáfora del inventario: pensar qué está bien, qué está mal, qué y cómo corregir, si vale la pena mantenerla o ya no.


Se trata de una especie de repaso y evaluación sobre los sentimientos de los implicados. Un examen durísimo que para ser exitoso debe ser a prueba de egos. De lo contrario la reflexión devendrá engaño y el dolor se intensificará ante el fracaso del mutuo entendimiento. Esa intensificación hace que la vida, al menos en ese momento, sea asfixiante.


“Cuando nosotros tenemos un fracaso, del tipo que sea, amoroso, laboral, por lo general, salimos adelante, pero cuando las estás viviendo parece que son eternas y que no tienen solución, y por eso el sufrimiento”.


“Sería muy fácil decir ‘mira eso es cuestión de sufrir dos semanas’. Pero es más complejo”. Por eso la pregunta en la contraportada del libro: ¿Por qué nadie nos enseña a resucitar?


En ese sentido, al abordar en su novela el tema de las emociones habla de aquello que nos hace humanos: “los sentimientos no cambian, siempre que sentimos una pasión la sentimos de una manera idéntica”.


“En realidad En silencio, la lluvia es una búsqueda de los personajes. Mónica se encuentra a sí misma al entender la problemática o el pensamiento de las otras mujeres de la novela”.

“Es la historia de 3 personajes muy distintos: Mónica, una mexicana que va a estudiar a Bélgica un doctorado en Historia del Arte; Catharina de Lovaina, una beguina del siglo XVI que vive en un beguinaje, e Irene, una colombiana que trabaja en la Unión Europea, es mujer muy dinámica, maneja muchos idiomas”.


Mónica, la estudiante, comienza a vivir en lo que fue la casa de una beguina, Catharina de Lovaina, y al sentirse intrigada comienza a investigar sobre su vida.


Los beguinajes eran ciudades de mujeres, no exactamente conventos, que hay en todo el norte de Bélgica, originarias del siglo XII. Las beguinas vivían ahí sin hacer ningún tipo de voto, y por eso podían tener propiedades, trabajar, realizar actividades artísticas como pintar, tocar un instrumento o escribir, cuidar enfermos, educar a los niños.


En silencio, la lluvia es el inventario final de tres mujeres: cómo inician algo en la vida y cómo al final entregan un pasado y pueden verse a sí mismas. Es una reflexión que construye en el silencio.


6.10.08

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Enrique Rentería: "soy enormemente lesbiano"

En los ojos de los gatos, un acto de amor



Una vez terminada la conversación que sostuvimos con el escritor mexicano, Enrique Rentaría, arquitecto y guionista de cine (Todo el poder) y fanático de las mujeres, pues se dice enormemente lesbiano, sugiere a nuestra fotógrafa que publique la “mejorcita”. Todos sonreímos. El encuentro ha sido agradable. La literatura nos llevó por donde quiso.

¿Cómo tres mujeres de la misma familia y generaciones distintas, que en su juventud experimentaron cada quien a su manera sucesos tan traumáticos como la masacre del 2 de octubre de 1968 y el terremoto de 1985, pudieron finalmente sobrevivir?

Al cabo de leer unas cuantas páginas de En los ojos de los gatos (Tusquets, $199), de Enrique Rentaría, descubriremos el sentido que tiene el título, pues el autor hace un símil entre las mujeres y su capacidad de supervivencia con las siete vidas que se atribuye a los gatos.


“Esta novela es un acto de amor para las mujeres, soy enormemente lesbiano, prefiero a las mujeres que a los hombres. Los hombres no servimos para mucho”.


“Para mí lo femenino es eso, es esta sobrevivencia. Sobreviven al abandono, a la soledad, se cuidan, tienen a sus hijos.” Mientras que en esta novela, los hombres parecen fantasmas, son evasivos, abandonan, salvo pocas excepciones.


En un fragmento de la novela puede leerse: “Humanos y gatos son los únicos con placenta que conservan sus genes similares a los de la pareja primigenia de su especie”. Además, cada una de las protagonistas tiene un gato que forma parte de una misma ascendencia.


El autor narra la vida de tres mujeres que siendo muy jóvenes tienen experiencias directas en acontecimientos trágicos: Artemisa padece el 68; Casandra, su hija, se embaraza a los 15 años y da a luz a Eurídice en el sismo de 1985. Personajes que tienen la suficiente fortaleza para salir adelante, como los gatos que sobreviven a los sucesos más inverosímiles.


“Es una novela muy juvenil, está dedicada a los que eran jóvenes en el 68, en el 85, y los que son jóvenes ahorita. Ni la última de las protagonistas llega a los 30 años. Pues esa era la única manera en la que podía plasmar esa ciudad viva, no como un recuerdo.”


“Para mí era importante hacer un fresco de la vida de la ciudad en fechas que han transformado esta ciudad, como el 68 y el 85, y esta especie de ambigüedad actual en la que no sabemos qué está sucediendo”.


“Uno no elige estar en una masacre o en medio de un sismo. La vida te pone ahí y tú tienes que enfrentarte a eso y sobrevivirlo. Y estas mujeres lo sobreviven.” Y es muy duro que sean personajes inocentes pues sin querer padecen las consecuencias de eventos en los que no tenían la más mínima implicación.


Son también el símbolo de lo que los gobernantes en México ha querido producir por medio de “la censura que no es censura. Pero los niños les ganan, son más lúcidos que ellos. Hay una costumbre gubernamental para no dejarnos ver las cosas.”


“Puede ser que de alguna manera tengamos una educación y unos gobiernos que nos adormecen, que nos tienen aletargados para que todo nos pase como de noche.”


“¿Cuántos muertos hubo en el sismo? Ellos dicen que 6,000. Todo el mundo, sospecha que fueron más. Algunos que fuimos a sacar escombros del edificio Chihuahua veíamos que había al menos 6,000 muertos solo ahí. En ese sentido nos preguntamos ¿por qué no nos dicen la verdad? ¿No merezco saber la verdad de lo que pasó en el 68, lo que pasó en el sismo o de que en realidad ahorita no pueden con los narcos?”


Por eso se tendría que ir más allá del discurso ingenuo y sin matices. También en la novela guarda respeto a las ideas que son capaces de rendir fruto con el paso del tiempo.


El personaje “Artemisa va creciendo políticamente y llega a decir: ‘el PRI es una puta vieja, el PAN es una puta joven buscando esquina, y el PSUM es una puta inocente que aún no se ha dado cuenta de que quiere ser puta’.”


Lolita se me hizo muy importante porque encarna el anhelo de emancipación en pleno 68 y su ímpetu lo transmitirá a los demás personajes, sobre todo a Artemisa y Félix, quienes ven a su tía preferida, colgada, muerta. Por eso ella representa esta parte política en un amplio sentido. Curiosamente, en ese símbolo de libertad es también la que aleja a los hombres, sólo queda entre sus papales la huella de un amante: N.


“Ella aunque ya no está, va dando línea. Y al final prácticamente revive. Artemisa se da cuenta que las semillas que sembró en ella su tía crecieron en su hija y en su nieta. Así, las ideas de la gente que nos amó y ya no está, de los maestros, etc., germinan y florecen en nosotros.”


Como en V de Venganza, en la que el protagonista dice: “las ideas son a prueba de balas”.


“Las ideas siempre producen algo, sostienen las cosas. Pero también para que surja algo nuevo, hay cosas que se tiene que destruir.”


“La literatura hace que los demás vivan esa experiencia y en unas memorias, los demás visitan esos eventos. En la literatura tú lo vives, el escritor te lo pasa a ti.”


“Lo que pasa hoy (la violencia en México) es real, y eso es lo que deberíamos empezar a retratar.”


“Yo dudo que la literatura cambie alguna cosa. El compromiso del escritor se me hace algo muy mamón la verdad. Pero el escritor tiene que ocuparse de su material, y su único compromiso es con su literatura.”

1.10.08

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1968. Perdón, jamás olvido


Juventud y potencia


A 40 años de la matanza de Tlatelolco, las consignas de aquel movimiento estudiantil permanecen como germen de la acción y como memoria: ¡2 de octubre no se olvida! ¡Ni perdón ni olvido! Hemos escuchado año tras año los jóvenes que en aquel entonces ni siquiera estábamos en planes de nacer.


Y esta última frase es la que se quiere retomar para indagar en la reflexión. Si bien el perdón es una categoría moral y por tanto individual, podría parecer más indicado decir: Perdón pero jamás olvido, pues éste último no es sólo apto para quien presencia, sino también para quien hereda una historia, un lenguaje, una cultura, hasta una responsabilidad.


El que escribe no es un avezado en la reflexión filosófica, ni en el conocimiento completo y complejo del funcionamiento del mundo o de la historia. Mucho menos alguien que sepa realmente lo que ocurrió hace cuatro décadas de aquel amanecer sangriento en Tlatelolco.


Pero sí un joven, valga la precisión en estos renglones, que como muchos otros se rehúsa a olvidar y a abandonar el cuestionamiento de las “verdades” oficialmente construidas y aceptadas, alguien que por ser joven todavía se siente tocado, alertado y cacheteado por la valentía y la unidad de aquellos que soñaron con una realidad más justa.


Los sesentas fueron años de renovación y cambio, de apertura sin precedentes, de la más prolífica concatenación de utopías y deseos de liberación; hasta la Iglesia católica alentaba el derecho legítimo de los pueblos a defender su autonomía.


Años también en que México tenía (ya) un gobierno (no sólo un presidente, más bien un sistema) que sólo miraba hacia adentro y fingía, cuando se gestaba en el mundo los cimientos de lo que en nuestros días conocemos como globalización.


México simulaba ser un país moderno, pacifico, informado, plural. El sistema ya se había instalado con todos sus tentáculos para impedir que la sociedad comandada por su potencia, los jóvenes, se le saliera del guacal. La respuesta: ficción y represión.


Una respuesta que podría extenderse a toda Latinoamérica. Quizá hubo un aviso: el padre de la nueva utopía latinoamericana, Ernesto Guevara de la Serna, había sido asesinado en Bolivia justo un año antes, 1967. Las cosas hasta ahí, como diría el pavo, habían ido bien.


Fueron años en que si bien se suele exaltar que rolaba la yerba, una juventud y una generación, ojalá no la última, se desprendía, o buscaba hacerlo, de sus amarras premodernas y proclamaba la muerte de los convencionalismos, la necesidad de expresarse libremente, el rechazo a la mentira, y la instauración de una justicia real y extensiva.


Esa juventud, en México, fue de la noche a la mañana obligada a envejecer, y su gobierno sin conciencia de ello condenó al país a vivir en el espasmo, el error y la falta de ilusiones e imaginación. México cometió el peor crimen en su historia y lo hizo contra sí mismo, anulando su propio futuro.


Porque si bien he dicho que los jóvenes son la potencia no me refiero sólo a la fuerza, sino a la posibilidad de ser, a los ideales aún no nublados por las exigencias de la vida adulta en el mundo moderno. Y los jóvenes de aquella época eran lo más cercano a una sociedad democrática, justa, solidaria e inteligente, eran la posibilidad de ser para un país, el nuestro.


2 de octubre de 1968 es una fecha que no se debe olvidar pero que se puede atentar contra lo que significa si se la deja estática como un simple recuerdo o una fotografía.


Esa fecha debe mantenerse viva y lo hará mientras su símbolo siga comunicando: el tiempo en que la juventud era un proceso intensivo, en que la juventud aún creía y era capaz de aventurarse al camino pero con los ojos bien abiertos, una imagen que debe mover a la pregunta para pasar a la propuesta masticada desde las entrañas, sobre todo de los más jóvenes.


Por eso, podemos decir que México agoniza desde aquel día. El tiro de gracia se llama olvido, el antídoto, juventud.

27.9.08

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Café con leche

Pocas veces recordaba el momento y el día en que la conocí. Fue en un Vips. Yo estaba tomando un café con leche mientras intentaba pensar en alguna imagen, abstraer algún cuadro en mi mente y plasmarlo en papel, no sabía si como dibujo o como una serie de palabras. Ella salía del baño, parecía triste. Me dio esa impresión por la forma en que recogió su cabello al pasar frente a un espejo y continuar su camino con la mirada en el piso.

Tomó asiento. La señorita le sirvió un café capuchino. Pensé en qué hacer mientras resolvía el laberinto de un mantel para niños; lo resolví una y otra vez. Ella seguía allí, dueña de su porción cúbica rentada a este inmueble. Yo por mi parte, no dejé de atender ni un solo gesto, una sola mueca o indicación a la mesera que la atendía. Sólo estaba seguro de que la quería ver, quería detenerme en ella lo suficiente para no olvidar su rostro, para pegarla a mi memoria como si la conociera de años.

Esta era mi rutina de casi todos los días. Entrar en algún café cuando me atrapara la noche o la lluvia, en caso de que deseara huir de ella porque en ciertas ocasiones verdaderamente me encantaba dejarme mojar por el agua que caía del cielo, y no es que para mí sea una especie de purificación; al contrario, estoy consciente que es uno de los peores baños que puedan tomarse. Esta ciudad es de las más puercas del mundo, nada se salva, ninguno de sus habitantes y el cielo menos. El cielo en esta ciudad es lodo que se nutre del aire para hacerse un disfraz.

No obstante, esa fue una noche en la que solamente me atrapó el "destino", si es que tal cosa existe o sirve de algo pensar que existe, o tal vez sencillamente me dejé atrapar por él. Nada más, ni siquiera se trató de tener antojo de un café o por hambre. No había llovido ni acechaba lluvia. Simplemente “tuve” que entrar, “tenía” que entrar justo a este Vips, justo a esta hora, y sentarme en este lugar para poder verla de frente y reparar en su belleza, decidir seguirla hasta su casa, conocerla y hablarle en los siguientes días, y finalmente meterme al cabo de un par de semanas hasta lo más hondo del olor de sus sábanas como un huésped incómodo o un mosquito de media noche que sin duda te fastidia pero al mismo tiempo te hace sentir con vida.