“Es hora de que comience la era de la literatura. Ya no es suficiente la libertad política; se debe promover un nuevo clima espiritual” recuerda el filósofo Rob Riemen haber escuchado de Elisabeth Mann, unos meses después del fatídico 11 de septiembre de 2001. Esto en su libro Nobleza de espíritu: Una idea olvidada (Pértiga, $158).
14.12.08
Nobleza de espíritu, Rob Riemen
Etiquetas: civilización y barbarie, crítica, escritores, Flujo de existencia, moderno
8.12.08
México estúpido y violento
La violencia de nuestros días es una violencia vacía, sin sentido, alimentada por un Estado de montaje maniqueo y por una lógica del deseo exacerbado y ligereza de pensamiento.
Este fenómeno lo registran innumerables obras narrativas que retratan sociedades violentas y degradadas como la nuestra, el México de los miles de ejecutados que se contabilizan como en película de acción; la cifra oficial del año, más de 4,000 y casi 800 en octubre, parecería tomada de Hot shots!, la dominguera parodia hollywoodense protagonizada por Charlien Sheen a inicios de los 90.
Pero más allá de parodias, los sicarios, dealers, delincuentes, jóvenes de carne y hueso, no las caricaturas diseñadas por el poder político en sus millonarios spots televisivos, son resultado de la degradación social de países como el nuestro, sociedades que lo único que garantiza a estas personas, en su mayoría jóvenes, adolescentes e incluso niños, es maltrato, desprecio, sufrimiento y frustración.
Recientemente, el escritor mexicano Sergio González Rodríguez, publicó la novela El vuelo (Mondadori, 2008), en la que Rafael Asunción Vizcaya, personaje principal, es un joven que azarosamente se ve inmerso en el negocio del tráfico de drogas y poco a poco será rebasado de forma inconsciente por las prácticas al interior del mundo del hampa. No es del todo un hombre sin problemas ni meramente adaptable a las condiciones porque mantiene cierta reflexión, lo que lo hace conservar una parte importante de su dimensión “humana”.
Esta novela representa la interiorización individual de un drama social, y de una crisis global, hoy fuera de control. El drama de un individuo en específico que refleja la génesis de un problema mayor: una crisis cultural, una crisis de la civilización.
“En México se ha creado una narrativa en los últimos 15 años que describe episodios muy significativos de violencia; ha habido una explotación muy intensa del tema. Pero la mayoría responde a una inmediatez o a un registro meramente lingüístico. Pero yo creo que hay un drama profundo de la sociedad y de la cultura, de por medio”, dice Sergio González Rodríguez.
“Estamos llegando a una situación que la mayoría de la gente no quería observar pero que se veía venir. El índice de impunidad de los delitos en México es tan alto (99%) que ya no podemos presumir que vivimos en un Estado de Derecho o en una democracia, sino en una sociedad tremendamente corroída en sus instituciones políticas por la corrupción del narcotráfico”, agrega el escritor. La corrupción como norma de conducta en una sociedad que ha perdido todo sentido, toda lógica y toda posibilidad de entendimiento y solidaridad.
Sabemos que los sicarios son la base de la arquitectura piramidal del sistema de libre mercado pero no entran en la lista de los beneficiados por éste; por lo tanto no les queda de otra más que recurrir a la violencia física para sobrevivir y a la ilegalidad para obtener la movilidad social tan anhelada, sin importar el alto riesgo que corran.
Dentro de un mundo en el que la cultura del espectáculo, la seducción y el hedonismo son inevitables y el hambre aprieta, los sicarios se venden al mejor postor. Por eso, suscriben un nuevo pacto fáustico ante la inoperancia del contrato social enunciado por Juan Jacobo Rousseau, un pacto derivado del nuevo paradigma económico de libre competencia.
Dice Frederic Jameson, en su Lógica cultural del capitalismo tardío, que en los años 60 ocurrió una alteración al interior del capitalismo clásico que dio origen a una nueva lógica cultural, potencializada asimismo por dos fenómenos: por un lado, la conciencia sobre los límites de la explotación de la naturaleza y, por otro, la Revolución Tecnológica e Informática que provocó la aceleración del tiempo y la reducción de la duración en todos los ámbitos de la experiencia humana.
El fenómeno de la velocidad tan valorado en nuestros días ha tenido consecuencias enormes en nuestra forma de hacer civilización, de ser humanos, de entablar relaciones, de tener sueños, metas y aspiraciones. Como ejemplo pensemos en que para nuestros padres y abuelos, la duración y el compromiso eran valores, mientras que para los jóvenes, y sobre todo para quienes ahora son niños, las cosas no duran, el compromiso no existe.
Hoy se piensa que es mucho mejor mientras más nuevas sean nuestras relaciones, nuestros objetos, nuestras naderías, porque los objetos caducan pronto, es decir, no tenemos tiempo de sentir afecto por nada, dado que tal cosa toma tiempo. La lógica dice que pasemos a lo que sigue sin reflexión alguna, por lo que cultivamos en nuestras vidas, a cada momento y de manera reiterada e inconsciente, la indiferencia.
Por eso, nos vemos extraviados en patrones que nos resultan reprobables pero que a la vez nos resultan irrenunciables, como una obsesión parecida a la neurosis por lo superficial, la pérdida de las dimensiones de rigor intelectual y la muerte del pensamiento, además de un nuevo subsuelo emocional que promueve el culto por lo efímero y por la euforia, fenómenos adyacentes al consumo.
Ahí se inscribe el nuevo pacto, el pacto de los sicarios y traficantes del narco, quienes han dejado de pensar en el futuro para tratar de vivir en un ahora, un presente, peligroso pero en el que son amos y señores.
Y por eso surge una violencia “vacía”, propia de una realidad que parece haber rebasado la ficción y generada por un nuevo tipo de ser humano, del que dan cuenta la literatura y la narrativa de nuestros días, en los espacios relación y conciencias de personajes como Alexis o Wilmar de La virgen de los sicarios (Fernando Vallejo); Zé Pequenno y los demás niños y adolescentes de Ciudad de Dios (Fernando Meirelles); Octavio, y los demás apostadores de peleas clandestinas en Amores perros (Alejandro González Iñárritu); la ligereza mental del anónimo protagonista de la novela A wevo, padrino (Mario González Suárez) y la corruptibilidad de Rafael Vizcaya en El vuelo (Sergio González Rodríguez), por citar algunos ejemplos.
Si las antiguas sociedades jerárquicas oprimieron las fuerzas vitales a través de sus rígidos sistemas ideológicos y del aparato del Estado que los impusieron, las sociedades de hoy están perdiendo su vitalidad por medio de su hedonismo demasiado permisivo: todo es posible, aunque descafeinado y despojado de su esencia.
Así, nos podemos explicar el anything goes, el ‘todo se vale’, el ‘todo se puede’, visible en estas narrativas, que es la ley en esta nueva configuración del espacio urbano, marcado por luchas clandestinas; disputas por el poder delictivo en una zona específica; matanzas entre sicarios por las plazas de distribución de estupefacientes.
Narrativas que reflejan las contradicciones internas de nuestros países latinoamericanos, contradicciones dentro de las que es posible encontrar la más rampante desigualdad, caldo de cultivo perfecto para la envidia, la resignación, la desesperanza, la venganza, la justicia por propia mano, la inseguridad, el miedo, el resentimiento social, y la eventual violencia vacía de nuestros días.
Y además todos esos personajes son de alguna forma víctimas: de la violencia, a menudo de su propia violencia; de su entorno social; de la pobreza e incluso de la riqueza; víctimas de sí mismos, de sus sueños, de sus engaños y autoengaños; de su modo de vivir
Por eso para muchos escritores, una de las pocas herramientas que continúan alimentando la empatía en nuestros días será la literatura de ficción “que intenta ser realmente profunda”, como dice Jorge Volpi.
La lógica neoliberal que envolvió y promovió el descrédito de la solidaridad para promover el de la competitividad a mansalva, aunado a la levedad en las relaciones y la ausencia de preguntas sobre la realidad, ha propiciado que “más que el egoísmo, siempre presente y ante el cual no hay nada que hacer, este ya no sea capaz de transformarse en una identificación con el otro” continúa Volpi.
El puente que nos comunicaba con los demás seres humanos es el puente que los sicarios de la vida neoliberal han venido a develar como imposible: el de una vida personal significativamente integrada en la vida comunitaria y en la historia, el del entendimiento y empatía entre los seres y el del peso del bien común por encima del interés personal.
Además, la muerte del pensamiento y el anquilosamiento y retirada al conformismo social enferman a las esferas intelectuales, los escritores canónicos, cada vez más apartadas de la sociedad real y haciendo de la literatura una mercancía más, elevando el libro al nivel de fetiche y perdiendo toda su densidad clásica, su materia: los temas se vuelven pretextos de ventas de acuerdo con la coyuntura.
Hoy en día, los temas de siempre, que son los temas viejos en una cultura que ha ennoblecido lo novedoso, se convierten en temas caducos. Lo trágico es que los temas de siempre, la materia del novelista, eran los sentimientos humanos, las experiencias personales de individuos reales ficcionalizados.
Entonces, la labor de denuncia producto de una indagación feroz sería una interesante apuesta para la literatura en sociedades como la nuestra: una inmersión profunda en la realidad, así como en los abismos internos y oscuros, las “potencias infernales” del alma humana.
De este modo, denunciar o mostrar sería la forma de “no ser ingenuos, lo que significa no creer que el mundo está dividido en buenos y malos”, como dice el también escritor mexicano Mario González Suárez.
Pero la ‘gente’ institucional, del poder, ha preferido la simulación, pensando que es mejor vivir en el engaño. Y han construido mentira sobre mentira, sin darse cuenta o sin querer hacerlo de que al alimentarla han llevado a la sociedad y han llegado con ella a un estado kafkiano de confusión y extravío.
Hoy en día la violencia es mecánica, falta de reflexión, vacía porque la forma de producir sociedad (capitalismo neoliberal) y de producir realidad (mass media al servicio del poder) ha privilegiado la ligereza mental y ha conducido al ser humano al conformismo televisivo. La violencia de nuestros días es vacía porque nuestros contenidos sociales, en tanto relaciones y estructuras mentales, son ligeros, fugaces y caricaturescos.
27.11.08
Tecnocultura, de Naief Yehya
La nueva ópera es el videojuego
Los videojuegos son la nueva ópera porque conjugan varios elementos como acción, drama, narrativa, música y gráficos de una complejidad tal que el periodista Naief Yehya confiesa quedarse anonadado: "No puedo jugar, no sé en qué cabeza cabe crear esa complejidad", dice en entrevista al respecto de la publicación de su nuevo libro de ensayo Tecnocultura (Tusquets,$279) en el que reflexiona sobre cómo las nuevas tecnologías a una velocidad acelerada han modificado la forma en que el ser humano aprehende la realidad.
"Lo impresionante no es solamente la resolución, sino también que esos videojuegos son, la mayoría, hipercomplejos. Hay videojuegos que están creados de manera conductiva pero otros no, esos se disparan al infinito, de forma que no sabes hasta donde puedes a llegar, como el caso del videojuego Sim City que me parece maravilloso porque es un terreno que tú defines y no encuentras límites."
"Así como el cine empezó siendo un teatro filmado hasta que adquirió un lenguaje propio para convertirse en un arte, yo creo que estamos ante medios que están al borde de eso, que estamos viviendo ese momento fabuloso de transición y es un gran privilegio poderlo presenciar."
"Con la aparición de Internet se dio un regreso a la palabra escrita. La gente volvió a escribir, sobre todo los chavos, ya no por obligación de hacer la tarea sino por pura voluntad. Ellos empezaron a crear un lenguaje e incluso a desarrollar una especie de tipografía cibernética al crear nuevos códigos que se han vuelto universales. Nosotros, los más grandes, esto lo hemos visto con pavor y hemos dicho: ¡Es el fin de la cultura! ¡Se acabó la literatura! Pero siento que ellos están creando su propia cultura y literatura, están estableciendo nuevos paradigmas y qué bueno que sea así."
"Hoy en día, las generaciones más jóvenes simplemente tienen un mejor entrenamiento al respecto del multitasking, al respecto de vivir sumergidos en este estado de atención dividida. Ya la noción de enfoque que tienen es completamente diferente a la nuestra, por lo mismo se relacionan de forma diferente con la cultura y con las personas."
"Sin duda, esa condición de la atención dividida va a ser uno de los elementos principales de un nuevo hombre que parece confeccionarse en este inicio de siglo, un ser mediatizado que nosotros ya empezamos a ser de algún modo, aunque guardamos bastante nostalgia."
Los jóvenes están creciendo y cada vez más con una serie de tecnologías "incorporadas" a su cuerpo, como si fueran tentáculos. Las que en su libro llama "tecnologías transparentes", entre las que se cuenta los teléfonos celulares, ya indispensables para nosotros.
La tecnología se ha metido en la vida privada, hasta el espacio íntimo de los individuos. Yehya menciona en el libro, “Internet nos ha conferido un poder sin precedentes sobre la información pero a la vez nos ha convertido en sujetos permanentemente vigilados”.
"Además, el proceso tecnológico es complejo ya que por un lado existe un consumo feroz, y, por otro, una dependencia de lo que estos servicios nos proveen, generando adicción a ver el correo, las noticias, conectarnos al Messenger, actualizar nuestro Facebook", dice el entrevistado.
"Esta dependencia es una patología ya que afecta todas las relaciones que entablamos con el mundo y con otras personas."
"Sin embargo, tienes esta enorme riqueza que te ofrece el poder acceder a información y entretenimiento, y encuentras oportunidades de conocerte y desarrollarte que antes no tenías". Aunque, como acepta en el libro, actualmente "vivimos obsesionados por entretenernos hasta la muerte".
"A nuestro cerebro le gusta tener estos estímulos y qué mejor que dárselos, porque los estímulos también son aprendizaje. Quién sabe, a lo mejor las dos plataformas, la real y la virtual, son igualmente válidas y ¿por qué no? tal vez la virtual lo es más. Y si es así, cuando crees estar sometido, a lo mejor no tanto. Creo que también tienes una posibilidad para nutrir la ilusión y los estímulos."
"Debemos considerar que somos los animales que han creado tecnología y cultura y que nos hemos relacionado con estas desde que somos seres humanos porque el hombre no podía subsistir sin las herramientas. Pero cuando la tecnología se convierte en algo epidémico y epidérmico, es cuando nos convertimos en una sociedad tecnocultural."
Tecnocultura es un libro que intenta "combatir los prejuicios y exorcizar los fantasmas que elaboramos alrededor de las tecnologías. Lo cual es difícil de hacer, ya que en nuestra época, la tecnología se ha transformado en un fin en sí mismo, y ha perdido en parte la noción de utilidad para adquirir este elemento sexy, vanguardista, elegante, que denota estatus y poder y que todos queremos tener."
"Si bien la promesa de la tecnocultura ha sido desaparecer todas las dudas;en el fondo sabemos que las grandes respuestas siguen lejos de nuestro alcance."
Etiquetas: crítica, escritores, imperio de lo efímero, periodismo, Realidad, siglo xx, Simulación, sociedad teledirigida, Tecnología, vida
Revista de libros, digitalizada
Monsiváis: Me imaginaba el paraíso como una Biblioteca
"Haste digno de poseer lo que heredaste de tus padres” dice Goethe en Fausto, según Carlos Monsiváis, quien al aplaudir el lanzamiento digital de la prestigiada publicación madrileña, Revista de libros, mencionó que ante el hecho de que en la red convergen el porvenir y el presente se debe ser responsables.
"Yo que me imaginaba el paraíso como una biblioteca; hoy los jóvenes se lo imaginan como una PC”, dijo.
Revistas como ésta han hecho un uso inteligente y responsable de las herramientas de Internet, lo que no es raro en Revista de libros, pues “ha sostendo una tarea crítica de primer orden”, mencionó el periodista.
“Revista de libros pertenece ya a otra etapa. Hoy en día, el diálogo trasatlántico se ha enriquecido”, alimentado en gran parte por los nuevos recusos tecnológicos.
Se ha enriquecido gracias a que ésta es “una de las principales revistas que se preocupa por las novedades hispanoamericanas”, dijo el escritor Juan Villoro, quien además mencionó que “ha facilitado una discusión con el fervor de la crítica entre especialistas y lectores de libros, mediante una amplia variedad de temas; de la cocina a la religión, pasando por la política, la ciencia y la economía”. Menos nostálgico que Monsiváis, confirmó que las revistas hoy en día son los puntos de encuentro entre lo actual y lo tradicional y permiten una apertura tanto hacia el futuro como hacia el pasado.Finalmente, Álvaro Delgado-Gal, director y creador de la revista, mencionó que “los libros son como una coartada para aproximarnos a la cultura y para abordar temas de interés general”.
“El objetivo principal de la edición digital es fomentar la presencia en la red de contenido de calidad en español, en lo que representa una apuesta por la innovación mediante una iniciativa única en el ámbito cultural hispano”, afirmó.
Revista de libros funciona con base en reseñas elaboradas por especialistas en temas diversos sobre novedades bibliográficas que pueden agruparse para abordar un tema, un autor o un libro en específico. Tiene 12 años de existencia y busca expandir su espectro temático, cultural y de autores. Cuenta con más de 5,000 artículos realizados por especialistas de todo el mundo, los cuales pueden consultarse vía suscripción en www.revistadelibros.com en Internet.
Etiquetas: crítica, escritores, literatura
25.11.08
After Dark, Murakami
La vida en su expresión más espontánea, más fiel a lo real, se encuentra y se produce donde menos te lo esperas, en lo cotidiano, esta es la única certeza dentro de varias dudas que nos quedan una vez terminada la lectura de la nueva novela del gran escritor japonés Haruki Murakami.
Después de bajar en cámara rápida hacia los barrios bajos de Tokio, el lugar de la disección vital de Murakami, quien con aguda descripción detalla lo fundamental y con una facilidad impresionante narra secuencias tan cercanas a lo cotidiano, nos presenta en su novela, After Dark (Tusquets, $199), el viaje iniciático, a la vez cinematográfico, nocturno y musical, contado en tiempo real y con tintes paranormales, de una joven de 20 años extraviada y confundida, quien reflexiona, casi en secreto, en torno de su condición de extravío y confusión; sabe que lo está pero desconoce la causa.
Son las 11:56 p.m., Mari se encuentra al interior de un merendero antes de lanzarse a la oscuridad de esta noche voraz y reveladora. Sudadera gris con capucha, pantalones de mezclilla, tenis viejos de color amarillo, piel blanca, cabello negro lacio y largo. La primera contaminación de la normalidad será un guitarrista de jazz, quien al entrar al café le pedirá permiso para acompañarla. Curiosamente, este chico es un antiguo conocido de su hermana Eri, la cual duerme, desde hace algunos meses, un profundo sueño que el narrador nos describirá hasta donde le sea posible, pues sólo alcanza a bordear los límites de la intimidad, respetada hasta en los personajes de papel.
Mari es tímida pero no parece tener atisbo alguno de temor; ha crecido a la sombra de su hermana, modelo de pasarela, y no está muy interesada en mostrar el más mínimo rastro de su fuero interno, ni el más silvestre o espontáneo gesto, mucho menos el más sincero, el más bello: una sonrisa.
Este viaje iniciático la llevará a buscar las causas de su extravío, de la extraña experiencia que impide despertar a su hermana y del momento en que el lazo entre ellas llegó a tal grado de tensión que actualmente pende de un hilo. Viaje paradójico porque será casualidad y destino al unísono.
Este viaje iniciará al interior de Denny’s, cuando charla con el joven músico a quien parece agradarle. Continuará más tarde en un lov-ho, motel de horas, llamado Alphaville, como la película de Godard, al que llegará no para romper el himen ansioso sino como intérprete de una prostituta china que no habla japonés y que se encuentra en shock, pues un cliente la ha dejado golpeada y desnuda en una de las habitaciones del motel; más adelante, Mari intimará con las prostitutas llegando a conocer algunos de sus secretos más personales.
Por último, una simple conexión, espontánea pero a la vez reveladora, una especie de destino que esperaba el momento correcto para manifestarse gracias al timbre del teléfono en un cuarto del love-ho. ¡Quién diría que la revelación llegaría en ese instante para compartírsela a un desconocido en plena madrugada! Así, pues, los desconocidos le serán más familiares que sus consanguíneos y la harán reencontrar el pulso de lo vivo como reflejo de sí.
La música del bajo mundo, literal y figurativamente, los deseos e intereses más primarios del ser humano, así como los omnipresentes 7 eleven’s del mundo occidental plantados en la capital japonesa, acompañarán las casi siete horas de lectura que el glorioso tiempo real de nuestra época ha podido contabilizar.
El tiempo real trasladado a la literatura, hasta aquella experiencia que podía extenderse por días, semanas y meses, incluso años. Pero que por la precisión del tiempo lineal se transforma en reflexión a dos manos, lector-autor, autor lector, para convertirnos en Mari o regalarle nuestro cuerpo y, siendo ella, desnudarnos frente a la cama de Eri para nadar en sus sábanas asiéndonos a su cuerpo tibio y hermoso, mientras intentamos diluirnos con ella en un abrazo, el que se nos había olvidado, el que dejamos en un recuerdo difuso, el que junto con ella pueda hacernos finalmente despertar al compás del jazz de Curtis Fuller, Five Spot After Dark.
Etiquetas: escritores, literatura, novelas, oriente, vida
11.11.08
Jorge Volpi y El jardín devastado
"Después de jugar con la formulación de Sartre ‘el existencialismo es un humanismo’ llevándola al absurdo, obtuve otra: ‘El terrorismo es un humanismo’”, dice en entrevista el escritor mexicano Jorge Volpi, a propósito de la publicación de su más reciente novela, El jardín devastado (Alfaguara, $189).
“El terrorista no diferencia entre las víctimas. Todos somos iguales ante él. Visto como humanismo, éste es un antihumanismo en realidad” porque atenta contra la propia vida humana.
La actual crisis financiera, afirma Volpi, pasará a la historia como la comprobación del fracaso del sistema neoliberal, comandado por EU, que instauró el descrédito de la solidaridad y de la hermandad, una lógica que ha descompuesto nuestras propias relaciones íntimas, pues ante el egoísmo no se puede hacer nada.
“Hoy en día el egoísmo no es capaz de transformarse en esa identificación con el otro”.
"Sin embargo, estoy en absoluto desacuerdo cuando los escritores dicen que las novelas no sirven para nada. Si no sirvieran para nada no escribiríamos ni se publicarían tantas novelas”. La novela tiene una función social.
“La literatura de ficción que intenta realmente ser profunda es una de las pocas herramientas que en nuestros días pueden alimentar la empatía”. Para llegar a ella es preciso inspeccionar en lo que nos hermana, los sentimientos oscuros y escondidos, el abismo, ese aspecto insondable de la vida humana, nuestras pasiones y deseos más primarios, nuestras pesadillas y demonios.
“Hay que mirar el abismo a los ojos, aunque esto es muy difícil; por lo mismo no siempre se puede”. “En esta novela quise explorar esa parte oscura de nuestra época y también de mí mismo. El resultado ha sido una descripción de los aspectos humanos desde su visión más negativa”.
“Y creo que es saludablemente tener esa visión”, porque te das cuenta que en la naturaleza humana siempre “está latente la posibilidad de la destrucción”.
Además, “quería hacer una exploración narrativa del dolor propio y de la indiferencia ante el dolor ajeno, mediante una mezcla de memoria, ficción y aforismos. Intenté arriesgarme a algo que no había hecho nunca: por un lado, esa exploración de suma precisión del lenguaje y, por el otro, mezclar géneros distintos".
El jardín devastado cuenta la historia de un intelectual que llega a México después de una temporada en Estados Unidos y una historia paralela sobre una de las tantas víctimas de la guerra de Irak. “Con respecto a Irak, es evidente que hay experiencias que nos resultan familiares y si en México empezamos a llegar a cosas como las de Morelia, de pronto se parecen más”.
El título es metafórico en varios niveles: “La primera metáfora es la más obvia porque se supone que el Jardín de Edén estaba en Mesopotamia, hoy Irak, jardín que termina devastado. Pero también es una metáfora de los jardines interiores, el jardín es la naturaleza domesticada, es la intención de civilizar a la naturaleza y esa naturaleza civilizada de repente es arrasada por el propio que quiere civilizarla”.
“Yo, como el narrador de la novela, llegué a México después de 10 años para encontrar un país brutalmente dividido, enfrentado, lleno de rencor, después de un momento muy brillante en el 2000 cuando parecía que todo mejoraría. Seis años después habíamos dilapidado por completo las esperanzas del 2000”.
En el país que heredó Fox, “parecería que cada quien tuviera un pizarrón para ir anotando cuántos muertos ha habido del narcotráfico, como si se tratara de establecer récords”. “Pero el fenómeno del narco hay que entenderlo globalmente. Este puritanismo de lucha feroz contra las drogas a los únicos que beneficia es a los productores y distribuidores. Uno puede combatir la producción pero eso no acabará con el consumo, lo único que hará será limitarlo y si acaso encarecer el producto.
“Mientras la lógica global, dirigida todavía por EU, no quiera encontrar una salida distinta, seguiremos en esta situación que sólo genera más violencia”.
Etiquetas: desencanto, escritores, literatura, siglo xx, vida, violencia
8.11.08
Bonifaz Nuño, 85 años
El poeta y traductor Rubén Bonifaz Nuño recibió el miércoles 5 de noviembre la Medalla de Oro de Bellas Artes, de manos de María Teresa Franco, titular del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), y mencionó que la recibía con sentimientos encontrados; por un lado, orgullo, por recibirla ante el rector de la UNAM, y humildad, porque sólo encuentra una razón: por desgracia, haber vivido mucho tiempo, 85 años.
Etiquetas: diana, escritores, literatura, Octavio Paz, poesía, vida
22.10.08
Guillermo Samperio: prefiero tener muchos estilos
Cuarenta años han servido para explorar y llevar al límites los estilos narrativos en la literatura de Guillermo Samperio, quien prefiere ser un escritor poli estilístico a un escritor con una manera particular de escribir.
"No me gustaría hacer lo que otros escritores que siempre escriben igual como García Márquez o José Saramago, quien además escribe como Vargas Llosa en los años 60, y ganó el Nobel por negociación política.
"Yo prefiero la diversidad, o sea, tener muchos estilos", dijo Samperio con motivo del homenaje que recibió la noche del martes en el Palacio de Bellas Artes.
Música, narrativa escénica e imágenes poéticas fueron el aderezo de este homenaje con motivo de los 60 años de vida de este escritor, 40 dedicados a la literatura "en cuerpo y cama", según palabras de Ana Clavel.
En el evento, la hermana del escritor, la mezzosoprano Pastora Sarmiento, interpretó un par de temas de William Samperio, su padre. Además, la simpática narradora oral escénica, Mercedes Hernández, contó a los presentes "Estación fatal", cuento del homenajeado, quien dijo "nunca había sido moderador de mí mismo".
En la mesa acompañaron al escritor sus amigos Víctor Roura, Ana Clavel, Silvia Molina y Hernán Lara Zavala.
"Ser hijo de un músico y compositor fue el principio genético de mi escritura. Salvador Novo, Alfonso Reyes, Julio Torri son los pilares y, en especial, Martín Luis Guzmán".
Comenzó a escribir "cuentos, que con un poquito de experimentación, fueron saliendo en racimo. A esto le llamaba Lezama Lima dinámica oscura", oculta, como su más reciente libro de cuentos, La guerra oculta, que sus acompañantes comentaron.
Ana Clavel mencionó que en dicho libro "cualquier fantasía se vuelve realidad literaria, lo mismo un capítulo apócrifo de Rayuela que una parodia hidalgo quijotesca con tintes perredistas".
Hernán Lara Zavala dijo: "el que fuera joven y brillante cuentista identificado con Gogol, Poe, Kafka, Walsh, Meneses, Cortázar y García Márquez, es ahora el hombre maduro que mira el mundo con los mismos socarrones ojos pero ahora cargados de experiencia".
"Entre los temas aborda uno muy importante: el absurdo de la vida y la vida del absurdo", mencionó Zavala.
Silvia Molina, por su parte, le dijo: "Con La guerra oculta has hecho tu propia radiografía y la de la sociedad que te ha tocado vivir. Nos muestras tu propia estética intensa y audaz".
Samperio, emocionado, dijo estar enfermo y a unos pasos de la vejez, por lo cual agradeció a los asistentes.
Etiquetas: cuento, escritores, literatura
13.10.08
Los gérmenes del narco
Las décadas de los 60’s 70’s marcaron el fin de una civilización revelado en un doble sentido: la conciencia ecológica en torno de los límites del crecimiento y la aceleración del tiempo aunado a la gran Revolución tecnológica.
Dentro de este doble fenómeno se iría perfilando la liberalización de los mercados, se diversificaría la producción de racionalidades, es decir, los puntos de vista distintos sobre la historia, además el avance de la globalización poco a poco borraría las fronteras, para generar ahora un nuevo modo de producir sociedad, marcada por el ritmo del poder militar de los Estados Unidos, es decir, una nueva etapa del capitalismo, más salvaje.
Así pues, en los 60’s-70’s el mundo experimentó un giro radical que marcaría el futuro de la humanidad, el futuro aciago al que en estas horas nos aproximamos con la total certeza de que es sumamente incierto, porque en la competencia especulativa de los mercados se marca el ritmo de las sociedades de nuestros días.
Un símbolo de esa transición de civilizaciones sería el Sputnik, que daría la vuelta a la Tierra por primera vez; otro símbolo es el crecimiento de actividades delincuenciales con alcance intercontinental, como el narcotráfico.
Y la aparición de nuevas categorías en torno de los inicios del neoliberalismo: liberación del individuo y atenuación del pensamiento, nutrimentos centrales del hampa y el crimen.
En esa coyuntura mundial es donde parte la historia de El vuelo (Mondadori, 162pp), la más reciente novela del escritor y periodista mexicano, Sergio González Rodríguez.
La novela cuenta la vida de Rafael Asunción Vizcaya, un joven que azarosamente se ve inmerso en el negocio del tráfico de drogas y poco a poco, sin darse cuenta, será atrapado por ese remolino ante el cual es impotente. Un remolino que también es una bola de nieve porque un hecho simple, una vaga concesión por parte de este personaje, lo convertirá en avalancha. Esa vida “cómoda” a la que habrá accedido, finalmente lo llevará a reaccionar de un forma violenta mostrándose así en su complejidad y amplitud netamente humana.
Rafael Asunción Vizcaya es un muchacho común y corriente, de 30 años, que le gustan los toros y el box, nunca ha consumido ni consume drogas pese a ser traficante de cocaína y su libro de cabecera se llama El despertar de los dioses.
En el desarrollo de la novela podemos descifrar un ambiente de negocios que se mostrará en su caótica red de interacciones, en las que se encuentran todo tipo de intereses, luchas por el poder, códigos de honor y traiciones, hombres poderosos y vasallos, países pobres y ricos, consumidores o productores, fronteras ficticias y degradación institucional, social y gubernamental. Algo que se parece mucho al México violento de nuestros días.
Si bien el narcotráfico es el sustento que da pauta a la obra, no es el único tema de la novela. El planteamiento de la misma es mucho más complejo, porque si bien es una crítica a la sociedad que desculpabiliza la esfera del placer y banaliza la reflexión en torno de los efectos de las drogas y es una crítica al poder que ha amparado al crimen organizado y facilitado el andamiaje de una delincuencia formalmente aceptada al interior del propio sistema, también es la interiorización individual de un drama social que hoy cobra particular vigencia.
Es el drama de un individuo concreto, con nombre y apellido, determinado hasta cierto punto por su entorno inmediato y por las condiciones que se ve obligado a enfrentar.
El drama interno de ese individuo concreto se revelará en su incapacidad para entender lo que está pasando a su alrededor, una especie de Joseph K pero que ahora hace las cosas por inercia, ya no es el individuo que se cuestiona para entender, es el hombre que no puede liberarse y se conforma con sufrir menos. Curiosamente él no se evadirá por medio de la droga. Pero sí será un facilitador de esa “dicha efímera y al alcance de la mano” (SGR, p25).
Sergio González, con El vuelo, aporta una reflexión no como pretexto coyuntural para buscar un impacto de ventas, sino como una necesidad de abrir todos los sentidos ante un fenómeno que si bien atenta contra la sociedad, es producto y resultado de la misma, de sus vicios y de sus deseos más oscuros, un tema de plena actualidad abordado de forma ejemplar.
Por eso es importante leerla cuando México pareciera estancarse en una barbarie maquillada en los noticieros de televisión que se encargan de montar la ficción que reduce todo a una simple lucha entre buenos y malos, la ficción favorita de melodramas y caricaturas.
Sergio González Rodríguez
El vuelo (2008)
Mondadori
224pp
$161.
8.10.08
Silvia Molina: Escribiendo te das cuenta de que has vivido
En un sobrio despacho repleto de libros sobre historia y política, en donde Silvia Molina desempeña su labor como coordinadora de publicaciones en la Comisión para las conmemoraciones del Bicentenario, el entrevistador le pregunta:
Bueno y con tanto trabajo ¿cómo te das tiempo para escribir?
“Uno encuentra el tiempo. Esta novela la escribí en gran parte en una combi viejita y que brincaba mucho, cuando trabajaba como directora de literatura del INBA, y en el trayecto de mi casa a la oficina abría mi computadora y me ponía a escribir”.
Pero no es por ocio o para matar el tiempo se le haya ocurrido escribir. Si bien los escritores son los más grandes ociosos, el perfil de Silvia no calza con ese prejuicio.
“Soy una abuela muy alivianada. Mis nietos tienen una muy buena biblioteca infantil. Les gustan mucho las historias. Tengo un teatrito con títeres tejidos en el que representamos muchos de los cuentos que leemos”.
“Nos divertimos mucho. Disfruto mucho a mi familia, a mi esposo, a mis hijas y a mis nietos”.
Ok, disfrutas la vida, ¿pero se disfruta escribir?
“Sí se disfruta. Además, escribiendo te das cuenta de que has vivido”.
“Es una especie de inventario, de recuento. Te das cuenta que has hecho muchas cosas y que aún puedes hacer más”.
El inventario es una de las categorías centrales en su nueva novela, En silencio la lluvia (Alfaguara, $169) pues todas las partes que la componen tienen que ver con una etapa en la realización de un inventario: la descripción, el método y los resultados.
“Pero nosotros tenemos un poquito de prisa y no nos detenemos a hacer ese ejercicio”.
“¿Cómo reparar los daños que nos han hecho y que hemos hecho? Las relaciones humanas son complicadas. Uno aprende con los años que las cosas se superan y que el dolor por más terrible que sea finalmente cesa”.
“Se me ocurrió pensar qué pasaría si una pareja hiciera su propio inventario” y al concluir su relación o al salir de una vivienda compartida hicieran un corte para ver cómo se entregaban el uno al otro.
La autora cree que es recomendable en las relaciones, sobre todo las de pareja, hacer después de un determinado tiempo una reflexión, y esa es la metáfora del inventario: pensar qué está bien, qué está mal, qué y cómo corregir, si vale la pena mantenerla o ya no.
Se trata de una especie de repaso y evaluación sobre los sentimientos de los implicados. Un examen durísimo que para ser exitoso debe ser a prueba de egos. De lo contrario la reflexión devendrá engaño y el dolor se intensificará ante el fracaso del mutuo entendimiento. Esa intensificación hace que la vida, al menos en ese momento, sea asfixiante.
“Cuando nosotros tenemos un fracaso, del tipo que sea, amoroso, laboral, por lo general, salimos adelante, pero cuando las estás viviendo parece que son eternas y que no tienen solución, y por eso el sufrimiento”.
“Sería muy fácil decir ‘mira eso es cuestión de sufrir dos semanas’. Pero es más complejo”. Por eso la pregunta en la contraportada del libro: ¿Por qué nadie nos enseña a resucitar?
En ese sentido, al abordar en su novela el tema de las emociones habla de aquello que nos hace humanos: “los sentimientos no cambian, siempre que sentimos una pasión la sentimos de una manera idéntica”.
“En realidad En silencio, la lluvia es una búsqueda de los personajes. Mónica se encuentra a sí misma al entender la problemática o el pensamiento de las otras mujeres de la novela”.
“Es la historia de 3 personajes muy distintos: Mónica, una mexicana que va a estudiar a Bélgica un doctorado en Historia del Arte; Catharina de Lovaina, una beguina del siglo XVI que vive en un beguinaje, e Irene, una colombiana que trabaja en la Unión Europea, es mujer muy dinámica, maneja muchos idiomas”.
Mónica, la estudiante, comienza a vivir en lo que fue la casa de una beguina, Catharina de Lovaina, y al sentirse intrigada comienza a investigar sobre su vida.
Los beguinajes eran ciudades de mujeres, no exactamente conventos, que hay en todo el norte de Bélgica, originarias del siglo XII. Las beguinas vivían ahí sin hacer ningún tipo de voto, y por eso podían tener propiedades, trabajar, realizar actividades artísticas como pintar, tocar un instrumento o escribir, cuidar enfermos, educar a los niños.
En silencio, la lluvia es el inventario final de tres mujeres: cómo inician algo en la vida y cómo al final entregan un pasado y pueden verse a sí mismas. Es una reflexión que construye en el silencio.
Etiquetas: escritores, novelas, vida
6.10.08
Enrique Rentería: "soy enormemente lesbiano"
En los ojos de los gatos, un acto de amor
Una vez terminada la conversación que sostuvimos con el escritor mexicano, Enrique Rentaría, arquitecto y guionista de cine (Todo el poder) y fanático de las mujeres, pues se dice enormemente lesbiano, sugiere a nuestra fotógrafa que publique la “mejorcita”. Todos sonreímos. El encuentro ha sido agradable. La literatura nos llevó por donde quiso.
¿Cómo tres mujeres de la misma familia y generaciones distintas, que en su juventud experimentaron cada quien a su manera sucesos tan traumáticos como la masacre del 2 de octubre de 1968 y el terremoto de 1985, pudieron finalmente sobrevivir?
Al cabo de leer unas cuantas páginas de En los ojos de los gatos (Tusquets, $199), de Enrique Rentaría, descubriremos el sentido que tiene el título, pues el autor hace un símil entre las mujeres y su capacidad de supervivencia con las siete vidas que se atribuye a los gatos.
“Esta novela es un acto de amor para las mujeres, soy enormemente lesbiano, prefiero a las mujeres que a los hombres. Los hombres no servimos para mucho”.
“Para mí lo femenino es eso, es esta sobrevivencia. Sobreviven al abandono, a la soledad, se cuidan, tienen a sus hijos.” Mientras que en esta novela, los hombres parecen fantasmas, son evasivos, abandonan, salvo pocas excepciones.
En un fragmento de la novela puede leerse: “Humanos y gatos son los únicos con placenta que conservan sus genes similares a los de la pareja primigenia de su especie”. Además, cada una de las protagonistas tiene un gato que forma parte de una misma ascendencia.
El autor narra la vida de tres mujeres que siendo muy jóvenes tienen experiencias directas en acontecimientos trágicos: Artemisa padece el 68; Casandra, su hija, se embaraza a los 15 años y da a luz a Eurídice en el sismo de 1985. Personajes que tienen la suficiente fortaleza para salir adelante, como los gatos que sobreviven a los sucesos más inverosímiles.
“Es una novela muy juvenil, está dedicada a los que eran jóvenes en el 68, en el 85, y los que son jóvenes ahorita. Ni la última de las protagonistas llega a los 30 años. Pues esa era la única manera en la que podía plasmar esa ciudad viva, no como un recuerdo.”
“Para mí era importante hacer un fresco de la vida de la ciudad en fechas que han transformado esta ciudad, como el 68 y el 85, y esta especie de ambigüedad actual en la que no sabemos qué está sucediendo”.
“Uno no elige estar en una masacre o en medio de un sismo. La vida te pone ahí y tú tienes que enfrentarte a eso y sobrevivirlo. Y estas mujeres lo sobreviven.” Y es muy duro que sean personajes inocentes pues sin querer padecen las consecuencias de eventos en los que no tenían la más mínima implicación.
Son también el símbolo de lo que los gobernantes en México ha querido producir por medio de “la censura que no es censura. Pero los niños les ganan, son más lúcidos que ellos. Hay una costumbre gubernamental para no dejarnos ver las cosas.”
“Puede ser que de alguna manera tengamos una educación y unos gobiernos que nos adormecen, que nos tienen aletargados para que todo nos pase como de noche.”
“¿Cuántos muertos hubo en el sismo? Ellos dicen que 6,000. Todo el mundo, sospecha que fueron más. Algunos que fuimos a sacar escombros del edificio Chihuahua veíamos que había al menos 6,000 muertos solo ahí. En ese sentido nos preguntamos ¿por qué no nos dicen la verdad? ¿No merezco saber la verdad de lo que pasó en el 68, lo que pasó en el sismo o de que en realidad ahorita no pueden con los narcos?”
Por eso se tendría que ir más allá del discurso ingenuo y sin matices. También en la novela guarda respeto a las ideas que son capaces de rendir fruto con el paso del tiempo.
El personaje “Artemisa va creciendo políticamente y llega a decir: ‘el PRI es una puta vieja, el PAN es una puta joven buscando esquina, y el PSUM es una puta inocente que aún no se ha dado cuenta de que quiere ser puta’.”
Lolita se me hizo muy importante porque encarna el anhelo de emancipación en pleno 68 y su ímpetu lo transmitirá a los demás personajes, sobre todo a Artemisa y Félix, quienes ven a su tía preferida, colgada, muerta. Por eso ella representa esta parte política en un amplio sentido. Curiosamente, en ese símbolo de libertad es también la que aleja a los hombres, sólo queda entre sus papales la huella de un amante: N.
“Ella aunque ya no está, va dando línea. Y al final prácticamente revive. Artemisa se da cuenta que las semillas que sembró en ella su tía crecieron en su hija y en su nieta. Así, las ideas de la gente que nos amó y ya no está, de los maestros, etc., germinan y florecen en nosotros.”
Como en V de Venganza, en la que el protagonista dice: “las ideas son a prueba de balas”.
“Las ideas siempre producen algo, sostienen las cosas. Pero también para que surja algo nuevo, hay cosas que se tiene que destruir.”
“La literatura hace que los demás vivan esa experiencia y en unas memorias, los demás visitan esos eventos. En la literatura tú lo vives, el escritor te lo pasa a ti.”
“Lo que pasa hoy (la violencia en México) es real, y eso es lo que deberíamos empezar a retratar.”
“Yo dudo que la literatura cambie alguna cosa. El compromiso del escritor se me hace algo muy mamón la verdad. Pero el escritor tiene que ocuparse de su material, y su único compromiso es con su literatura.”
Etiquetas: 1968, escritores, gatos, límites, literatura, méxico, novelas, siglo xx
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