Alejandro Flores

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14.12.08

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Nobleza de espíritu, Rob Riemen




Dignidad humana: una idea olvidada




Es hora de que comience la era de la literatura. Ya no es suficiente la libertad política; se debe promover un nuevo clima espiritual” recuerda el filósofo Rob Riemen haber escuchado de Elisabeth Mann, unos meses después del fatídico 11 de septiembre de 2001. Esto en su libro Nobleza de espíritu: Una idea olvidada (Pértiga, $158).

Elisabeth Mann Borgesse fue el único miembro femenino del pequeño grupo de personas que fundó el Club de Roma a mediados del siglo pasado, la primera organización internacional en incluir la preocupación ecológica en el orden del día político, preocupación que llevaría casi medio siglo más tarde al político estadounidense Al Gore a recibir el premio Nobel de la Paz.
Dijo ella: «Espero que el 11 de septiembre sirva para que tomemos conciencia de hasta qué punto Occidente, y en particular los Estados Unidos, ha traicionado sus propios ideales… No me caben dudas acerca del mal que se esconde en el ser humano. Sin embargo, también sé que ese mal no se erradica con bombas ni granadas».

Y la fórmula que propone, un nuevo clima espiritual basado en la literatura, parecería una ocurrencia ingenua ante la cultura predominante de nuestros días, neuróticamente visual, si no fuera porque lo dice ella, más que la activista ecológica, la hija y en parte heredera intelectual de uno de los hombres que sintetizan el pensamiento moderno europeo, el pensamiento y el tipo humano que se configuraba a inicios del siglo XX. Ese hombre era el escritor Thomas Mann.

Para ellos, padre e hija, ese nuevo espíritu entendido como literatura significa la vida estudiada y valorada por si misma, en su forma más desnuda y más noble, como un remedio a la tendencia poscapitalista de convertirnos en simples máquinas deseantes dominadas por el poder la seducción y el encanto de los diseños visuales y la velocidad de las tecnologías computacionales.


Por eso, Rob Riemen a partir de aquella conversación escribe Nobleza de espíritu, un libro de gran profundidad intelectual y espiritual, en tanto dimensión del intelecto, cuya motivación es la búsqueda inagotable de lo que es el ser humano en su dimensión más compleja, la que integra todos los aspectos de la vida humana, incluso los que nos parecen más “inhumanos”, y la manutención de la empatía como remedio ante la indiferencia y aproximación a una nueva barbarie que asoma las barbas en nuestros días.

“¡La nobleza de espíritu es el ideal sublime! Es la realización de la verdadera libertad. Sin ese fundamento moral no puede haber democracia ni mundo libre… es la encarnación de la dignidad humana”, decía Elizabeth.


“El horror del 11 de septiembre debería hacer ver a todos que se halla en peligro nuestra dignidad humana… Mi padre llegó a presentar la nobleza de espíritu como única medida correctiva para la historia de la humanidad. Ahí donde desaparece ese ideal desaparece inexorablemente la civilización”, entendida en su sentido más optimista y edificante.
El filósofo holandés nos presenta una muy inteligente indagación sobre los temas de siempre y la importancia de no abandonarlos desvelando el peligro que significa para una sociedad, una cultura o el planeta, la ilusión de pensar o creer que sabe, y los peligros secundarios a esa aparente certeza de conocimiento.
Por eso se pregunta: ¿Qué futuro les espera a la democracia y a la libertad política cuando la gente se olvida de la esencia de la libertad, ya no reflexiona y, en lugar de obedecer a la razón, se deja guiar por la superstición, las emociones, la angustia, los deseos y la esclavitud?
Por nuestra parte, nos podemos preguntar si el ser humano puede aprender. Pues Rob Riemen inscribe el diálogo entre presente y pasado sobre la base de dos hechos que en su momento sacudieron a la humanidad entera: del periodo de Guerras calientes (1ª y 2ª Guerras mundiales) hasta los avionazos del 11 de septiembre de 2001.
¿Qué hacer cuando todo se derrumba, incluso lo que creíamos como netamente humano y por tanto valioso? Nobleza de espíritu es un libro de reflexiones para la vida más que de lecciones prácticas de viaje. Ampliamente recomendable.

29.10.08

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Cine budista, toda una filosofía

Primer Festival Internacional de Cine Budista
Ciudad de México
30 de octubre-9 de noviembre




El budismo no es una religión, sino una filosofía y una ciencia de la mente, menciona en entrevista Leónides Guadarrama, el director del Primer Festival Internacional de Cine Budista en la Ciudad de México.
Nada es lo que parece. Ni la felicidad ni el dolor. «Tú lo has creado todo, el problema es que no lo crees» se enuncia en los carteles promocionales de este festival, y para el director del evento esa frase contiene la aportación más grande que hace el budismo a Occidente pues nos hace ver que nosotros somos los únicos responsables del mundo en el que vivimos, es decir, de los ojos con los que lo vemos.

En este festival, que se llevara a cabo del 30 de octubre al 9 de noviembre, conoceremos la riqueza multicultural de alrededor de 18 naciones a través de más de 40 películas, conferencias y seminarios de primer orden.

A través de la pantalla veremos que temas como la felicidad, el amor, el fracaso, la hostilidad, la ilusión son meras atribuciones de sentido, por lo tanto no son tan reales como parecen, más bien son engañosas, pero nos obstinamos en pensar que el mundo externo y los demás son los culpables de nuestros males.

Por eso es importante “darnos cuenta que estamos viviendo en un mundo que está abriendo una nueva forma de vivir y lo que pretendemos es traer a México esa opción, que la gente se asome a esta puerta y descubra dentro de sí mismo una experiencia diferente”, dice Guadarrama.

Esta iniciativa surge en el año 2000 cuando se funda el International Buddhist Film Society, compuesto por poetas, músicos, actores como Peter Coyote, Richard Gere, Philip Glass, Robert Thurman, que descubren al budismo como una filosofía que puede ayudar a la sociedad, y sobre todo porque hace 20 años empieza a haber una colaboración muy cercana entre estas tradiciones y la ciencia contemporánea.

“México es la ciudad más grande de Occidente, por eso se determinó que fuera aquí la primera vez que un país de habla hispana organizara este festival, que se ha llevado a cabo en San Francisco, Los Ángeles, Ámsterdam y ciudades de Asia”.

“El público ideal es un público joven e inquieto que esté en la búsqueda del conocimiento interno, curioso de saber por qué son las cosas como son, o simplemente gente que ame el cine porque vamos a tener oportunidad de ver películas que de ninguna otra manera podríamos ver”.

Además de las películas se realizará un concierto de clausura, el domingo 9 de noviembre en la sala Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes (CNA), con la proyección especial de la película hindú Luz del Este (Franz Osten, 1925), que es la historia del buda histórico, el príncipe Siddartha y participan músicos del Conservatorio de Rótterdam, monjes de Nepal y Susana Zavaleta que se une a este experimento musical, cuyo fondo es la película.

Entre las películas se encuentran Magos y viajeros, dirigida por un lama del Bután; Iluminación garantizada, una comedia muy divertida; Ghost Dog: el camino del samurai, del gran director Jim Jarmusch; documentales sobre personajes como el Dalai Lama y su experiencia en exilio, con música de Philip Glass; sobre Matthieu Ricard y su renuncia a la biología molecular para convertirse en monje, y sobre la experiencia del músico Leonard Cohen en torno de estas tradiciones, con la participación de U2; además, una película sobre Milarepa, personaje de la cultura tibetana que se ve inmerso en un mundo de venganza.

De esta forma, se ofrece una ventana para aproximarse a un modo radicalmente distinto de ver la vida. Una filosofía de la compasión y el entendimiento tan necesarios en esta hora violenta de nuestra historia.

El calendario completo de las actividades de este festival puede consultarlo y descargarlo en la página de Internet: http://www.ibff2008mexico.org

22.10.08

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A mis Brandaris





"Yo soy este momento"

poeta del colchón







Inhalen... exhalen

Esto es en síntesis mi opinión


...

Despegue y aterrizaje. Aterrizaje y despegue.


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Les propongo otra cosa:

Tratemos de vernos como lo que hoy somos de forma individual, sin pretensiones de reedificar algo, sin juicios caducos y sin sentir nostalgia por un pasado que es responsable ni más ni menos de lo que hoy somos.

*

Tengo muchas ganas de escribirles pero no pretendo decir algo más conmovedor que lo ya mencionado por Churro, ni más nítido y conciso que lo expresado por Charal, ni tampoco más sorprendente que lo dicho por el buen Kalunga, a quien mando un abrazo. Ni, valga decir, lo sencillo y básico que es capaz de advertir Cristóbal, y menos lo vale verga (ja, no cierto hija, sino luego chillas), del Horacio.
*
Ya hace un tiempo, conversando con este último cabrón, coincidimos en que nos suele ocurrir algo a los dos: tenemos lapsos en los que dejamos de frecuentar amistades que en otro momento eran referencia constante. Algunas de estas amistades, en ocasiones, vuelven pero en otras no. Curiosamente en esos vaivenes él y yo hemos mantenido "algo". No podría afirmar que ese "algo" sea la esencia que menciona Isidro ni tampoco estoy seguro si podría ser esa tendencia newbornesca que quisiera Charal.
*
En lo personal pienso en ustedes como mis amigos y para mí lo siguen siendo, aunque también creo que son más mis amigos por separado. Sé que son mis amigos porque representan parte de la honestidad, generosidad y picardía que no he encontrado en mi vida, y son también algunos de los pocos a quienes creo puedo acudir en los momentos difíciles, los más importantes.
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Dicen algunos sabios que el verdadero acto de amor es aquel que un individuo hace cuando se aproxima a sus seres queridos con irresponsable abandono.
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Eso podría sonar súper pinche de entrada pero es sumamente profundo si lo pensamos un poco, porque cuando somos capaces de no aferrarnos a las cosas, sobre todo a los objetos, personas o ideas que nos son caros, ocurre un instante de renuncia en el que al soltar aquello que atesoramos, ese hecho, si es sincero, es más valiente que hacer hasta lo imposible para mantener con nosotros a quienes queremos.
*


Es bastante complejo. Lo sé.
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Yo aspiro y creo en el amor pero no entendido sólo como el enamoramiento entre dos personas ni como parte de la esfera sacrificial que tanto ha entronado nuestra cultura con su exagerado mercado de mártires.
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No, sino el amor precisamente como ya lo he expuesto, como renuncia. Se trata de una postura radical y muy difícil de lograr pero es algo que considero higiénico para relacionarnos de manera afectiva con otros seres.
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Porque dentro de este cariz de abandono surge la esfera de la libertad y la aceptación, es decir aprender a ver al otro como una entidad que a cada momento va dejando de ser lo que era. La aceptación irrumpe cuando puedo ver que esa persona cambia y lo que siento por ella no merma en función de mis propios intereses, sino que sus cambios y decisiones, por más ajenos o detestables que sean para mí, los acepto sin condiciones y me concentro en ese movimiento que es la vida, para valorar su belleza pero sin un aferramiento seco.
*
Hoy día han quedado lejos las pesadas galeras del compromiso Brandaris; han quedado lejos las intimidades transmutadas de unos a otros; no quedan ni los restos de aquellas cenas preparadas por mamá para después de la junta de jefatura; muy lejos se encuentran los cantos acompañados por infusiones de cerveza en algún barcillo de Coyoacán; muy borrosos son los rostros que buscábamos ante cualquier problema en un valle, en una ruta, en una carretera abandonada, ante una vorágine de furiosos padres de familia.
*
¿Y?
*
La nostalgia y la paranoia nutren el simbolismo de los románticos. Pero del mismo modo que los vanguardistas, instauran, en la ruptura con la linealidad del tiempo progresivo, la fortaleza de su espíritu.
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Es decir, la fortaleza de la ruptura romántica y vanguardista es la revolución poética.
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Pensarán que ya les voy a hablar de literatura y no estarán del todo equivocados sólo si aceptan que la noción que yo tengo de literatura es una muy cercana a lo que entiendo por vida.
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De esta forma, poesía es vida. Y la vida, un sistema homeostático, es decir, que cambia y se auto genera constantemente. Entonces la poesía es revolución. Por tanto, la revolución poética es la revolución de la revolución. Y la revolución de la revolución es el cambio en el cambio. Es decir, la imposibilidad de que la revolución se transforme en algo esencial: sólido y estático. Por lo mismo es imposible asirla. Si se perdieron, me refiero a la vida.
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La nostalgia aparece con la filosofía y filosofía es aspiración a estar por doquier en sí mismo, dice Novalis. El filósofo es el individuo que no se encuentra pues todo le es extraño desde que abandonó el capullo materno.
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Así pues, la filosofía es la búsqueda de respuestas para reinstaurar los tiempos felices pero exige de entrada el conocimiento de que es una empresa destinada al fracaso. Eso produce dolor y nostalgia.
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Ustedes son los amigos con los que compartí algo que ya ni siquiera está pero que de alguna manera existe en ese continuum (mi vida, lo que "soy") cuyo único elemento común a través del tiempo es mi nombre.
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Son los amigos de la infancia y de la adolescencia que de forma remisa se dieron cuenta de que había que crecer para enfrentarse al mundo de a de veras.
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Son los amigos del capullo Brandaris, donde todo era felicidad, hasta que ocurrió esa grieta en la cual el mundo se hizo extraño y volvimos a buscar referentes pero cada quien por su lado. Nos quedan fotos, recuerdos, pretextos de ese mundo, y eso nos hace sentir nostalgia. Sin embargo, no debemos dejar de lado que frente a nosotros se han multiplicado las posibilidades. Nuestro mundo si bien es más caótico y duro, también es más rico, abierto y sobre todo inagotable.
*
Ahora bien, la nostalgia cuando ocurre se vuelve irremediable, es aspiración a lo imposible. Por su parte, la revolución poética, es decir la vida, si bien es indescriptible y en ese grado inalcanzable, es más presente que la aspiración, porque se da aquí y ahora, es decir, a cada instante. La revolución no es futuro, es instante, y si ahondamos en éste existe la posibilidad de "alcanzar" un grado de eternidad. ¿Muy loco?
*
La nostalgia nos ata, nos impide movernos, es decir, nos mata.
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La revolución es poesía, es movimiento, es creación, es este momento, es decir, es vida.
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Mi propuesta es la siguiente: cada quien haga su revolución, no se detengan pero tampoco olviden.
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"No olviden" no significa "sientan nostalgia".
*
"No olviden" significa rendir homenaje a aquello que alguna vez existió dejándolo ir, rescatando lo valioso para integrarlo en nuestra personalidad y dejando de aspirar a que se repita, sino a que ese "espíritu" que nos unió pueda ser fecundo en nuevos rostros, en otros seres, ya que de ese modo entablaremos relaciones más libres, sin exigencias ni condiciones con nuevas personas de las que sin duda tendremos mucho más que aprender.
*
No busquemos una nueva HHH ni mucho menos la vieja HHH.
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Reconstruyámonos en lo personal, liberémonos de nuestros mitos y aprendamos a vernos como somos, no como hubiésemos querido ser.
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Lo que formábamos se ha desvanecido porque simplemente ya no existe la base que nos sostenía: algo tangible como un proyecto en común. Por eso, yo creo que si de casualidad hay un error en lo que ha ocurrido muy probablemente tenga que ver con que desde antaño, cuando éramos jefatura, nos esforzamos reticentemente en construir nuestro propio mito, ser nuestros propios héroes, y pensamos que así seríamos felices.
*
Fuimos unos niños educados con una visión heroica pero nunca se nos enseñó a enfrentar las batallas reales de nuestro mundo: el trabajo, el estrés, la desolación, la enajenación, el fastidio; niños instruidos en realizar planeaciones trimestrales pero a los que jamás se les explicó la importancia de saber planear a largo plazo, es decir, de saber planear con una visión concreta, real y auto transformante; muchachos que se conmovían por una cruz y una corona de espinas de plástico pero a los que no se les motivaba más que en discurso a sentir conmiseración por el dolor ajeno, por el niño que se droga y no tiene posibilidades de futuro; niños devotos de una mística superficial de simulacros a los que jamás se les aclaró qué era y de dónde venía un término de un simbolismo y profundidad tan grande como ese: mística.
*
Además, éramos una familia tradicional: Isidro era el papá; yo, la mamá; Charal, el hijo mayor; Kalunga y Memo los pequeños, y Horacio el rebelde que se va de la casa.
*
Por eso mismo, no podemos, ni sería deseable, ser o revivir lo que fuimos.
*
Éramos esos jóvenes que queríamos ser héroes y obviamente no sabíamos nada. Nos veíamos y autonombrábamos como una jefatura súper chingona. Tanto que cualquier otra nos hacía los mandados. Pero por eso mismo fuimos un grupo cerradísimo. No aceptábamos a cualquiera. Ese fue el principio de nuestra ceguera y el primer dato al que deberíamos acudir para hacer una retrospección verdadera.
*
Además, llegamos tal vez por causalidad: Churro decía que Tacho no lo veía con buenos ojos, entonces en otras condiciones, no sé, pero a lo mejor no hubiera sido jefatura. Por mi parte, a mí me caía mal la jefatura y sé que no los convencía pero sin embargo no tenían ningún otro prospecto. Charal fue el rescate y la última oportunidad después de que los otros dos prospectos se habían echado para atrás. Ya cuando Ángel era jefatura le daba miedo que subiera Horacio porque una vez dijo que "sería bueno poner una bomba en un McDonald's". Kalunga y Memo tal vez son los más auténticos. Ahora bien, esto demuestra que la casualidad fue maravillosa. Sin embargo, no éramos ningunos predestinados ni favoritos ni especie aparte. Ahí está el mito.
*
Ahora, no nos vayamos por la tangente.
*
Hablo:
A todos los admiro, respeto y recuerdo con profundo cariño.
Creo que no deberíamos hacer un viaje de fin de semana para hacer lo mismo que hacíamos antes: jugar, emborracharnos, hablar de los dark sides…
Tampoco pienso que debemos hacer renacer absolutamente nada.
Mucho menos creo en la idea de edificar nuevos mitos.
Pero sí me convence replantearnos en términos personales y reconocernos pero de una forma libre, no planeada ni demandante, tampoco forzada.
Quitémonos la losa.
Aceptemos que la vida es incontrolable y que el tiempo es más sabio que el hombre que aprende a contarlo.
Un honesto abrazo a todos.



Memo: eres una niña.
Kalunga: que bueno que ya estás más flaco.
Churro: me hubiera encantado acompañarte.
Charal: te debo varias cosas, espero ponerme a mano. Sabes que te admiro.
Horacio: ...


F / A / S / T

26.6.08

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Espuma lánguida a un remitente borroso

Las venas del silencio se entretejen en una espuma de lánguidos senderos.
¿Que qué?
Sí, que las venas palpitan arrasando la inmensurable incomprensión del sentimiento de espera. Cuando la espera es esperanza y se siente en las venas que parecen llagas abiertas.
Es decir cuando mis venas, por no decir mi sangre o por no decir mi vida o por no decir lo que soy justo en este instante, se hinchan y se enroscan pesadas por todo lo que hay dentro de ellas. Y lo que hay dentro de ellas se funde con la bilis y entonces se produce la emoción, o bien la sensación de que se vive, a menos que eso no sea del todo cierto.
Me explico mejor sin los velos de esta reciedumbre humana en tratar de parecer interesante: los últimos días he andado con un particular deseo por saber cómo te encuentras e incluso por saber dónde te encuentras, si es que existen caminos para llegar a ti y saber dónde diablos se consiguen o se encuentran.
¿Mediante huellas telefónicas, coordenadas electrónicas en mensajes de texto o correos en Internet?
No sé. Tal vez te mareo.
Pero si te mareo ojalá sea de vértigo.
Es decir, de un miedo que esconde una pizca de motivación por aventarse al vacío y ver qué pasa. Comprobar si el vacío es en realidad vacío o está tan lleno como los abismos.
Comprobar si de detrás de unos ojos se esconden los más nítidos e inefables secretos del mundo. O intentar tenderle una trampa a la vida, queriendo asirla con la intención de ordenarla.
Soy una pesada enredadera de ficciones nostálgicas.
Chale. ¿En serio? Tal vez es demasiado.
Bueno, eso digo. Quiero que sepas que te platico como imaginando el momento en que tus ojos lean estas letras, cuyo único motivo es que las leas, tal vez para que sepas que por aquí ando, tal vez como una pertinaz esperanza, tal vez porque no se me ocurre nada mejor que hacer, tal vez para espantarte. La vida es muy contradictoria y sobre todo los seres humanos.
Venas. Pálpito. Incomprensión. Espera.
Todas incógnitas y todas verdades.
Pero verdades posibles: huecas, oscuras, lumínicas.
Doy rienda a esta serie de palabras.
Estoy vivo y sin entender completamente qué está ocurriendo que una palabra tuya sirve en estas horas como un revulsivo para mi indigestión.

Juego, pienso y sonrío.
Mientras pueda.
Un beso nocturno


11.5.08

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Para D L

5. Diane
4. Love
3. Yes
2. AF
1. ?

2+2=5

27.4.08

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A LA CLAIRE FONTAINE, dulce diane, sweetest pain

He aquí la tersa continuidad de la magia, en la fortaleza anegada de un sentimiento: compatirte una lágrima y una flor en este claro y fértil mar de recuerdos. Sé que tú también lo sientes. Siento que también lo sabes.

26.4.08

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A un gato trapecista

¿Qué te digo? Que se me desgarra el alma. Algo así. Algo por el estilo. ¿Qué te cuento? Que se me vacía la mente, que la viscosidad de mis deseos no me permite pensar claramente ni bajo la penumbra de mis más recónditas pasiones. Nubes y naderías. Silencios y síncopas vacías. Clandestinidad inconforme ante la inapetencia del momento, ante la falta de respuestas, ante la ausencia de palabras. Pienso y escribo. Escribo y siento. Te cuento que no he hecho otra cosa que pensar en ti todo este tiempo en el que he pretendido hacer lo que debo hacer, que entiendo es hacer todo lo que se supone es correcto y que consiste en cumplir mis responsabilidades, no obstante, creo que todo lo que tengo que hacer es recordarte, ya que es preferible en casos como el mío optar por la honestidad, sobre todo si siento que resbala por mi piel como babosa incesante y rabiosa, pensamientos y recuerdos que son enjambres pérfidos y asquerosos de una incipiente levedad densa como la terrible culpa. Me pesa la cabeza y mis manos sangran color uva. Tus labios carcomen mis ojos por dentro cuando recuerdo el estertor de tu gemido lánguido en la niebla de lo efímero. Grita por favor amor mío y dime por qué esa película que vimos separados y en tiempos distintos pero que en el fondo sabemos que vimos juntos es tan significativa en estas horas de abandono y muerte idiota. Por qué no vienes conmigo para que partamos rumbo a la tierra en la que infinitamente nos encontraremos con rostros semejantes diferentes y plenos. Dime cuándo las azucenas darán a luz pequeñas ninfas ambarinas de esas que moran únicamente en la tierra pura del Gulag catártico número 5, en el que la feliz tristeza es reina, y de la melancolía surge el entusiasmo. Dime cuándo inundarás de nuevo mi habitación con tu licor hirviente, ese licor que me embriaga y que a ti te pone en trance, un trance desesperado, loco, de éxtasis, un vórtex hacia una dimensión desconocida, a la que nos aproximamos de espaldas pero sin perder de vista el camino que hemos recorrido. Dime por qué demonios estoy pensando en ti cuando ya te has ido más de una vez y finalmente vuelves. ¿Mi tristeza tiene algún sentido, alguna razón? ¿Hay alguna explicación? ¿Sería bueno que intentara controlar lo que siento y que se desborda ardiente como lava y fuego? ¿Debo esperarte otra vez? ¿O simplemente dejo que mi emoción palpite a todo motor yendo más rápido que mis ideas? ¿O me dejo aniquilar por esta nueva incertidumbre, esta nueva derrota? ¿Se trata de una derrota o es algo peor, un fracaso? Mira. Tus ojos son de una carmesí violento en estas horas de inefable estruendo, de un silencio insoportable y capaz de llenar mi habitación nublosa por unas lágrimas que no brotan, sino simplemente me escurren por dentro, en las paredes internas de mi piel, en mi columna vertebral, hasta que en mis entrañas se revuelven como ácido que me digiero para después vomitar. Para purgarme como lo hacen los gatos. Para purgarnos como lo hacemos siempre. ¿Recuerdas cuando fuimos gatos? Aquella vez que te trepaste en mi lomo para alcanzar la manzana de Adán colgada en el primer árbol no de la ciencia sino del crimen cometido contra nuestra aparente existencia, el crimen sobre aquello que es y que quién sabe qué es pero que según nosotros se parece a aquello que nos obstinamos en nombrar, en someter a conceptos que coagulan en nuestra conciencia causándonos cicatrices imborrables o incurables porque parecen reales siendo a la vez imaginarias y porque se impregnan en nuestro cerebro impidiéndonos dilucidar el abismo, la maravilla y el asombro. Aquella vez que observé la dulzura de tus ojos y te dije: Soy yo. Grábatelo bien. Y sonreíste saltando al siguiente árbol que flotaba en una nube galáctica de la cual brotaba leche espasmódica como un canto de sirenas. Esa noche en que mamamos como humanos neófitos como lactantes de pecho hasta que el sueño apareció y nos cubrió con su mítico y cálido v(u)elo. ¿Recuerdas amor o acaso me has borrado para siempre? ¿Es preciso que te cuente? ¿Es preciso que me estire completamente para alcanzarte y salvar esta acrobacia? ¿Recuerdas? Somos trapecistas y nuestro acto dura una noche que es todas las noches y un salto tan intenso y hondo como el vacío y la asfixia que se sienten en la garganta ante el vértigo. Creeme que hago un esfuerzo. Estoy tensando todos mis músculos; los aprieto y estiro. Le pido a mi corazón, el motorcito rojo, que no se detenga, que no se deje, que sea valiente en esta hora de intermitencias. Un relojito que no marca el tiempo. Este pequeño pero vital músculo que hoy está cansado y quisiera dormir entre tus manos sintiendo tu calor y tus dedos acariciándolo a su ritmo para que él pueda seguir soñando y colmar su vacío, para saciar su más noble deseo y, finalmente, para lo que es más importante: VIVIR que es seguir amándote, pues como dicen aquellos que tienen y viven con el corazón en la piel, en los labios y en las encías: No hay tal cosa que pueda ser digna de llamarse VIDA si ésta no contiene una alta dosis de gravedad y de sublime amor. Amor como tú y yo en estas horas de fuego y de cadáveres color violeta. Amor que late, amor que vibra, amor que desquicia por nuestra pertinaz cobardía, por nuestra incapacidad para hacer de las cenizas fuego y de éste, espanto para los demonios y fuerza para nuestros sueños. Amor que eres tú y que soy yo en este instante etéreo, en estos blancos y negros, en esta engañosa claridad de mezclar rojo con azul y azul con verde, de mezclar el deseo en la lengua con la vida en los dientes. Desde aquí te muerdo para dejarte herida, te mato para darte vida y te amo, te amo, te amo, porque sí, porque mi vida se hornea en tu boca, es tu saliva, fluye en tu sangre y galopa intempestivamente en tu humedad oscura, habla y encanta en tu angelical bravura y se condensa irremediablemente en tu insoportable, fatal e irresistible, ternura.

6.12.07

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Mariposas en el estómago

Te amo porque me has dado tanto desde el momento en que apareciste. Porque contigo la dimensión espacio-temporal se demostró como es: imperfecta, irreal, inexistente, meramente conceptual. Te amo porque sonríes y eres capaz de ser sensible a mi dolor, a mi llanto, a mi necesidad, a mi necedad. Te amo porque cantas. Te amo porque bailas y eres capaz de seducirme de una forma tan dulce y salvaje. Te amo porque te he amado y te amenazo con decirte que lo seguiré haciendo, porque no existe a base de condicionamientos, no te amo si tú me amas, te amo porque existes, porque apareciste y nos encontramos. Te amo cuando los árboles abren sus brazos para acariciar y atrapar el viento. Te amo cuando el viento pone a girar al planeta al soplar en los brazos de los árboles. Te amo porque tengo necesidad de hacerlo, porque quiero hacerlo, porque no hacerlo sería un engaño, sería no estar viviendo. Te amo porque no me importa la espera, porque me rejuveneces, porque me devuelves la inocencia, y porque de lo contrario seria un anciano prematuro, sin motivación. Te amo porque eres un hermoso motivo. Y como decía Nietzsche: “aquel que tiene un motivo, un qué, siempre encuentra el cómo”. ¿Cómo amarte? De la forma en que me lo pidas. De todas las formas posibles. Grábatelo: Mi amor por ti llega más lejos que Argentina, no entiende la idea de tiempo ni el concepto muerte.
guelek.gyatso

16.8.07

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La espera

Quiero encontrar a mi mamá. ¿Por qué me miran así? Parece que están molestos conmigo. ¿Hice algo malo? La sala estaba repleta de invitados, conocía las caras pero no las personas, no sus nombres. Mami lloraba mucho en la sala. Me vio y se puso a llorar. Mi abuelita no entendía, creo que nadie le había dicho nada. Mamá decía “¿Por qué diosito, por qué?” Sentí que debía llorar, porque cuando pasaba algo así yo me ponía a llorar, creo que eso es lo que hago. Vi un ataúd en el centro de la sala. Silvia se acerco a mí. Ella es muy valiente, pero también estaba triste. Como que me quería decir algo pero le costaba trabajo. Mi mami lloraba y lloraba. Yo sabía qué estaba pasando. No era necesario que Silvia me explicara. Los adultos creen que los niños somos tontos. No tengo miedo. A mi tío Beto ya le pasó, a Salvador también, a mi abuelita Sarita, a mi compañera Karina. Mi papá parecía confundido. Sentí que era bueno acercarme a explicarle lo qué pasaba. Pero vi que Beto lo abrazaba. No sé cuánto falta y eso me da flojera. El asunto es sencillo. ¡Sí! ¡Me voy a morir! ¡Sólo tenemos que esperar a que me muera!

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Domingo 8 de julio de 2007, 10:12 p.m.

Domingo 8 de julio de 2007, 10:12 p.m.

Te busco en las enredaderas de los árboles, cuando el viento fresco limpia mis lágrimas en un caminar repleto de seres que se machucan como hormigas. Nada es más bello que contemplar la caída de tu cabello como cascada infinita. Te busco en ese hombre que viene de frente y me reta con la indiferencia de su mirada. Te he buscado por debajo del pasto, en las plazas de mercado, en la ambición, la pedantería, la opulencia y el clima de superficialidad que entra por mi nariz y me desangra, que tragan mis poros para vomitar los restos de humildad que ya no merezco. Te busco como un gato que se posa en la cabeza de todos los gigantes para observar un horizonte maravilloso. Te amo en las paredes y en la cocina. Cuando la luna grita y los niños convierten el silencio en melodía. Te busqué esta mañana mientras plantaba flores que nunca abrirán y enterraba pájaros que volverán a trinar al amanecer. Caminé por una calle que es todas las calles recordando tu olor que impregna todo lo que me rodea. Estuve aquí en todas las ciudades y en todos los lugares que existen. He visto todo y nada me falta por ver. Vi una anciana contemplando el silencio de sus últimos días que pese a la rutina y la desesperanza siguen siendo una incertidumbre. Una anciana que me miró como un niño curioso. Un cuarto que da a la calle. Una anciana en una silla de ruedas que ansía su final con ternura, sorpresa y dolor en el rostro. La anciana y una casa que está en todas partes, donde importa y donde no es necesaria. Tan innecesaria como todos los que corremos compulsivamente hacia nuestra desaparición y olvido. Una anciana que me dio una gran lección sin decir palabra alguna y que encontré apenas unos 300 metros fuera de mi casa, donde me espera una cama que permanecerá tan vacía como mi cuerpo. Una anciana en un cuarto que da a la calle que espera conocer tus ojos para desaparecer de este planeta. Una anciana que vive en un cuarto que da la calle con un gato, un catre, una tele y un refrigerador, una puerta corrediza que cierra hacia abajo y se pliega y repliega sobre sí misma. Una anciana que me vio tres segundos para hablarme del sonido de los pájaros, del color de las flores, del sabor de las frutas, del silencio de la vida, del amor sin palabras y a kilómetros de distancia que arde en el corazón y fulmina con un recuerdo. Cerré los ojos y estabas a su lado diciéndole: “ese es Ale y me ama”.