Alejandro Flores

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8.12.08

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México estúpido y violento


La violencia de nuestros días es una violencia vacía, sin sentido, alimentada por un Estado de montaje maniqueo y por una lógica del deseo exacerbado y ligereza de pensamiento.


Este fenómeno lo registran innumerables obras narrativas que retratan sociedades violentas y degradadas como la nuestra, el México de los miles de ejecutados que se contabilizan como en película de acción; la cifra oficial del año, más de 4,000 y casi 800 en octubre, parecería tomada de Hot shots!, la dominguera parodia hollywoodense protagonizada por Charlien Sheen a inicios de los 90.


Pero más allá de parodias, los sicarios, dealers, delincuentes, jóvenes de carne y hueso, no las caricaturas diseñadas por el poder político en sus millonarios spots televisivos, son resultado de la degradación social de países como el nuestro, sociedades que lo único que garantiza a estas personas, en su mayoría jóvenes, adolescentes e incluso niños, es maltrato, desprecio, sufrimiento y frustración.


Recientemente, el escritor mexicano Sergio González Rodríguez, publicó la novela El vuelo (Mondadori, 2008), en la que Rafael Asunción Vizcaya, personaje principal, es un joven que azarosamente se ve inmerso en el negocio del tráfico de drogas y poco a poco será rebasado de forma inconsciente por las prácticas al interior del mundo del hampa. No es del todo un hombre sin problemas ni meramente adaptable a las condiciones porque mantiene cierta reflexión, lo que lo hace conservar una parte importante de su dimensión “humana”.


Esta novela representa la interiorización individual de un drama social, y de una crisis global, hoy fuera de control. El drama de un individuo en específico que refleja la génesis de un problema mayor: una crisis cultural, una crisis de la civilización.


“En México se ha creado una narrativa en los últimos 15 años que describe episodios muy significativos de violencia; ha habido una explotación muy intensa del tema. Pero la mayoría responde a una inmediatez o a un registro meramente lingüístico. Pero yo creo que hay un drama profundo de la sociedad y de la cultura, de por medio”, dice Sergio González Rodríguez.


“Estamos llegando a una situación que la mayoría de la gente no quería observar pero que se veía venir. El índice de impunidad de los delitos en México es tan alto (99%) que ya no podemos presumir que vivimos en un Estado de Derecho o en una democracia, sino en una sociedad tremendamente corroída en sus instituciones políticas por la corrupción del narcotráfico”, agrega el escritor. La corrupción como norma de conducta en una sociedad que ha perdido todo sentido, toda lógica y toda posibilidad de entendimiento y solidaridad.


Sabemos que los sicarios son la base de la arquitectura piramidal del sistema de libre mercado pero no entran en la lista de los beneficiados por éste; por lo tanto no les queda de otra más que recurrir a la violencia física para sobrevivir y a la ilegalidad para obtener la movilidad social tan anhelada, sin importar el alto riesgo que corran.


Dentro de un mundo en el que la cultura del espectáculo, la seducción y el hedonismo son inevitables y el hambre aprieta, los sicarios se venden al mejor postor. Por eso, suscriben un nuevo pacto fáustico ante la inoperancia del contrato social enunciado por Juan Jacobo Rousseau, un pacto derivado del nuevo paradigma económico de libre competencia.


Dice Frederic Jameson, en su Lógica cultural del capitalismo tardío, que en los años 60 ocurrió una alteración al interior del capitalismo clásico que dio origen a una nueva lógica cultural, potencializada asimismo por dos fenómenos: por un lado, la conciencia sobre los límites de la explotación de la naturaleza y, por otro, la Revolución Tecnológica e Informática que provocó la aceleración del tiempo y la reducción de la duración en todos los ámbitos de la experiencia humana.


El fenómeno de la velocidad tan valorado en nuestros días ha tenido consecuencias enormes en nuestra forma de hacer civilización, de ser humanos, de entablar relaciones, de tener sueños, metas y aspiraciones. Como ejemplo pensemos en que para nuestros padres y abuelos, la duración y el compromiso eran valores, mientras que para los jóvenes, y sobre todo para quienes ahora son niños, las cosas no duran, el compromiso no existe.


Hoy se piensa que es mucho mejor mientras más nuevas sean nuestras relaciones, nuestros objetos, nuestras naderías, porque los objetos caducan pronto, es decir, no tenemos tiempo de sentir afecto por nada, dado que tal cosa toma tiempo. La lógica dice que pasemos a lo que sigue sin reflexión alguna, por lo que cultivamos en nuestras vidas, a cada momento y de manera reiterada e inconsciente, la indiferencia.


Por eso, nos vemos extraviados en patrones que nos resultan reprobables pero que a la vez nos resultan irrenunciables, como una obsesión parecida a la neurosis por lo superficial, la pérdida de las dimensiones de rigor intelectual y la muerte del pensamiento, además de un nuevo subsuelo emocional que promueve el culto por lo efímero y por la euforia, fenómenos adyacentes al consumo.


Ahí se inscribe el nuevo pacto, el pacto de los sicarios y traficantes del narco, quienes han dejado de pensar en el futuro para tratar de vivir en un ahora, un presente, peligroso pero en el que son amos y señores.


Y por eso surge una violencia “vacía”, propia de una realidad que parece haber rebasado la ficción y generada por un nuevo tipo de ser humano, del que dan cuenta la literatura y la narrativa de nuestros días, en los espacios relación y conciencias de personajes como Alexis o Wilmar de La virgen de los sicarios (Fernando Vallejo); Zé Pequenno y los demás niños y adolescentes de Ciudad de Dios (Fernando Meirelles); Octavio, y los demás apostadores de peleas clandestinas en Amores perros (Alejandro González Iñárritu); la ligereza mental del anónimo protagonista de la novela A wevo, padrino (Mario González Suárez) y la corruptibilidad de Rafael Vizcaya en El vuelo (Sergio González Rodríguez), por citar algunos ejemplos.


Si las antiguas sociedades jerárquicas oprimieron las fuerzas vitales a través de sus rígidos sistemas ideológicos y del aparato del Estado que los impusieron, las sociedades de hoy están perdiendo su vitalidad por medio de su hedonismo demasiado permisivo: todo es posible, aunque descafeinado y despojado de su esencia.


Así, nos podemos explicar el anything goes, el ‘todo se vale’, el ‘todo se puede’, visible en estas narrativas, que es la ley en esta nueva configuración del espacio urbano, marcado por luchas clandestinas; disputas por el poder delictivo en una zona específica; matanzas entre sicarios por las plazas de distribución de estupefacientes.


Narrativas que reflejan las contradicciones internas de nuestros países latinoamericanos, contradicciones dentro de las que es posible encontrar la más rampante desigualdad, caldo de cultivo perfecto para la envidia, la resignación, la desesperanza, la venganza, la justicia por propia mano, la inseguridad, el miedo, el resentimiento social, y la eventual violencia vacía de nuestros días.


Y además todos esos personajes son de alguna forma víctimas: de la violencia, a menudo de su propia violencia; de su entorno social; de la pobreza e incluso de la riqueza; víctimas de sí mismos, de sus sueños, de sus engaños y autoengaños; de su modo de vivir

Por eso para muchos escritores, una de las pocas herramientas que continúan alimentando la empatía en nuestros días será la literatura de ficción “que intenta ser realmente profunda”, como dice Jorge Volpi.


La lógica neoliberal que envolvió y promovió el descrédito de la solidaridad para promover el de la competitividad a mansalva, aunado a la levedad en las relaciones y la ausencia de preguntas sobre la realidad, ha propiciado que “más que el egoísmo, siempre presente y ante el cual no hay nada que hacer, este ya no sea capaz de transformarse en una identificación con el otro” continúa Volpi.


El puente que nos comunicaba con los demás seres humanos es el puente que los sicarios de la vida neoliberal han venido a develar como imposible: el de una vida personal significativamente integrada en la vida comunitaria y en la historia, el del entendimiento y empatía entre los seres y el del peso del bien común por encima del interés personal.


Además, la muerte del pensamiento y el anquilosamiento y retirada al conformismo social enferman a las esferas intelectuales, los escritores canónicos, cada vez más apartadas de la sociedad real y haciendo de la literatura una mercancía más, elevando el libro al nivel de fetiche y perdiendo toda su densidad clásica, su materia: los temas se vuelven pretextos de ventas de acuerdo con la coyuntura.

Hoy en día, los temas de siempre, que son los temas viejos en una cultura que ha ennoblecido lo novedoso, se convierten en temas caducos. Lo trágico es que los temas de siempre, la materia del novelista, eran los sentimientos humanos, las experiencias personales de individuos reales ficcionalizados.


Entonces, la labor de denuncia producto de una indagación feroz sería una interesante apuesta para la literatura en sociedades como la nuestra: una inmersión profunda en la realidad, así como en los abismos internos y oscuros, las “potencias infernales” del alma humana.


De este modo, denunciar o mostrar sería la forma de “no ser ingenuos, lo que significa no creer que el mundo está dividido en buenos y malos”, como dice el también escritor mexicano Mario González Suárez.

Pero la ‘gente’ institucional, del poder, ha preferido la simulación, pensando que es mejor vivir en el engaño. Y han construido mentira sobre mentira, sin darse cuenta o sin querer hacerlo de que al alimentarla han llevado a la sociedad y han llegado con ella a un estado kafkiano de confusión y extravío.


Hoy en día la violencia es mecánica, falta de reflexión, vacía porque la forma de producir sociedad (capitalismo neoliberal) y de producir realidad (mass media al servicio del poder) ha privilegiado la ligereza mental y ha conducido al ser humano al conformismo televisivo. La violencia de nuestros días es vacía porque nuestros contenidos sociales, en tanto relaciones y estructuras mentales, son ligeros, fugaces y caricaturescos.


2.12.08

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Visas para la vida

"El que salva una vida, salva al mundo entero"




En Austria, Viena, hay una calle que se llama Gilberto Bosques en honor a ese mexicano ilustre. Pero ¿quién fue Gilberto Bosques? “Fue un mexicano ejemplar, revolucionario, que firmó la Constitución de Puebla y que, como muchos otros diplomáticos de todo el mundo, durante la segunda Guerra Mundial salvó 40,000 personas de las manos de los nazis”, comenta Bronia Sigal, directora del Museo Histórico Judío del Holocausto “Tuvie Maizel” con motivo de la próxima inauguración de la exposición Visas para la vida.

Visas para la vida muestra a los diplomáticos que salvaron miles de vidas en el Holocausto, una historia de coraje, valentía, bondad y generosidad, además de ser presentada en conmemoración de los 70 años de Kristallnacht o Noche de los Cristales rotos: “días, 9 y 10 de noviembre de 1938, en los que inició la persecución violenta contra los judíos en territorios de Alemania y Austria.”


Fueron más de 300 diplomáticos los que ayudaron a salvar judíos, rescatando colectivamente más de 250,00 vidas.


Algunos de los diplomáticos presentes en la exposición son “un diplomático alemán que era nazi y salvó vidas poniendo en peligro la suya. Está Raoul Wallenberg, sueco, quien más vidas salvó, alrededor de 60,000. Además, el cardenal Roncalli estando en Budapest o Turquía, salvó 24,000 niños judíos con fe de bautizo; esto lo acaba de investigar Eric Saúl, curador de la exposición, hace unos meses. Roncalli sería más conocido como Juan xxiii, el papa bueno.”


Gilberto Bosques también forma parte de esta exposición, “un hombre sin igual en la historia de México, quien puso en peligro a su familia en Marsella al rentar dos castillos para alojar a los perseguidos.” Fue encarcelado bajo arraigo y finalmente liberado.


“El Holocausto no es nada más cámaras de gas y crematorios, abarca toda la cultura que se creó en el Holocausto y la cultura que había antes de éste y que Hitler destruyó. Por eso tratamos de mantenernos al día mostrando la mayor cantidad posible de aspectos de una guerra infame que parece estar repitiéndose. Los seres humanos no aprendemos”.


“Esta exposición espero que inspire a quienes la vean a luchar por la libertad, por el respeto a los Derechos Humanos, que es lo más importante, nadie tiene derecho a pisotear un derecho humano, y por un mundo mejor."


La exposición será inaugurada este jueves por María Elena Morera, directora de México Unido contra la Delincuencia. La exposición estará abierta al público a partir del viernes 5 de diciembre en el Museo Histórico Judío del Holocausto “Tuvie Maizel” (Acapulco 70, col. Condesa, www.museojudiomexico.com.mx), en los siguientes horarios: domingo a viernes de 10 a.m. a 2 p.m. y también de lunes a jueves de 4 a 6 p.m.


11.11.08

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Jorge Volpi y El jardín devastado


La literatura tiene función social




"Después de jugar con la formulación de Sartre ‘el existencialismo es un humanismo’ llevándola al absurdo, obtuve otra: ‘El terrorismo es un humanismo’”, dice en entrevista el escritor mexicano Jorge Volpi, a propósito de la publicación de su más reciente novela,
El jardín devastado (Alfaguara, $189).

“El terrorista no diferencia entre las víctimas. Todos somos iguales ante él. Visto como humanismo, éste es un antihumanismo en realidad” porque atenta contra la propia vida humana.

La actual crisis financiera, afirma Volpi, pasará a la historia como la comprobación del fracaso del sistema neoliberal, comandado por EU, que instauró el descrédito de la solidaridad y de la hermandad, una lógica que ha descompuesto nuestras propias relaciones íntimas, pues ante el egoísmo no se puede hacer nada.

“Hoy en día el egoísmo no es capaz de transformarse en esa identificación con el otro”.

"Sin embargo, estoy en absoluto desacuerdo cuando los escritores dicen que las novelas no sirven para nada. Si no sirvieran para nada no escribiríamos ni se publicarían tantas novelas”. La novela tiene una función social.

“La literatura de ficción que intenta realmente ser profunda es una de las pocas herramientas que en nuestros días pueden alimentar la empatía”. Para llegar a ella es preciso inspeccionar en lo que nos hermana, los sentimientos oscuros y escondidos, el abismo, ese aspecto insondable de la vida humana, nuestras pasiones y deseos más primarios, nuestras pesadillas y demonios.

“Hay que mirar el abismo a los ojos, aunque esto es muy difícil; por lo mismo no siempre se puede”. “En esta novela quise explorar esa parte oscura de nuestra época y también de mí mismo. El resultado ha sido una descripción de los aspectos humanos desde su visión más negativa”.

“Y creo que es saludablemente tener esa visión”, porque te das cuenta que en la naturaleza humana siempre “está latente la posibilidad de la destrucción”.

Además, “quería hacer una exploración narrativa del dolor propio y de la indiferencia ante el dolor ajeno, mediante una mezcla de memoria, ficción y aforismos. Intenté arriesgarme a algo que no había hecho nunca: por un lado, esa exploración de suma precisión del lenguaje y, por el otro, mezclar géneros distintos".

El jardín devastado cuenta la historia de un intelectual que llega a México después de una temporada en Estados Unidos y una historia paralela sobre una de las tantas víctimas de la guerra de Irak. “Con respecto a Irak, es evidente que hay experiencias que nos resultan familiares y si en México empezamos a llegar a cosas como las de Morelia, de pronto se parecen más”.

El título es metafórico en varios niveles: “La primera metáfora es la más obvia porque se supone que el Jardín de Edén estaba en Mesopotamia, hoy Irak, jardín que termina devastado. Pero también es una metáfora de los jardines interiores, el jardín es la naturaleza domesticada, es la intención de civilizar a la naturaleza y esa naturaleza civilizada de repente es arrasada por el propio que quiere civilizarla”.

“Yo, como el narrador de la novela, llegué a México después de 10 años para encontrar un país brutalmente dividido, enfrentado, lleno de rencor, después de un momento muy brillante en el 2000 cuando parecía que todo mejoraría. Seis años después habíamos dilapidado por completo las esperanzas del 2000”.

En el país que heredó Fox, “parecería que cada quien tuviera un pizarrón para ir anotando cuántos muertos ha habido del narcotráfico, como si se tratara de establecer récords”. “Pero el fenómeno del narco hay que entenderlo globalmente. Este puritanismo de lucha feroz contra las drogas a los únicos que beneficia es a los productores y distribuidores. Uno puede combatir la producción pero eso no acabará con el consumo, lo único que hará será limitarlo y si acaso encarecer el producto.

“Mientras la lógica global, dirigida todavía por EU, no quiera encontrar una salida distinta, seguiremos en esta situación que sólo genera más violencia”.

7.11.08

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Rafael Glucksmann: Mayo del 68


La solidaridad de los estremecidos





¿Quién es Rafael Glucksmann?

"Estudié filosofía y ciencias políticas, cuando tenía 20 años llegué a Argel y ahí empecé a escribir en algunos periódicos. Me volví de cierta forma periodista y realice documentales para la televisión francesa sobre Ruanda y las revoluciones democráticas en Europa del Este. Al mismo tiempo cree una asociación que se llama Estudiantes sin Fronteras que ayuda a los estudiantes de países en guerra a ir a estudiar a Europa."

"Hoy en día, poco antes de venir a México, estaba en Georgia porque voy a publicar un libro de entrevistas con el presidente de Georgia, en Francia, en noviembre, el cual es sobre la guerra actual que tuvo lugar y de una cosa que tiene que ver con mayo del 68: qué es hoy una revolución democrática. En Georgia hubo una revolución, los jóvenes que echaron fuera el gobierno autoritario quitaron de sus puestos a toda la policía para luchar contra la corrupción y los abusos del poder."

"Al inicio cuando tomaron el poder había grandes pintas por todas partes que decían “la ley se aplica también a quienes deben aplicarla”. Vieron que esto no funcionó porque cuando se tiene la costumbre de la corrupción es un modo de vida y de acción y es muy difícil erradicarla. Ahora todos los policías son jóvenes, tienen entre 25 y 30 años. Esto ha devuelto la credibilidad en la policía, en un país que detesta el Estado, de un 5 a un 60%."

"Es muy importante hoy entender una mentalidad tan diferente de los viejos países europeos acostumbrados a la estabilidad, es una historia actual de un espíritu cercano al de mayo del 68."

"Al mismo tiempo trabajo en una novela. Es la historia de un joven occidental que ya no aguanta Occidente y decide ir al descubrimiento del mundo, de los países no occidentales, mucho al mundo árabe y áfrica negra y le sucede una serie de catástrofes y de amores que lo van a llevar a revisar todos sus ideales. Y acaba en el mundo postsoviético. Un universo de mafia y de espías."

¿Qué se puede hacer contra la corrupción, por ejemplo?

"No hay un modelo absoluto. Lo que hizo el 68 fue precisamente la idea de romper un modelo clásico de las revoluciones. Pero es fundamental entender que la corrupción generalizada impide totalmente la emergencia de una sociedad libre y la creencia en las instituciones democráticas. Y la democracia sin adhesión popular viene a ser la oligarquía."

En el libro se menciona el peligro de que el espíritu del 68 se solidifique, eso me lleva a preguntar ¿Qué actualidad tiene el 68 en 2008? Y ¿Qué parte del 68 se estremece, actúa, pervive en 2008?

"68 fue la primera revuelta política, social, moral y cultural realmente globalizada. Se derrumbaron dos mitos: el conservador de los Estados autoritarios, la Nación, la familia, la iglesia, y el mito de la Revolución como museo, que podía ser encarnado en Francia por el Partido Comunista. Hoy en día, hay un tercer mito que se está derrumbando, el último que quedaba, el mito de un Mercado que iba a afianzar la felicidad de la gente, el mito del fin de la Historia."


"Y 68 en este estremecer de dos mitos es profundamente contemporáneo para los jóvenes de hoy en su espíritu. A condición de que no se transforme en mausoleo o museo."

"Octavio Paz logró comprender el 68 en el mundo entero: el 68 es la revuelta del presente contra los fantasmas del porvenir y los recuerdos del pasado. Hoy en día, cuando estamos en una crisis que nos corta el camino del pasado la gente ya no cree en países milenarios, en la Iglesia Todopoderosa, y nos corta también el porvenir, el mito del progreso, sea socialista o capitalista, esta revuelta del presente es totalmente actual por eso es una traición última transformar esta revuelta del presente en tarjeta postal del pasado, como lo hacen muchos antiguos militantes del 68 diciendo: 'nosotros teníamos un ideal, ustedes los jóvenes ya no creen en nada'."



"El futuro es muy importante pero más importante es no sacrificar el presente en nombre del futuro. En mi opinión, en la novela más grande de la literatura europea, Los hermanos Karamazov, de Dostoievski, hay una discusión entre los dos hermanos Iván y Aliosha. Dice uno: ¿será que en nombre del futuro se pueden justificar las lágrimas de un niño? Toda la discusión está encaminada a este problema y yo creo que las lágrimas de este niño, que son el presente, no pueden ser sacrificadas por un porvenir mejor."

"1968 es la revolución inconclusa. La gente se queda decepcionada después de este tipo de revolución pero en realidad las transformaciones sociales, morales y culturales son enormes. Sencillamente no hay un modelo preestablecido para reemplazar el sistema de los valores antiguos. Es totalmente lo contrario a la revolución bolchevique."



"Este tipo de revolución, abierta o permanente, no es solamente el 68 sino todo lo que siguió al 68: la Revolución de los claveles, en Portugal; la Movida, en España; las revoluciones de terciopelo en Europa del Este, y la revoluciones… en el mundo postsoviético."


"Y lo que la gente consideró como una falla del 68 representa a mis ojos su interés más grande. Después del 68, cuando se leen los textos, decía 'el 68 es formidable, nada más que nos faltó un Lenin'. Y yo diría que la ausencia de ese Lenin es precisamente la importancia y carácter innovador del 68."

En México curiosamente después de la Revolución Mexicana se instaura un partido para hacerla permanente.

"La paradoja mexicana: el PRI centra en sí los dos mitos en contra de los cuales el 68 se levanta: el mito de la revolución como un museo y el mito del conservadurismo institucional y del Estado central, así se puede considerar a México como una paradoja."

"Cuando se habla de revolución o subversión permanente se supone que uno acepta las contradicciones que trabajan en una sociedad. En México es el partido Estado que pretendió afianzar la revolución permanente, es quien le da sentido y dirección. Y cuando es el Estado quien decide esto paraliza las contradicciones y transforma la Revolución en una pura consigna. Lo que resulta fundamentalmente es una sociedad que ya no vive."

"Y lo que pasa después con la cuestión del PRI, es el regreso de las contradicciones de la sociedad mexicana. No es el porvenir radiante pero es una apertura de posibilidades."

¿Qué tiene que ver con el 68 mexicano, por ejemplo, si aquella sociedad francesa era moderna y democrática, aunque apática, y México no podía, ni puede aún, nombrarse ni moderno ni democrático. En México se recogieron cadáveres, cuando en París, «papeles y montañas de piedras».

"La gran diferencia entre el 68 de las sociedades democráticas y el 68 de los regímenes autoritarios es la represión. México tiene más que ver con Praga que con París. La primavera de Praga terminó aplastada por los tanques soviéticos. Y citando nuevamente a Octavio Paz, decía él que aunque en México había una dictadura más abierta que las dictaduras del este de Europa, había un punto en común fundamental: Moscú y México están llenos de mausoleos de la Revolución y de revolucionarios amordazados, eso es el principio de los regímenes pretendidamente revolucionarios que transforman la Revolución en culto o museo, lo que le da una depresión y una crisis de credibilidad a los discursos de la política, más fuerte todavía que en las dictaduras conservadoras, pero que no se esconden bajo una fraseología revolucionaria, porque la paz, la libertad se convierten en meras consignas totalmente desligadas de la realidad y de la acción."

La parte en la que hablas de Miterrand me hizo pensar en un punto de encuentro entre Francia y México, sobre algo que menciona Paz, pues él dice que se instala la simulación en el poder y la ficción en las instituciones modernas.

"Por eso creo que es muy importante para nuestra generación provocar la generación que hizo el 68. No escuchar sus discursos de autoelogio. No hay que hacerlo desde un punto de vista conservador, sino del punto de vista mismo del 68: ¿Qué hicieron de su rebelión ahora que estuvieron o se aliaron a la corte de Miterrand o del PRI?"

"Y eso para mí es la única manera de ser fiel al espíritu del 68. En Francia lo convirtieron en la Fiesta de la música. Muy bien, tomarse unos cócteles con la corte de Fracoise Miterrand, pero mientras tanto Francia prosigue con su política neocolonial. Mientras tanto Francia está encerrando sus emigrados en lugares especiales en los suburbios de Francia bajo el régimen de izquierda. ¿Dónde están los que protestaban en aquel momento, del lado de la champagne o del lado de los emigrantes?"

La simulación podría entenderse como un fenómeno globalizado, ¿a qué lo atribuirías y qué se podría hacer para contrarrestar este montaje, sobre todo si la gran invención de mayo del 68 es la exageración, el desfase entre palabras y hechos?

"En mi opinión es normal en las esferas del poder. Cuando se vive en sociedades con un Estado central se necesita una energía muy fuerte, muy potente para rechazar eso, sobre todo cuando el poder central desarrolla una ideología o discurso que está cerca de lo que uno piensa en la izquierda. Es normal que una parte de la generación que estaba en rebelión integre esas estructuras, lo que no es normal es que sigan pretendiendo que encarnan el conjunto de la subversión. Pienso que es normal que haya conservadurismo a la cabeza de un Estado."

"Pero lo que es muy necesario es que en la sociedad se desarrolle una crítica radical al conservadurismo. No se trata de ser anarquista. Se trata de entender que la vida social, cultural, moral se tiene que hacer afuera de la vida del Estado para ser capaz de criticar el funcionamiento y la ideología del Estado. No se trata de abolición del estado, se trata de abolición del mito del Estado, de no tener una relación sagrada o de identidad con el Estado. El Estado no produce el actor social o cultural. Aunque el Estado sea de izquierda con una ideología democrática, el actor social se queda en el exterior frente el Estado."

"Entonces cuando los subversivos se juntan con el Estado es importante que se puedan criticar desde el afuera. No se trata sencillamente de decir “son traidores” sino de continuar la crítica que ellos empezaron y que a veces dejaron por razones personales. Y esta crítica tiene que ser permanente. Cuando una parte de esas críticas están integradas al Estado que se reforma, como pasó en Francia después del 68, hay que mantener la crítica sobre otros puntos porque lo que caracteriza a la democracia activa es esta crítica permanente, no solamente las elecciones."

La política es la gran manifestación de la democracia ¿a qué acciones concretas te refieres cuando dices que la política es la única capaz de sacar a Francia de su esquizofrenia, producto de una sociedad moderna y un Estado arcaico? ¿Podrá realizarlas su actual gobierno?

"Lo que quiero decir es que en Francia hubo un abandono de la política porque las esferas más innovadoras de la sociedad ya no se mezclaban en los asuntos de la política y el Estado proseguía funcionando sin cambios aunque sea una mayoría de derecha o izquierda. Lo que pienso es que la política es el punto de encuentro entre la sociedad y el Estado. Lo que hay que lograr en Francia, que creo que es lo mismo para México, es concebir al Estado como el producto de la sociedad o el instrumento que se da una sociedad para gestionarse, no como un ser en sí que produce la sociedad."

"¿Será que el poder actual en Francia podrá hacerlo? Pienso que hoy en día la situación es tan equívoca con este gobierno que se me hace muy difícil contestar esta pregunta. De un lado hay gente que se integró al Estado, gente que Nicolás Sarkozy hubiera integrado, representantes de la sociedad civil, comisionados contra las desigualdades y defensores de grupos minoritarios o juveniles. Pero del otro lado se ve el retorno al viejo mito promovido por el Estado francés, como la Nación, para frasear el discurso de Sarkozy, 'cubierta de catedrales y de honores desde Clovis'. Y en Sarkozy hay las dos cosas: la apertura hacia la sociedad y el mundo, y replegarse hacia los valores conservadores."

Hay tareas pendientes, pese a que aquel 68 y el 2008 son mundos distintos. En aquel momento podríamos entender que un modo de producir sociedad entró en crisis, al mismo tiempo que desencadenó la disputa por el planeta sobre todo en los países desarrollados. Alain Touraine menciona que en ese momento comienza el desmontaje de la sociedad moderna (desmodernización) que me la hiciste recordar cuando hablaste de la triada Política-Sociedad-Estado, porque la desmodernización son tres cosas: despolitización, desocialización, desinstitucionalización. Si este es un mundo desmodernizado, sería casi imposible lograr que funcionara esta triada Política-Sociedad-Estado.

"En mi opinión estamos ciertamente en un mundo muy diferente de los 60, pero el 68 nos puede hablar hoy porque 68 fue el instante de la crisis de este mundo que desapareció, este modo de producción, de institucionalización, de creencias que dominó a Europa durante cuatro siglos y en el cual ya no estamos entró en crisis en el 68. Por ello 68 es actual para nosotros. 68 fue la primera ocasión en que se asumió esta crisis de la ideología moderna."

"En el Renacimiento en Europa había dos vías posibles. El Renacimiento no es solamente cuando todo el mundo estaba muy feliz y hacía pinturas. Es una crisis para la gente que la vive. Es el fin de la orden religiosa del mundo. Es la invención del Occidente moderno."

"Frente a esta crisis de los valores religiosos del mundo medieval que se explicaba a través de Dios, había dos vías posibles, y es lo que Maquiavelo menciona como la vía romana y la vía veneciana."

"Roma, no la de los papas, que probablemente es más un invento de Maquiavelo que una realidad, aquella Roma cosmopolita asumía sus contradicciones y la ausencia del orden natural de las cosas, la ausencia de unidad, la ausencia de referencias obligadas, entonces era un caos productivo, creador y sobre todo, libre."

"Había otro modelo y es el que históricamente triunfó, el veneciano. Frente a este caos del mundo ligado al final de la creencia en el orden religioso de las cosas había que inventar un Dios nuevo, el Estado, que debía unificar el mundo. De este modelo veneciano, que existió realmente, se desprendieron todos los Estados naciones de la Europa moderna, sin exageración, porque los enviados de los reyes que intentan formar este modelo iban a Venecia a aprender cómo unificar a la sociedad bajo una autoridad única, a la vez el modo e funcionamiento y la ideología del Estado."
"Durante cuatro siglos, Europa moderna estuvo dominada sin excepción por la creencia en el Estado nación y el progreso que podía alcanzar este modelo. Y con el efecto de la globalización, esta fase de Europa que se llamó modernidad se derrumbó y hoy en día no sabemos en qué fase estamos viviendo pero sabemos que ya no es la de antes, puede verse con angustia o como un momento de posible creatividad intelectual y política."

"La política en el sentido moderno ya murió, lo cual no quiere decir que la política ha muerto. Sólo una concepción de la política. La de Aristóteles y Maquiavelo no era aquella."

Si esa forma de hacer política ya murió y no sabemos dónde estamos, ¿tu cómo caracterizarías dónde estamos? ¿qué podría venir?


"Estamos en un momento en que, como decía Hamlet, el tiempo está fuera de sus cosas, y en este instante en mi opinión es filosófico y literario, que es muy difícil caracterizar como un sistema único, es un momento de estallido. No hay una ley única del mundo en el que vivimos. Todo compromiso es necesariamente parcial. Vivimos en un periodo en que las cosas pueden entrar en una red pero no se puede construir un sistema cerrado que daría su sentido al mundo y al porvenir."

"Hoy en día el porvenir está totalmente abierto. De la crisis actual puede salir un cosmopolitismo transnacional o un replegarse sobre sí mismo en una exaltación de las diferencias. Se puede decir muy bien frente a un momento de crisis: 'mi mujer antes de mi hermana, mi hermana antes de mi vecino, mi vecino antes de mi paisano, mi paisano antes del resto del mundo'. Cuando se ve que en nombre de esta reacción un capitalista como Berlusconi puede sacar provecho de la crisis del capitalismo, se entiende la fuerza. Pero se puede también decir, dado que estamos todos en crisis, que hay una solidaridad de los estremecidos, de los 'tocados'. Esa solidaridad entre gente estremecida por la crisis es transnacional y cosmopolita ya que la crisis lo es."

"Hamlet es la obra de Shakespeare que nunca tiene un final, porque no tiene las llaves del futuro. Yo pienso que hoy en día nadie tiene las llaves del futuro, ya sean los que dicen que hay que rehacer la revolución bolivariana, o los que dicen que es el final de la historia ya que el capitalismo está triunfando. Nadie tiene las llaves del final de la historia. Y también es el final de la gran resolución intelectual de la filosofía europea moderna."

Esa filosofía europea moderna con las ideas de progreso, la emancipación del hombre, la libertad es el inicio del liberalismo y el individualismo, fueron además parte de las consignas de aquel momento. Y retomo una de ellas: «Todo se torna posible», que viene de Occidente y la Modernidad, si cobra fortaleza en 68 y ahora ¿cuáles son los riesgos y las posibilidades más importantes del mismo?

"El Renacimiento europeo inventó el liberalismo pero Europa moderna prosiguió con él. Aunque también inventó la negación de la libertad, el sistema totalitario. Pienso entonces que lo que triunfó en la Europa moderna es el repasar esta libertad original, hay una palabra en alemán que es en mi opinión la palabra absoluta de toda la filosofía progresista, en el sentido de creencia en el progreso: Auf re bung, que quiere decir rebasar negar, negar rebasar. Y con el final de esta ideología del progreso, no se puede hablar sino de probabilidades. Yo tengo miedo de que haya una probabilidad más grande al replegarse sobre sí mismo o un regreso a valores que ya no deberían ser vigentes."

"Es más fácil creer que es la destrucción de la Nación, que es la destrucción de la familia, que es la destrucción de la religión, que asumir el hecho de que la crisis es constitutiva del hombre y de la sociedad y que esos valores, la Nación, la Familia, la Iglesia, han sido construidos a partir de esta crisis para rebasarla negándola."

"Hay entonces una fuerte posibilidad de un regreso a un espíritu sagrado, pero pienso al mismo tiempo que la vía cosmopolita siempre es posible. Sería una catástrofe si en esta época de crisis se rehiciera la elección que hizo la Europa en la época moderna y de nuevo se intentara repasar las tradiciones. Pienso que hoy en día al negar las catástrofes que conllevó la historia moderna, el totalitarismo, el colonialismo, se deba asumir esa vida dentro de la crisis y no intentar salir de ella, hay que actuar dentro de la crisis. Más allá de las fronteras ya que la crisis rebasa las fronteras. No hay que intentar reinstaurar las fronteras para protegerse."

Mencionabas que te daba miedo este repliegue hacia uno mismo y me hiciste pensar en un novelista norteamericano, Phillip K. Dick, cuando plantea el tema de los androides (simulacros) y el debate entre saber quién es el androide, el ser humano o el robot. Y en ese debate plantea una situación futura en la cual el ser humano tiende a dejar de sentir o le es difícil hacerlo porque se ha replegado mucho en sí mismo y ha dejado de ver al otro, al mismo tiempo los sentimientos se logran por un nuevo Dios, una máquina con la cual escogen qué sentir. Cuando hablaste de los “tocados” me hiciste pensar en una posibilidad: la empatía entre seres humanos, que en la obra de Dick, parecería, es una cualidad más de los androides que de los humanos.

"Eso es muy importante, porque hay una característica en la filosofía occidental moderna de desacreditar la emoción, los sentimientos, porque el sentimiento es infra racional y perturbador para la razón. No quiero hacer una apología de las pasiones diciendo “hay que sentir no pensar”, pero hay que pensar a partir de los sentimientos."

"Sin nunca rebasar este hecho: que la emoción frente a las lágrimas del niño es un valor filosófico en sí, no se puede despreciar porque muchas veces es más justo y más humano aunque todos los raciocinios quieran explicar esta lágrima, y aquella capacidad de empatía es el antídoto según creo a las tendencias al repliegue sobre uno mismo. La capacidad de ser conmovido, la capacidad de sentirse chechenio, ruandés o emigrante en un barquito en el Mediterráneo es lo que hace la diferencia entre un hombre y un individuo robotizado. Y esta empatía es el motor del pensamiento y de la acción."
"Entonces la idea según la cual es un individuo duramente racional, el homo economicus, por ejemplo, que racionaliza el conjunto de sus acciones en función de sus intereses, esta idea puede tener un interés en la reflexión y en la elaboración de sistemas pero filosóficamente es peligrosa porque se pierde la dimensión interesante del ser humano, la dimensión que hace que algo a priori no está perturbando sus intereses o su vida va a estremecer su conciencia. Todo mundo tiene esta experiencia, y uno al estar frente a las películas o las novelas, tiene esta experiencia. Cuando se llega por un héroe de ficción se tiene esta misma experiencia, la idea es que se pueda tener la misma experiencia como frente a un héroe de ficción pero frente a las víctimas de guerra por ejemplo."

Esto tiene que ver con la simulación, porque en esa ficción que nos regalan las pantallas, las películas de acción, lo que pasa en la realidad a veces no lo vemos o sólo vemos una parte y creemos increíble lo que ocurre en la realidad y de esa forma se pierde la reflexión. En México esta “cultura” de la simulación desde el Poder viene del 68 hasta nuestros días, desde el poder del Estado en los discursos. En la actualidad lo vemos en los spots publicitarios que son de risa porque parecen anuncios de película y ponen a la sociedad entre los buenos y los malos, hacia una sociedad parecería adormecida que tiene que creer lo que le venden en esa película. Entonces, creo entender lo que estás mencionando porque en esta México se vive todos los días.

Una última pregunta, retomando lo que mencionas en el libro sobre Ricardo III y Hamlet, ¿cuál sería el héroe de esta crisis, Ricardo, Emma Bovary, Fausto, Hamlet, Hans Castorp, Joseph K? ¿quién y por qué?

"El teatro de Shakespeare se llamaba El Globo y dentro de la obra de Shakespeare hubo la invención del mundo contemporáneo, el mundo moderno, frente a las crisis de valores y de los puntos de implicación tradicional. Hay dos héroes que en la obra de Shakespeare asumen esta crisis. Dos héroes que tiene una visión filosófica común, pero a pesar de ello tienen las conductas más opuestas, es el mismo personaje con dos caras distintas y este personaje se llama el mundo contemporáneo y sus dos caras son Hamlet y Ricardo III. Es importante ver el paralelo entre esos dos personajes: Hamlet rechaza la idea de matar la gente, Ricardo pasa su tiempo mandando a ejecutar a la gente, uno es un filósofo humanista, el otro un tipo de terrorista nihilista. Y a pesar de ello, los dos tienen una misma filosofía en los principios."

"Voy a ser muy provocador: Hay más semejanza entre Al Qaeda y un pensador liberal o abierto que entre un pensador conservador y Al Qaeda…"

"Lo increíble es que Ricardo III y Hamlet tiene el mismo punto de partida. Es que todo es posible, que nada está afianzado o dado. Ricardo III y Hamlet usan las mismas palabras y sobre los mismos mitos: el cielo no es más que podredumbre. El hombre no es más que un sistema corrupto. La tierra no merece existir. El ser humano es un tipo de monstruo. Tienen la misma desacralización permanente de todo lo que la gente piensa ser verdadero o justo de manera religiosa. Y a pesar de ello, los dos que viven en el mismo mundo tienen unas conductas opuestas. Hamlet podría ser Ricardo III pero lo que según Hegel es la debilidad de Hamlet, es en realidad su elección de no ser Ricardo III, de no cometer lo irreparable. Esta errancia filosófica, política, política, de Hamlet, lo convierte en el hombre que no tiene país, que es extranjero en casa y tiene su casa en el extranjero. Hamlet es el hombre contemporáneo, en su dimensión más llena de oportunidades."

22.10.08

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III Muestra de Cine y Derechos Humanos

A 60 años de la Declaración de los Derechos Humanos, la Muestra Internacional de Cine sobre esta materia será un espejo frente a la sociedad para reflexionar en torno de temas que destruyen el tejido social y que se agudizan en momentos de crisis como la actual, mencionó ayer Rafael Álvarez Icaza, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del DF, en la presentación de la muestra itinerante.

“Estamos en un contexto privilegiado para tratar estos temas, a la luz de los desafíos que hoy tenemos porque la crisis económica va a desatar procesos peligrosos: desempleo masivo, contracción económica, que tienden a polarizar a las sociedades y a agudizar las contradicciones”, dijo.


"Hemos visto que en los momentos de crisis explotan la xenofobia o problemas de identidad, una tensión mayor. Y ese es un problema que va a cruzar México, no sólo como expulsor sino como receptor de migrantes en su frontera sur”, y ahí hay un tema muy crítico que el país no debe pasar por alto.


“México tiene que tener la capacidad de verse a sí mismo” en materia de Derechos Humanos, puntualizó.


La tercera edición de la Muestra Internacional de Cine y Derechos Humanos llega al DF, que es una de las 11 sedes en España y Latinoamérica, con 19 filmes de denuncia entre cortos, mediometrajes, largometrajes y un filme de animación, que se proyectarán en el Polyforum Cultural Siqueiros del 26 de octubre al 1 de noviembre y cuya entrada es gratuita.


Los temas de la muestra son: la controvertida libertad de expresión en los medios de comunicación, la interculturalidad, la sustentabilidad del medioambiente, la situación de la mujer, los efectos "colaterales" de los conflictos armados y las migraciones del sur.


José Luis Navarro, director de la Muestra, agregó que uno de los objetivos es “dar a conocer el cine que está afuera de los circuitos comerciales”.


Además, para promover la reflexión se organizarán mesas de debate presididas por destacados académicos y periodistas, al finalizar las proyecciones.


Otras de las sedes serán Chilpancingo, Acapulco y San Luis Potosí, en México, y como parte de su itinerancia internacional Guatemala, Ecuador, Argentina y Chile.


Consulte la programación en muestraderechoshumanos.org en Internet.



13.10.08

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Los gérmenes del narco

El vuelo, de Sergio González




Las décadas de los 60’s 70’s marcaron el fin de una civilización revelado en un doble sentido: la conciencia ecológica en torno de los límites del crecimiento y la aceleración del tiempo aunado a la gran Revolución tecnológica.


Dentro de este doble fenómeno se iría perfilando la liberalización de los mercados, se diversificaría la producción de racionalidades, es decir, los puntos de vista distintos sobre la historia, además el avance de la globalización poco a poco borraría las fronteras, para generar ahora un nuevo modo de producir sociedad, marcada por el ritmo del poder militar de los Estados Unidos, es decir, una nueva etapa del capitalismo, más salvaje.


Así pues, en los 60’s-70’s el mundo experimentó un giro radical que marcaría el futuro de la humanidad, el futuro aciago al que en estas horas nos aproximamos con la total certeza de que es sumamente incierto, porque en la competencia especulativa de los mercados se marca el ritmo de las sociedades de nuestros días.


Un símbolo de esa transición de civilizaciones sería el Sputnik, que daría la vuelta a la Tierra por primera vez; otro símbolo es el crecimiento de actividades delincuenciales con alcance intercontinental, como el narcotráfico.


Y la aparición de nuevas categorías en torno de los inicios del neoliberalismo: liberación del individuo y atenuación del pensamiento, nutrimentos centrales del hampa y el crimen.

En esa coyuntura mundial es donde parte la historia de El vuelo (Mondadori, 162pp), la más reciente novela del escritor y periodista mexicano, Sergio González Rodríguez.


La novela cuenta la vida de Rafael Asunción Vizcaya, un joven que azarosamente se ve inmerso en el negocio del tráfico de drogas y poco a poco, sin darse cuenta, será atrapado por ese remolino ante el cual es impotente. Un remolino que también es una bola de nieve porque un hecho simple, una vaga concesión por parte de este personaje, lo convertirá en avalancha. Esa vida “cómoda” a la que habrá accedido, finalmente lo llevará a reaccionar de un forma violenta mostrándose así en su complejidad y amplitud netamente humana.


Rafael Asunción Vizcaya es un muchacho común y corriente, de 30 años, que le gustan los toros y el box, nunca ha consumido ni consume drogas pese a ser traficante de cocaína y su libro de cabecera se llama El despertar de los dioses.


En el desarrollo de la novela podemos descifrar un ambiente de negocios que se mostrará en su caótica red de interacciones, en las que se encuentran todo tipo de intereses, luchas por el poder, códigos de honor y traiciones, hombres poderosos y vasallos, países pobres y ricos, consumidores o productores, fronteras ficticias y degradación institucional, social y gubernamental. Algo que se parece mucho al México violento de nuestros días.


Si bien el narcotráfico es el sustento que da pauta a la obra, no es el único tema de la novela. El planteamiento de la misma es mucho más complejo, porque si bien es una crítica a la sociedad que desculpabiliza la esfera del placer y banaliza la reflexión en torno de los efectos de las drogas y es una crítica al poder que ha amparado al crimen organizado y facilitado el andamiaje de una delincuencia formalmente aceptada al interior del propio sistema, también es la interiorización individual de un drama social que hoy cobra particular vigencia.


Es el drama de un individuo concreto, con nombre y apellido, determinado hasta cierto punto por su entorno inmediato y por las condiciones que se ve obligado a enfrentar.


El drama interno de ese individuo concreto se revelará en su incapacidad para entender lo que está pasando a su alrededor, una especie de Joseph K pero que ahora hace las cosas por inercia, ya no es el individuo que se cuestiona para entender, es el hombre que no puede liberarse y se conforma con sufrir menos. Curiosamente él no se evadirá por medio de la droga. Pero sí será un facilitador de esa “dicha efímera y al alcance de la mano” (SGR, p25).


Sergio González, con El vuelo, aporta una reflexión no como pretexto coyuntural para buscar un impacto de ventas, sino como una necesidad de abrir todos los sentidos ante un fenómeno que si bien atenta contra la sociedad, es producto y resultado de la misma, de sus vicios y de sus deseos más oscuros, un tema de plena actualidad abordado de forma ejemplar.


Por eso es importante leerla cuando México pareciera estancarse en una barbarie maquillada en los noticieros de televisión que se encargan de montar la ficción que reduce todo a una simple lucha entre buenos y malos, la ficción favorita de melodramas y caricaturas.



Sergio González Rodríguez

El vuelo (2008)

Mondadori

224pp

$161.

1.10.08

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1968. Perdón, jamás olvido


Juventud y potencia


A 40 años de la matanza de Tlatelolco, las consignas de aquel movimiento estudiantil permanecen como germen de la acción y como memoria: ¡2 de octubre no se olvida! ¡Ni perdón ni olvido! Hemos escuchado año tras año los jóvenes que en aquel entonces ni siquiera estábamos en planes de nacer.


Y esta última frase es la que se quiere retomar para indagar en la reflexión. Si bien el perdón es una categoría moral y por tanto individual, podría parecer más indicado decir: Perdón pero jamás olvido, pues éste último no es sólo apto para quien presencia, sino también para quien hereda una historia, un lenguaje, una cultura, hasta una responsabilidad.


El que escribe no es un avezado en la reflexión filosófica, ni en el conocimiento completo y complejo del funcionamiento del mundo o de la historia. Mucho menos alguien que sepa realmente lo que ocurrió hace cuatro décadas de aquel amanecer sangriento en Tlatelolco.


Pero sí un joven, valga la precisión en estos renglones, que como muchos otros se rehúsa a olvidar y a abandonar el cuestionamiento de las “verdades” oficialmente construidas y aceptadas, alguien que por ser joven todavía se siente tocado, alertado y cacheteado por la valentía y la unidad de aquellos que soñaron con una realidad más justa.


Los sesentas fueron años de renovación y cambio, de apertura sin precedentes, de la más prolífica concatenación de utopías y deseos de liberación; hasta la Iglesia católica alentaba el derecho legítimo de los pueblos a defender su autonomía.


Años también en que México tenía (ya) un gobierno (no sólo un presidente, más bien un sistema) que sólo miraba hacia adentro y fingía, cuando se gestaba en el mundo los cimientos de lo que en nuestros días conocemos como globalización.


México simulaba ser un país moderno, pacifico, informado, plural. El sistema ya se había instalado con todos sus tentáculos para impedir que la sociedad comandada por su potencia, los jóvenes, se le saliera del guacal. La respuesta: ficción y represión.


Una respuesta que podría extenderse a toda Latinoamérica. Quizá hubo un aviso: el padre de la nueva utopía latinoamericana, Ernesto Guevara de la Serna, había sido asesinado en Bolivia justo un año antes, 1967. Las cosas hasta ahí, como diría el pavo, habían ido bien.


Fueron años en que si bien se suele exaltar que rolaba la yerba, una juventud y una generación, ojalá no la última, se desprendía, o buscaba hacerlo, de sus amarras premodernas y proclamaba la muerte de los convencionalismos, la necesidad de expresarse libremente, el rechazo a la mentira, y la instauración de una justicia real y extensiva.


Esa juventud, en México, fue de la noche a la mañana obligada a envejecer, y su gobierno sin conciencia de ello condenó al país a vivir en el espasmo, el error y la falta de ilusiones e imaginación. México cometió el peor crimen en su historia y lo hizo contra sí mismo, anulando su propio futuro.


Porque si bien he dicho que los jóvenes son la potencia no me refiero sólo a la fuerza, sino a la posibilidad de ser, a los ideales aún no nublados por las exigencias de la vida adulta en el mundo moderno. Y los jóvenes de aquella época eran lo más cercano a una sociedad democrática, justa, solidaria e inteligente, eran la posibilidad de ser para un país, el nuestro.


2 de octubre de 1968 es una fecha que no se debe olvidar pero que se puede atentar contra lo que significa si se la deja estática como un simple recuerdo o una fotografía.


Esa fecha debe mantenerse viva y lo hará mientras su símbolo siga comunicando: el tiempo en que la juventud era un proceso intensivo, en que la juventud aún creía y era capaz de aventurarse al camino pero con los ojos bien abiertos, una imagen que debe mover a la pregunta para pasar a la propuesta masticada desde las entrañas, sobre todo de los más jóvenes.


Por eso, podemos decir que México agoniza desde aquel día. El tiro de gracia se llama olvido, el antídoto, juventud.

27.8.08

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Escribir me enferma

A wevo, padrino, de Mario González Suárez




Para el escritor mexicano Mario González Suárez, la literatura es una indagación pesada que exige al escritor no ser ingenuo sino valiente para aproximarse al abismo de lo real, aún sabiendo que la consecuencia física de este ejercicio es enfermar.


Sobre la escritura de su última novela, A wevo, padrino, menciona que "hace años yo trabaja de noche, fumaba y bebía mucho. Pero ahora todo lo he hecho en la mañana, con la luz del sol". Y es que "tiene partes que son muy macabras y muy fantasmagóricas. Y prefería tener la luz del sol para resistir todo lo que estaba viendo al escribir una novela así”.


Por eso ahora "me voy a dedicar a descansar y a trabajar en un proyecto fotográfico. No quiero saber de literatura por un buen rato. Me dejó exhausto, me dejó muy harto”, comentó.


Agregó que no podría volver a escribir una novela como ésta, “porque te destroza todo”.


“Cuando acabé una de las versiones de esta novela terminé en el hospital con una infección intestinal”, producto de la tensión física al momento de escribir.


Nada ingenua, A wevo padrino, es una épica que relata las gestas internas del mundo del crimen y sus repercusiones en la vida de un individuo.


Ese “tema” es naturalmente épico, lo que le permitió explorar la parte heroica. “Yo creo la primera exigencia que tiene un escritor es una exigencia ética, una exigencia literaria, no ser ingenuo y esto significa no creer que el mundo está dividido en buenos y malos”, lo cual implica asumir una postura crítica y no indiferente.


“Este mundo maniqueo, hipócrita, de los medios, supone que hay unos que son buenos y otros que son malos”.


“Ser maniqueo, ser manipulador, ser hipócrita, eso es ser ingenuo y pensar que hay una rayita que permita distinguir lo negro de lo blanco. Yo creo que la sociedad como las personas somos mucho más complejas”.


El narrador de la novela, el héroe, es muy silvestre pero muy sensible, un hombre que anda al ras de piso, que viene de ahí abajo y que padece los avatares del mundo y el México actual tan violentos.


A wevo padrino también es una indagación sobre el destino, en la que los personajes tienden a hacerse preguntas sobre el sentido de la vida y sobre cómo han llegado a donde están.


González parte de lo inesperado o las trampas de la vida para investigar cómo todo esto conduce a un individuo sensible y con ganas de superarse, a encontrarse atrapado y sin salida en el mundo del crimen organizado.



A la manera de varios autores para quienes la novela es una investigación y una indagación sobre la vida y sobre la realidad, González cree que “estas indagaciones forman parte tanto del carácter del artista como de la justificación del arte”.


“Para mí es importante como artista tener un compromiso ético de no suponer que es real lo que nos venden como tal el poder político y los medios de comunicación”.


Y de esa manera explotar las formas no convencionales de abordar la realidad. Por lo mismo, Mario González hace uso de la oralidad para construir el cuerpo léxico de esta novela, y se permite escribir las palabras como suenan, intercalar continuamente “groserías” en la narración y aprovechar la w, una letra olvidada por la norma oficial.


“Hay escritores que son intelectuales y otros que son artistas, el que es intelectual cree que sabe cómo es la realidad, comulga con la realidad que dan los medios y tarde o temprano” asume el discurso oficial.


Por su parte, “el artista no sabe lo que es la realidad y este reconocer que desconoce el entramado de la realidad es lo que lo obliga a indagar acerca de cómo está hecho el mundo” y cuál es el papel del hombre dentro del mismo.


A wevo, padrino es una novela cercana al público por ser “una historia entretenida, emocionante, una historia de aventuras", que también tiene la facultad de contar una cosa por arriba y otra por abajo. "Por arriba es muy ligera, por abajo es muy densa".


Superficialmente es una novela sobre la violencia y el crimen, en la que pasan muchas cosas. Por abajo es una aproximación violenta pero muy divertida a las entrañas del abismo.