Alejandro Flores

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8.11.08

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Bonifaz Nuño, 85 años


Poesía no es sólo lo escrito en verso

El poeta y traductor Rubén Bonifaz Nuño recibió el miércoles 5 de noviembre la Medalla de Oro de Bellas Artes, de manos de María Teresa Franco, titular del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), y mencionó que la recibía con sentimientos encontrados; por un lado, orgullo, por recibirla ante el rector de la UNAM, y humildad, porque sólo encuentra una razón: por desgracia, haber vivido mucho tiempo, 85 años.

Entre los asistentes se encontraban el rector de la UNAM, José Narro Robles, el poeta Alí Chumacero y el escritor Sealtiel Alatriste.

José Narro dijo que la UNAM se une al homenaje nacional que se rinde a Bonifaz Nuño, un auténtico académico con una vida ejemplar y una obra espléndida que enorgullece al país, en particular a la máxima casa de estudios.

Dentro del homenaje se presentó un video sobre la vida y obra del escritor, así como una entrevista en la cual el vate mencionaba que la poesía ha sido su único acto libre en la vida. Lamentó sus problemas con la vista porque la máquina mecánica "era para mí un pretexto de pensamiento".

Participaron en el homenaje los escritores Sandro Cohen, Marco Antonio Campos, Eduardo Lizalde y Juan Gelman con lecturas que parecían más bien autoelogios por conocer a Nuño que dedicatorias al homenajeado.

Por su parte, Bonifaz Nuño recitó un par de poemas de memoria. Fueron poemas de más de 50 años, algunos de los versos declamados fueron: "vale más sufrir que ser vencido" y "para los que están armados, escribo".

Uno de sus más cercanos colaboradores, el latinista, Bulmaro Reyes, nos mencionó que el legado más importante de Bonifaz Nuño es que él convierte todo en poesía: "si tu lees los inicios de sus traducciones del griego o latín vas a ver que se trata de poesía."

"Nada más que estamos acostumbrados a decir que es poesía lo que está escrito en verso."

"Hay un estudio que el maestro hizo al Museo Amparo, que empieza describiendo un 'pinche jarrito' y que él con su estudio escrito en prosa lo convierte en el universo, en la creación al analizar con todo detenimiento las características con un lenguaje poético".

Con un traje oscuro sobre un chaleco brocado y una leontina con una moneda de oro, el escritor abandonó el Museo Nacional de Arte (Munal) alrededor de las 21:45 hrs. a bordo de su vochito oscuro.

27.9.08

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Café con leche

Pocas veces recordaba el momento y el día en que la conocí. Fue en un Vips. Yo estaba tomando un café con leche mientras intentaba pensar en alguna imagen, abstraer algún cuadro en mi mente y plasmarlo en papel, no sabía si como dibujo o como una serie de palabras. Ella salía del baño, parecía triste. Me dio esa impresión por la forma en que recogió su cabello al pasar frente a un espejo y continuar su camino con la mirada en el piso.

Tomó asiento. La señorita le sirvió un café capuchino. Pensé en qué hacer mientras resolvía el laberinto de un mantel para niños; lo resolví una y otra vez. Ella seguía allí, dueña de su porción cúbica rentada a este inmueble. Yo por mi parte, no dejé de atender ni un solo gesto, una sola mueca o indicación a la mesera que la atendía. Sólo estaba seguro de que la quería ver, quería detenerme en ella lo suficiente para no olvidar su rostro, para pegarla a mi memoria como si la conociera de años.

Esta era mi rutina de casi todos los días. Entrar en algún café cuando me atrapara la noche o la lluvia, en caso de que deseara huir de ella porque en ciertas ocasiones verdaderamente me encantaba dejarme mojar por el agua que caía del cielo, y no es que para mí sea una especie de purificación; al contrario, estoy consciente que es uno de los peores baños que puedan tomarse. Esta ciudad es de las más puercas del mundo, nada se salva, ninguno de sus habitantes y el cielo menos. El cielo en esta ciudad es lodo que se nutre del aire para hacerse un disfraz.

No obstante, esa fue una noche en la que solamente me atrapó el "destino", si es que tal cosa existe o sirve de algo pensar que existe, o tal vez sencillamente me dejé atrapar por él. Nada más, ni siquiera se trató de tener antojo de un café o por hambre. No había llovido ni acechaba lluvia. Simplemente “tuve” que entrar, “tenía” que entrar justo a este Vips, justo a esta hora, y sentarme en este lugar para poder verla de frente y reparar en su belleza, decidir seguirla hasta su casa, conocerla y hablarle en los siguientes días, y finalmente meterme al cabo de un par de semanas hasta lo más hondo del olor de sus sábanas como un huésped incómodo o un mosquito de media noche que sin duda te fastidia pero al mismo tiempo te hace sentir con vida.

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Elle Macpherson, ¿prototipo?




El 11 de septiembre pasado asistí al Fashion Fest 2008, en donde desfiló la top model internacional Elle Macpherson. Apareció acompañada de una de mis canciones favoritas de Blonde Redhead, 23.



Macpherson caminó con un glamoroso vestido gris sobre una pasarela acrílica. ¿Eses el sueño de todo adolescente? Tal vez sí, aunque no podría afirmar que de todo hombre.


Si bien, la modelo encarna la perfección del prototipo de belleza occidental y es casi seguro que uno como varón puede poner una cara de idiota, afortunadamente no ví la mía, únicamente se trata de una ilusión o el resultado de un mecanismo y técnica sumamente sofisticada para el logro de la plastificación de lo natural: comida sintética, químicos de todo tipo para contener el paso del tiempo, maquillaje, tratamientos corporales, etc.

Macpherson encumbra el prototipo de la belleza femenina del siglo XXI para el mundo de Occidente: una mujer arriesgada, segura, emprendedora, que se ha esforzado en lucir perfecta y lo pregunta porque la soberbia es una cualidad de nuestros tiempos.

¿Cómo me veo?, el slogan del evento, es casi de risa, pero es también un juego morboso, un juego que tiene que ver con nosotros mismos, con nuestras propias obsesiones y nuestra condición humana, pues todos somos proclives a deternos frente a un espejo, una y otra y otra vez para atender cómo lucimos. Unos más que otros, sin duda.
La carpa instalada en el estacionamiento de Liverpool Santa Fé nos dio una probadita de ese mundo tras bambalinas, misterioso y provocador que es el mundo de la moda: colores, aparadores y espejos dispuestos como en un palacio de vanidades, dieron la bienvenida a los asistentes.

Los principales medios que cubrieron el evento coincidieron en que se trató de una pasarela de talla internacional, a la medida de las grandes “capitales” de la moda como París, Roma, Londres y Nueva York, un espectáculo de muy "buen gusto" visual y sonoro.
Por la pasarela desfilaron más de 60 modelos vistiendo las tendencias de la moda para la temporada Otoño-Invierno: colores cálidos entreverados con discretos fríos, accesorios de sutil encanto, despliegue de ingenio en el diseño y atinada sensualidad tanto en tacones altos como en vestidos y abrigos con formas, estilos y cortes largos y entallados.

Las modelos, como siempre, fueron el símbolo ambivalente, por un lado el deleite pleno y por otro la consabida ilusión: son reales pero no tanto, se pueden ver pero no tocar, son bellas pero su belleza tiene un costo altísimo, y lo que conocemos de ellas es una belleza que en poco implica lo que son.

Mujeres hermosas, cuerpos perfectos y vestidos de primer nivel. Todo en una noche de sensualidad en el diseño y en la actitud. Sensualidad que nos embriaga. Sensualidad canónica, superficial, efímera, de idiotas para idiotas.

24.9.08

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Carmen Boullosa: Literatura es interiorización, no evasión

Presenta La virgen y el violín






Carmen Boullosa habla con la seguridad de una poeta que recién ha bajado del Parnaso, dueña de una personalidad avasalladora que te devora o conmueve al primer descuido, una mujer para quien literatura y vida son una misma cosa, una escritora que no aspira a construir verdades: cuenta historias complejas que no son para evadirse de la realidad.


“Los escritores somos animales literarios. Así como necesitamos comer y respirar, yo necesito escribir, pues para mí la vida es eso: escribir y contar historias, pues es la única manera que yo conozco para entender lo que me rodea”.


Si bien uno no entiende nada, escribir novelas es una confesión que exige un acto de humildad muy grande por parte del escritor, pues finalmente no es “capaz de dar una repuesta clara a las grandes interrogantes de la vida”.


“Yo les voy a dar es esta historia y a través de ella ustedes se van a intrigar como yo me intrigué por la complejidad de este asunto, o del ser humano, o de la mujer, o del perro”. Pero el novelista no juega el papel del filósofo o el científico que construye verdades, el novelista es un surtidor de preguntas al por mayor, y también tiene los ojos puestos hacia adentro.


Boullosa obtuvo esta semana el prestigioso Premio Café Gijón por su novela El complot de los románticos, y el día de ayer platicamos con ella con motivo de la presentación de su novela La virgen y el violín (Siruela, 2007), una “novela galopante”.


Es una novela que “tiene un ritmo casi equino: de pronto corre, luego se detiene porque necesita tomar aire o agua”. Es una novela que “va galopando, corriendo y se detiene frente a una pintura que a su vez la vuelve a aventar”.


“Mis obsesiones están muy presentes en la novela, las relaciones intrafamiliares, las cosas que son difíciles de explicar, de atracción entre una persona y la otra, las obsesiones del cuerpo, la música, etc. Los animales literarios también estamos llenos de vicios”.


La protagonista de la novela es Sofonisba Anguissola, la primera pintora renacentista, nacida en 1532 en Lombardia (Cremona), cuna de los primeros stradivarius. Lo que a Boullosa intrigó de Anguissola fue su conquista de privacidad, derecho a la sensualidad y la expresión melancólica de su rostro.


“En la vida de Sofonisba Anguisola existen fragmentos de aventura. Pero no es precisamente la vida de un aventurero, un descubridor, un viajero, sino de una pintora que lo que hace es pasar muchas horas frente a un caballete precisamente pintando”.


La Europa que aparece en las pinturas de Sofonisba y en esta novela es una Europa en la que hay un enorme tránsito de gente por motivos comerciales, una Europa múltiple. Conviven el mundo de la pintura renacentista y el mundo de los artesanos de instrumentos musicales.


En “ese mundo es donde aparece la gente que viene de los lugares exóticos y que trae consigo el carey o la tecnología necesaria para hacer las cuerdas, el tipo de barniz, madera, y todos estos elementos físicos” que conformarán los violines más perfectos creados por el hombre.


El complot de los románticos, ganadora del Premio Café Gijón

El complot de los románticos es una novela hablada, que nos platica. Es una novela que empieza en nuestros días pero que también hace un cruce en el tiempo. La mayoría de los personajes ya están ya muertos: son habitantes del Parnaso, los escritores consagrados que encarnan una vez al año en la tierra para pasarla bien, y otorgar un premio literario”.


La ciudad de México es mi ciudad.

Aunque vivo en Nueva York. Me fui para allá en el 2001. Siempre estuve aquí, vengo cada rato. El miedo no es mi compañero.


Yo nací en una ciudad de México que ya no está. Lo que extraño ya no existe. La ciudad de México de mi vida, ya no está. Mi ciudad de infancia, una ciudad de México donde habitaban tres millones de habitantes, que era una ciudad muy vivible, donde había glorietas, puentes, los camellones estaban repletos de flores, era una ciudad bellísima, allá por fines de los cincuentas.


La ciudad cambió radicalmente con la creación de los ejes viales que partieron los barrios por la mitad, trazos que no respetaban el orden “natural” de la ciudad sino que cruzaban, dividiendo, un sólo barrio en dos.


La ciudad cuando ya quedó terminada, la ciudad ya era otra cosa. El coche tenía la prioridad. Ya no salías a hacer tus deberes en tu propio barrio. Necesitabas tomar el coche, ir a otro sitio, tomar el pesero, tomar el metro. Ya no era la ciudad a la medida del hombre, ya era otra cosa, la macrópolis, donde pequeñas islas se agrupan para hacer una ciudad del tamaño de la ciudad de México.


Recuerdo que Octavio paz era muy generoso con los jóvenes, le gustaba mucho conversar. Cuando yo comencé a vivir con Alejandro Aura no le gustó nada la idea y me dejó de hablar. Aura era del otro lado, qué hacía yo con él.


Pero bueno, luego me perdonó “mi pecado”. Para mí es una figura tutelar, no la principal, la principal fue Tomás Segovia.


A México lo veo mal. Pero también al mundo. Pero no entiendo. A partir de la caída del PRI y el fortalecimiento de las batallas campales del narco no entiendo bien lo que pasa en México.


El siglo XXI ha arrancado mal, pero tiene mucho por delante para componerse. La literatura es una forma de tratar de entender y de vivir con intensidad y plenitud, para los privilegiados que sabemos leer y escribir.


La literatura es crítica, homenaje a la realidad, es un surtidor de preguntas, de conciencia.


Yo creo que alguien que es un lector es alguien que sabe defender mejor sus propios derechos y los de quienes están cerca de él. Y quien sabe que cada vida humana es algo invaluable, creo honestamente que es la mejor manera de vivir, y que eso hace un mundo mejor.


Un escritor no puede serlo si no es un lector, porque al escribir entabla un diálogo perpetuo con los otros libros.


22.9.08

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La belleza del monstruo

Guadalupe Nettel comenta su libro de cuentos, Pétalos




Una soleada mañana de agosto, conversando en un café de la colonia Roma con la joven escritora mexicana Guadalupe Nettel, en torno de la belleza, la literatura y lo humano, le pregunto si existe la belleza en los personajes de su último libro: mujeres que se arrancan el cabello hasta casi quedar calvas; detectives que meten la cabeza en excusados de baños parisinos, hombres que se creen plantas o se la pasan haciendo ruido con sus dedos.

"Sí la hay, pero no en un sentido convencional, sino la belleza de lo monstruoso, lo ajeno y lo freak", contesta.

Pero ¿cómo puede ser bello el monstruo, el freak, el desconocido?

Eso es lo que la autora intenta desentrañar en su último libro, Pétalos (Tusquets), ganador del Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2007, al brindar al lector una mirada cercana a lo oscuro del ser humano.

Lo monstruoso no es lo feo, sino "algo único, irrepetible, y por eso a mí me parece hermoso. Porque el monstruo es natural, es como es y punto, no se está juzgando si es feo o es bonito. Entonces en ese no juzgarse y en ser natural es donde radica su belleza".

Por eso la escritora hace uso de personajes que se pueden considerar freaks, aunque para ella "no son más freaks que cualquiera de nosotros".

Aunque "es cierto que hay un momento de incomodidad cuando nos damos cuenta que también somos freaks" y pensamos en nuestras propias oscuridades.

Todos tenemos una "cara oculta pero esa cara en realidad no es deleznable ni vale la pena tenerle miedo u ocultarla pues es parte de nuestra personalidad", dice Nettel.

Su forma de escribir y aproximarse a las cosas, en este caso a la belleza, exige el valor de explorar en lo interno y profundo de sí, "es como buscar dentro de mí en el abismo insondable, mío, personal y después comunicarlo", y finalmente así, aceptarse en su complejidad, impermanencia y entereza.

"En su integridad. Así, cuando nos reconocemos enteramente cobramos una especie de resplandor", que no tenemos cuando preferimos ocultarnos y preferimos adoptar un modelo.

"No es esa belleza convencional como la que se enseñan los anuncios de la tele o las revistas de moda, sino una belleza que tiene que ver más con el carisma, cuando el ser humano se asume íntegramente con todos los aspectos de su personalidad".

Como en "Bonsái" –explica Nettel sobre uno de los cuentos de Pétalos-, el personaje cree que encuentra su propia naturaleza y dice que no quiere ser un bonsái sino un árbol espacioso y termina identificándose con un cactus.

"Uno puede condicionarse -explica- por lo que cree que es y también eso uno trata de ocultarlo todo el tiempo", lo cual también puede conducirlo a aferrarse a una personalidad que en realidad no posee.

"Este personaje descubre quién es y entonces deja de fingir no ser cactus, pero yendo más allá tampoco es cactus", porque nadie "es" "así".

Y eso es curioso -le comentor- porque una forma de decir quiénes somos es a través de metáforas como huellas, indicios, pétalos. Pues no tenemos una identidad sólida ni permanente.

Sin embargo nos obstinamos en "que nadie más sepa que yo soy así y así y así. Que nadie más sepa que yo no soy tan sociable, que no me gusta bailar, que no me gusta sonreírle a la gente.
Por eso, yo quería que el título fuera un contraste, Pétalos, pues es una palabra muy fresca, casi ingenua, natural", pero a la vez representa otra cosa.

"Mis personajes están en un momento de transición en el que se van dando cuenta de que en realidad no vale la pena estar ocultando tanto aquello que los avergüenza".

"Pienso en el cuento ‘Boezar’, cuyo protagonista es una modelo que se arranca el cabello y durante toda su vida ha simulado ser otra persona, ocultando parte de su personalidad y de repente conoce a alguien que se le parece y que se enamora de ella por este aspecto que siempre había querido ocultar."

Guadalupe Nettel, a través de Pétalos y otras historias incómodas, un magnífico libro de cuentos, nos comparte el resultado de su indagación sobre la belleza, en tiempos en los que resultado de la aceleración del tiempo, el ansia de novedad y la atenuación de las emociones en incremento de la euforia, el diseño, la moda, la seducción y los estereotipos de belleza se han elevado a categoría de valor para el mercado y la sociedad de consumo.

4.9.08

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Autopista




Blanca llegó al Starbucks en el que la esperaba Horacio. El pidió un te chai latte frío con un shot extra de café. Ella, un capuchino frío con crema irlandesa. Tras recibir sus bebidas prefirieron caminar.


Era la mañana fría de un sábado en agosto, uno de esos días en que los niños salen en bola para vacunarse con risas de la enfermedad implantada en la propia lengua de sus padres.


Horacio y Blanca se dirigieron a la avenida Álvaro Obregón caminando por Nuevo León.
Unas cuadras antes de llegar a la avenida, afuera de un pequeño Café, vieron a un par de niños que dibujaban una autopista sobre la acera. En un extremo del dibujo se podía identificar algo parecido a un arrecife de corales, en el que las olas del mar golpeaban con fuerza para alcanzar a salpicar los cochecitos dispuestos sobre la banqueta. En el centro, un castillo y su torre, más grande que éste, y dentro de la torre, una princesa con vestido de seda lila que la hacía ver transparente.


El dibujo lo completaban unas jardineras a lo largo de todo el circuito, un dragón verde con panza amarilla y un aeroplano en cuyo interior viajaba un luchador enmascarado en pos en rescatar a su princesa.

27.8.08

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La hermana falsa, de David Miklos

"Soy un escritor concreto"




David Miklos, escritor mexicano de 38 años, se describe como un escritor concreto, que quita la “paja” a la manera de Alessandro Baricco y su idea del Bonsái narrativo, es decir, podando el texto.

En entrevista, el autor habla sobre La hermana falsa (Tusquets), su más reciente novela, en la que aborda el tema de los orígenes y de los encuentros de gente que produce más gente, eventos que pese a ser parte de nuestra propia historia muchas veces desconocemos; de las distintas repercusiones de la guerra, además de la importancia de la mujer como cuna y fuente de vida.

“Yo diría que hago una narrativa muy concreta, muy libre de paja y por lo mismo recurro mucho al ritmo”, dice Miklos.

Esta novela parte de una idea musical, la partita, sin ser una partita. Una idea musical que tiñe la composición y lenguaje de la obra por momentos poética.

La musicalidad de la novela se encuentra en las pausas, el ritmo, la agilidad del texto pero también en las síncopas y silencios.

“Es una narrativa que depende sobre todo de lo que no se dice más de lo que se dice”, continúa el autor.

El origen, el desplazamiento, el exilio, la creación de esos lugares que son ninguna parte, ciertamente la muerte como eje; el mar como una fuerza creadora-destructora y que nos rebasa y que sería una especie de personaje omnisciente, omnipresente y ubicuo, y la procreación, son la materia de la que se sirve para construir su narrativa.

La hermana falsa es una narrativa sobre el origen, seminal, sobre la creación de genealogías, de esos encuentros que tiene la gente y que producen más gente. “Es una novela que trata sobre las pulsiones más básicas”, explica.

“La escribí con mucho trabajo encima, con una relación de pareja bastante buena, pero compleja. No es autobiográfica. Sólo en el sentido de que soy fruto de varios exilios”.

Ciertas referencias al mar y a los ambientes en la novela nos hacen recordar la atmósfera de El Astillero, de Juan Carlos Onetti, y a Claudio Magris con A ciegas.

“Hay una influencia total de Magris, porque fue en Trieste cuando descubrí qué quería y cómo quería narrar, después de muchísimos años de escribir, después de pasar por el Danubio, de Magris. Los puertos que describo le deben mucho a Trieste; el ánimo de los personajes es triestino, melancólico”.

Por otro lado, “todos los puertos tienen una especie de hermandad, sobre todo puertos como dejados de la mano de Dios como Montevideo o cierta parte de Veracruz”.

Entonces el puerto parecería una especie de punto de encuentro o estación intermedia quizá en la búsqueda de tus personajes.

“Estos personajes desplazados están en un viaje, después de una especie de guerra -guerras más bien internas aunque como que no tienen muy claro a dónde regresar, están sueltos en el mundo”.

Se podría decir que en ese estar sueltos en el mundo se ven afectados por una serie de causas y casualidades.

“En el caso de esta novela, los encuentros de los personajes son aparentemente azarosos, pero el fruto de esos encuentros siempre es el mismo: gente que genera más gente”.

Así, La hermana falsa aborda el tema de los orígenes que desconocemos, de los eventos fortuitos que tendrán consecuencias inesperadas.

“El lector encontrará dos personajes que encaran una guerra de manera distinta y las dificultades que esto tiene en su devenir.”.

“Son las repercusiones que la guerra tiene sobre un clan”.

Entonces, ¿quién es La hermana falsa?

La respuesta a eso va por la idea de que existe “un vínculo no genealógico entre los protagonistas femeninos”.

Se trata de una novela ligera con un enredo intrigante, pues “hay una especie de rompecabezas de los personajes”. Hay que descubrir “quien viene de quién”. La hermana falsa invita al lector a descubrir el origen de unos personajes evanescentes, con un lenguaje ligero que agiliza la lectura haciendo de ella una experiencia gozosa de principio a fin.

La hermana falsa cierra una trilogía compuesta por La piel muerta y La gente extraña, tres novelas que forman parte de un proyecto originalmente pensado como una novela por entregas.



14.7.08

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Océanos

Sólo de esta forma logro acercarme a ti. Escribo con los ojos cerrados como si tuviera mi frente sobre la tuya. Escucha ese pequeño silbo que nos une. Querido mío. Tú que vienes del planeta inventado por los marinos. Lleva estas flores al ombligo del sueño. Dile que espere mientras acaba de leer aquél libro que le regalé hace novecientos instantes. Borra esto. Estoy respirando mientras siento cómo vibras. Empiezo a escribir una carta. Escribir para alcanzar la hilera de recuerdos, el mínimo de tu voz que canta. Tú que cierras los ojos. Que meces tu frágil y tibio cuerpo cuando te acuestas sobre la cama. Que cubres tu rostro con la sábana. Que enseñas la espalda desnuda mientras en la pared agrietada pasan figuras proyectadas de antaño y te hacen cosquillas. Dos muchachos que bailan con una joven de sombrero. En esa época en que todos eran hechos a blanco y negro. Una suave y silenciosa canción en inglés detenida en una lacia japonesa que da saltitos. Un poema que cubre toda la pared de tu cabeza hasta los sueños de los anacoretas disfrazados de poesía. Y lees en voz alta tu diario escrito por un señor que fuma y que fue tan joven como tú y que regresa cada noche a platicar contigo, mientras le cuentas que es verdad que la gente se conoce en los lugares más inverosímiles. Y que no es eso lo que lo vuelve tan auténtico, como el recuento a instante de aquel día. Y él con sus ojos ratoniles te mira sentado. Fuma y ríe cuando le aseguras que no hay misterio en el poema aquél de Cesárea Tinajero. ¿Por qué habría de significar algo que ya se ha dicho? O mejor aún algo que no tiene respuesta? Más que la mera atención en aquello de lo que se quiere concluir algo. El ríe y te cuenta de los solitarios que cantan en los autobuses olvidados. Subes con él a la azotea y se lanzan al camellón de palmeras gastadas. Te habla de C. que no Tinajero. Te lleva al café que tú conocías hace años. Cuando caminabas por Bucareli con una muchacha que te hablaba de poemas y películas sentimentales. Y te platicaba de C. que escribe a lobos y lame heridas sin vestirse de sombras como Pizarnik o Plath, mujeres de dolores verticales que se clavan los huesos en los pulmones. Y se enlaman con hojas secas. Y sueñan protegidas en su descanso provocado a fin de verse verticales eternamente. Vuelves el camino con él. Vuelves a la habitación que no ha sido la de siempre. Y el hombre se escapa por el resquicio. Es tarde. La mujer que escribe, recuerda. Ella mira ahora que duermes en el desierto y amaneces en el bosque de sándalo. Ahora que terminas tu novela. Donde al fin dices qué hay detrás de la ventana. Ahora que sabes que nadie revolucionará la poesía. Has encontrado la manera de dormir con los ojos abiertos. Y el hombre regresa y te habla de estrellas distantes. Te dice que C. ha muerto. Que aún no la encuentra por ningún vagón submarino. Que iniciará una búsqueda. Y tú serás su guía. La ciudad ha cambiado tanto. Ahora cae nieve los domingos. Y las jacarandas duran todo el año. Las calles se llenan de rubias y curanderos y se pasean aún por la alameda, después de comprar un café latte de Mr. SB. Ahora pueden tomar un caballo y pasear por la colonia Roma. Entrar al edificio de las brujas y recordar aquél día del desfile del amor. Donde cada uno se disfrazó de su propio mito. Él pregunta por el tuyo. Y tus ojos se cierran. Te hallas en la habitación. Miras tu vientre pálido, suave y recuerdas las manos de Ella. Estrella distante. Y como en la novela. Viajas al interior de una nube. Y miras tu cuerpo. El mismo que baila cuando germina el alba. Cuando se oscurecen tus ojos y recuerdas a aquella mujer que escribe y te piensa en silencio. Mientras el sueño persiste. Mientras te abras en flor y regreses al océano que llenas de gozo con tu existencia. Así ha sido, así es. Así es.

Ella

11.5.08

1

Para D L

5. Diane
4. Love
3. Yes
2. AF
1. ?

2+2=5

29.4.08

1

¿Recuerdas las nubes?

Satín lame su patita derecha, y la pasa por detrás de la oreja izquierda. Se baña. Ella quiere verse linda para su joven gato enamorado. Brincos que tienen como cómplice y telón de fondo en esta noche amorosa una luna radiante que destila placer y gozo. Hoy es su cumpleaños. Hoy es un día especial.
Nubes de melancolía amenazan el fulgor intenso del dorado aleteo de sus párpados. La nitidez impregna el cielo. Las huellas se trenzan con el jugo de los árboles, con su néctar luminoso que brota en espigas de color ambarino. Ha llegado Rojillo, el de los ojos tiernos. Satín brinca desde la otra rama para darle una sorpresa.
―Joven gatuno, ha tardado usted demasiado.
―La espera nunca será suficiente, amada mía.
―¿Qué quieres decir con eso?
―Que no importa el tiempo. Estoy aquí. Quería verte hoy que es un día especial. Quería saber que estás bien. Me tengo que ir.
―¿Te vuelves a ir?
―Sí, para dejarnos ir, para dejarnos ser y existir.
―¡Eres tan complicado!
―Para nada. Nada tan sencillo como amarte, quererte y venir a decirte mi motivo y mi verdad, sí, pues así como hoy he vuelto a encontrarte, pasarán lunas, eclipses, se formarán estrellas y habitaremos nuevas galaxias para que volvamos a amarnos con nuevos nombres, con nuevos cuerpos.
―¿Por qué dices esas cosas?
―Porque mañana será demasiado tarde. Mis palabras ya no causarán el mismo efecto. Ya no pensarás en mí y si lo haces mi recuerdo dejará de hinchar tu corazón. Tal vez en algún otro momento, en alguna otra vida.
―Ahora. Yo te quiero ahora.
―Conocernos ha sido maravilloso. Pero será diferente. No sé si mejor pero diferente.
―No se me ocurre otra forma más bella de conocerte que el primer día en que escapamos de aquel perro que quería tragarnos, cuando me dijiste que ya no querías cazar ratones porque les haces daño y cuando nos revolcamos horas persiguiendo a una enorme bola de estambre.
―¡Apuesto a que habrá mil formas más de enamorarme de ti!
―¡Gato!
―¡Te traje un regalo!
―¿Qué? ¿Qué es?
―Es un…
Satín no supo qué hacer, se sintió rara, no sabía realmente si se sentía mal o sólo experimentaba una extraña sensación. El gato rojo se acercó y le ofreció un collar del cual pendía un anillo azul en cuyo centro palpitaba lo que en su mundo llaman Púrpura Mate, la materia que genera las descargas energéticas necesarias para el tránsito de la vida de un cuerpo a otro. Rojillo dijo ―¡Esto soy yo! Debo irme, con él podré reconocerte. Nunca lo abandones.
―Es un corazón ―dijo ella. Rojillo tomó el collar y lo colocó en el níveo cuello de Satín. Acercó su trompa y olfateó detrás de las orejas de su amada. Cerró los ojos. Satín no sintió el collar. No puede tocarlo. Lo puede ver, pero no lo puede sentir. La figura es traslúcida. Rojillo vio la sorpresa en los ojos de la niña y le dijo ―La forma es vacío. El vacío es forma. ―A Satín no le pareció claro lo que él dijo pero no hizo más preguntas. Ella no suele hacer preguntas. Lo miró fijamente. No lloró aunque sintió como si lo hiciera. Exactamente lo mismo pero sin lágrimas. Sintió la nostalgia recorriendo su cuerpo, su piel, hasta desgarrarla por dentro, pero lo único que mostró su rostro fue una sonrisa atónita y clara, sincera y tranquila, resignada y valiente.
―Ahora me voy. Tengo una misión pendiente en mi galaxia. Los gatos ancianos ya no quieren vivir, no creen ser necesarios. La tristeza los ha abatido. Los jóvenes de mi edad debemos... ―No sigas ―Lo interrumpió ―Yo creo en ti y estaré contigo. ―Por fin, su voz se cortó, un ligero temblor recorrió sus patitas y lo que parecía ser una lágrima se convirtió en diamante al ser tocada por el viento. Ella no tenía palabras. No sabía qué más decir. Se preguntaba si valía la pena. Y finalmente dijo: ―¿Cómo podré reconocerte? ―Él respondió ―Tan sólo mira bien mis ojos y grábalos en tu corazón. Yo sentiré tu latido. Tú me verás por dentro, reconocerás mi alma. Así será. Me despido, amor, por ahora. Quédate con este beso, estas palabras y este calor. ―Rojillo se preparó para dejar el árbol de Satín. Antes de que saltara, ella alcanzó a hacerle una última pregunta:
―¿Pero cuando? ¿Cómo saber que es el momento?
―Tranquila, lo sabrás.
―¿Y si nos equivocamos?
―Somos partículas de un universo inmensurable. Tenemos frente a nosotros una inmensidad de posibilidades para volver a encontrarnos.
―Dame una pista, una señal.
―Será cuando tú y yo seamos humanos. ―Dijo, sonrió y desapareció entre las nubes.

27.4.08

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A LA CLAIRE FONTAINE, dulce diane, sweetest pain

He aquí la tersa continuidad de la magia, en la fortaleza anegada de un sentimiento: compatirte una lágrima y una flor en este claro y fértil mar de recuerdos. Sé que tú también lo sientes. Siento que también lo sabes.

26.4.08

1

A un gato trapecista

¿Qué te digo? Que se me desgarra el alma. Algo así. Algo por el estilo. ¿Qué te cuento? Que se me vacía la mente, que la viscosidad de mis deseos no me permite pensar claramente ni bajo la penumbra de mis más recónditas pasiones. Nubes y naderías. Silencios y síncopas vacías. Clandestinidad inconforme ante la inapetencia del momento, ante la falta de respuestas, ante la ausencia de palabras. Pienso y escribo. Escribo y siento. Te cuento que no he hecho otra cosa que pensar en ti todo este tiempo en el que he pretendido hacer lo que debo hacer, que entiendo es hacer todo lo que se supone es correcto y que consiste en cumplir mis responsabilidades, no obstante, creo que todo lo que tengo que hacer es recordarte, ya que es preferible en casos como el mío optar por la honestidad, sobre todo si siento que resbala por mi piel como babosa incesante y rabiosa, pensamientos y recuerdos que son enjambres pérfidos y asquerosos de una incipiente levedad densa como la terrible culpa. Me pesa la cabeza y mis manos sangran color uva. Tus labios carcomen mis ojos por dentro cuando recuerdo el estertor de tu gemido lánguido en la niebla de lo efímero. Grita por favor amor mío y dime por qué esa película que vimos separados y en tiempos distintos pero que en el fondo sabemos que vimos juntos es tan significativa en estas horas de abandono y muerte idiota. Por qué no vienes conmigo para que partamos rumbo a la tierra en la que infinitamente nos encontraremos con rostros semejantes diferentes y plenos. Dime cuándo las azucenas darán a luz pequeñas ninfas ambarinas de esas que moran únicamente en la tierra pura del Gulag catártico número 5, en el que la feliz tristeza es reina, y de la melancolía surge el entusiasmo. Dime cuándo inundarás de nuevo mi habitación con tu licor hirviente, ese licor que me embriaga y que a ti te pone en trance, un trance desesperado, loco, de éxtasis, un vórtex hacia una dimensión desconocida, a la que nos aproximamos de espaldas pero sin perder de vista el camino que hemos recorrido. Dime por qué demonios estoy pensando en ti cuando ya te has ido más de una vez y finalmente vuelves. ¿Mi tristeza tiene algún sentido, alguna razón? ¿Hay alguna explicación? ¿Sería bueno que intentara controlar lo que siento y que se desborda ardiente como lava y fuego? ¿Debo esperarte otra vez? ¿O simplemente dejo que mi emoción palpite a todo motor yendo más rápido que mis ideas? ¿O me dejo aniquilar por esta nueva incertidumbre, esta nueva derrota? ¿Se trata de una derrota o es algo peor, un fracaso? Mira. Tus ojos son de una carmesí violento en estas horas de inefable estruendo, de un silencio insoportable y capaz de llenar mi habitación nublosa por unas lágrimas que no brotan, sino simplemente me escurren por dentro, en las paredes internas de mi piel, en mi columna vertebral, hasta que en mis entrañas se revuelven como ácido que me digiero para después vomitar. Para purgarme como lo hacen los gatos. Para purgarnos como lo hacemos siempre. ¿Recuerdas cuando fuimos gatos? Aquella vez que te trepaste en mi lomo para alcanzar la manzana de Adán colgada en el primer árbol no de la ciencia sino del crimen cometido contra nuestra aparente existencia, el crimen sobre aquello que es y que quién sabe qué es pero que según nosotros se parece a aquello que nos obstinamos en nombrar, en someter a conceptos que coagulan en nuestra conciencia causándonos cicatrices imborrables o incurables porque parecen reales siendo a la vez imaginarias y porque se impregnan en nuestro cerebro impidiéndonos dilucidar el abismo, la maravilla y el asombro. Aquella vez que observé la dulzura de tus ojos y te dije: Soy yo. Grábatelo bien. Y sonreíste saltando al siguiente árbol que flotaba en una nube galáctica de la cual brotaba leche espasmódica como un canto de sirenas. Esa noche en que mamamos como humanos neófitos como lactantes de pecho hasta que el sueño apareció y nos cubrió con su mítico y cálido v(u)elo. ¿Recuerdas amor o acaso me has borrado para siempre? ¿Es preciso que te cuente? ¿Es preciso que me estire completamente para alcanzarte y salvar esta acrobacia? ¿Recuerdas? Somos trapecistas y nuestro acto dura una noche que es todas las noches y un salto tan intenso y hondo como el vacío y la asfixia que se sienten en la garganta ante el vértigo. Creeme que hago un esfuerzo. Estoy tensando todos mis músculos; los aprieto y estiro. Le pido a mi corazón, el motorcito rojo, que no se detenga, que no se deje, que sea valiente en esta hora de intermitencias. Un relojito que no marca el tiempo. Este pequeño pero vital músculo que hoy está cansado y quisiera dormir entre tus manos sintiendo tu calor y tus dedos acariciándolo a su ritmo para que él pueda seguir soñando y colmar su vacío, para saciar su más noble deseo y, finalmente, para lo que es más importante: VIVIR que es seguir amándote, pues como dicen aquellos que tienen y viven con el corazón en la piel, en los labios y en las encías: No hay tal cosa que pueda ser digna de llamarse VIDA si ésta no contiene una alta dosis de gravedad y de sublime amor. Amor como tú y yo en estas horas de fuego y de cadáveres color violeta. Amor que late, amor que vibra, amor que desquicia por nuestra pertinaz cobardía, por nuestra incapacidad para hacer de las cenizas fuego y de éste, espanto para los demonios y fuerza para nuestros sueños. Amor que eres tú y que soy yo en este instante etéreo, en estos blancos y negros, en esta engañosa claridad de mezclar rojo con azul y azul con verde, de mezclar el deseo en la lengua con la vida en los dientes. Desde aquí te muerdo para dejarte herida, te mato para darte vida y te amo, te amo, te amo, porque sí, porque mi vida se hornea en tu boca, es tu saliva, fluye en tu sangre y galopa intempestivamente en tu humedad oscura, habla y encanta en tu angelical bravura y se condensa irremediablemente en tu insoportable, fatal e irresistible, ternura.

21.12.07

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Videotape

When i'm at the pearly gates. This'll be on my videotape. My videotape // Mephistopheles is just beneath. And he's reaching up to grab me // This is one for the good days. And i have it all here. In red, blue, green. In red, blue, green // You are my center when I spin away. Out of control on videotape // This is my way of saying goodbye. Because i can't do it face to face. I'm talking to you. Before... // No matter what happens now. I shouldn't be afraid. Because i know today has been the most perfect day i've ever seen.

6.12.07

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Mariposas en el estómago

Te amo porque me has dado tanto desde el momento en que apareciste. Porque contigo la dimensión espacio-temporal se demostró como es: imperfecta, irreal, inexistente, meramente conceptual. Te amo porque sonríes y eres capaz de ser sensible a mi dolor, a mi llanto, a mi necesidad, a mi necedad. Te amo porque cantas. Te amo porque bailas y eres capaz de seducirme de una forma tan dulce y salvaje. Te amo porque te he amado y te amenazo con decirte que lo seguiré haciendo, porque no existe a base de condicionamientos, no te amo si tú me amas, te amo porque existes, porque apareciste y nos encontramos. Te amo cuando los árboles abren sus brazos para acariciar y atrapar el viento. Te amo cuando el viento pone a girar al planeta al soplar en los brazos de los árboles. Te amo porque tengo necesidad de hacerlo, porque quiero hacerlo, porque no hacerlo sería un engaño, sería no estar viviendo. Te amo porque no me importa la espera, porque me rejuveneces, porque me devuelves la inocencia, y porque de lo contrario seria un anciano prematuro, sin motivación. Te amo porque eres un hermoso motivo. Y como decía Nietzsche: “aquel que tiene un motivo, un qué, siempre encuentra el cómo”. ¿Cómo amarte? De la forma en que me lo pidas. De todas las formas posibles. Grábatelo: Mi amor por ti llega más lejos que Argentina, no entiende la idea de tiempo ni el concepto muerte.
guelek.gyatso

16.8.07

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Domingo 8 de julio de 2007, 10:12 p.m.

Domingo 8 de julio de 2007, 10:12 p.m.

Te busco en las enredaderas de los árboles, cuando el viento fresco limpia mis lágrimas en un caminar repleto de seres que se machucan como hormigas. Nada es más bello que contemplar la caída de tu cabello como cascada infinita. Te busco en ese hombre que viene de frente y me reta con la indiferencia de su mirada. Te he buscado por debajo del pasto, en las plazas de mercado, en la ambición, la pedantería, la opulencia y el clima de superficialidad que entra por mi nariz y me desangra, que tragan mis poros para vomitar los restos de humildad que ya no merezco. Te busco como un gato que se posa en la cabeza de todos los gigantes para observar un horizonte maravilloso. Te amo en las paredes y en la cocina. Cuando la luna grita y los niños convierten el silencio en melodía. Te busqué esta mañana mientras plantaba flores que nunca abrirán y enterraba pájaros que volverán a trinar al amanecer. Caminé por una calle que es todas las calles recordando tu olor que impregna todo lo que me rodea. Estuve aquí en todas las ciudades y en todos los lugares que existen. He visto todo y nada me falta por ver. Vi una anciana contemplando el silencio de sus últimos días que pese a la rutina y la desesperanza siguen siendo una incertidumbre. Una anciana que me miró como un niño curioso. Un cuarto que da a la calle. Una anciana en una silla de ruedas que ansía su final con ternura, sorpresa y dolor en el rostro. La anciana y una casa que está en todas partes, donde importa y donde no es necesaria. Tan innecesaria como todos los que corremos compulsivamente hacia nuestra desaparición y olvido. Una anciana que me dio una gran lección sin decir palabra alguna y que encontré apenas unos 300 metros fuera de mi casa, donde me espera una cama que permanecerá tan vacía como mi cuerpo. Una anciana en un cuarto que da a la calle que espera conocer tus ojos para desaparecer de este planeta. Una anciana que vive en un cuarto que da la calle con un gato, un catre, una tele y un refrigerador, una puerta corrediza que cierra hacia abajo y se pliega y repliega sobre sí misma. Una anciana que me vio tres segundos para hablarme del sonido de los pájaros, del color de las flores, del sabor de las frutas, del silencio de la vida, del amor sin palabras y a kilómetros de distancia que arde en el corazón y fulmina con un recuerdo. Cerré los ojos y estabas a su lado diciéndole: “ese es Ale y me ama”.