Alejandro Flores

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22.10.08

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A mis Brandaris





"Yo soy este momento"

poeta del colchón







Inhalen... exhalen

Esto es en síntesis mi opinión


...

Despegue y aterrizaje. Aterrizaje y despegue.


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Les propongo otra cosa:

Tratemos de vernos como lo que hoy somos de forma individual, sin pretensiones de reedificar algo, sin juicios caducos y sin sentir nostalgia por un pasado que es responsable ni más ni menos de lo que hoy somos.

*

Tengo muchas ganas de escribirles pero no pretendo decir algo más conmovedor que lo ya mencionado por Churro, ni más nítido y conciso que lo expresado por Charal, ni tampoco más sorprendente que lo dicho por el buen Kalunga, a quien mando un abrazo. Ni, valga decir, lo sencillo y básico que es capaz de advertir Cristóbal, y menos lo vale verga (ja, no cierto hija, sino luego chillas), del Horacio.
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Ya hace un tiempo, conversando con este último cabrón, coincidimos en que nos suele ocurrir algo a los dos: tenemos lapsos en los que dejamos de frecuentar amistades que en otro momento eran referencia constante. Algunas de estas amistades, en ocasiones, vuelven pero en otras no. Curiosamente en esos vaivenes él y yo hemos mantenido "algo". No podría afirmar que ese "algo" sea la esencia que menciona Isidro ni tampoco estoy seguro si podría ser esa tendencia newbornesca que quisiera Charal.
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En lo personal pienso en ustedes como mis amigos y para mí lo siguen siendo, aunque también creo que son más mis amigos por separado. Sé que son mis amigos porque representan parte de la honestidad, generosidad y picardía que no he encontrado en mi vida, y son también algunos de los pocos a quienes creo puedo acudir en los momentos difíciles, los más importantes.
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Dicen algunos sabios que el verdadero acto de amor es aquel que un individuo hace cuando se aproxima a sus seres queridos con irresponsable abandono.
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Eso podría sonar súper pinche de entrada pero es sumamente profundo si lo pensamos un poco, porque cuando somos capaces de no aferrarnos a las cosas, sobre todo a los objetos, personas o ideas que nos son caros, ocurre un instante de renuncia en el que al soltar aquello que atesoramos, ese hecho, si es sincero, es más valiente que hacer hasta lo imposible para mantener con nosotros a quienes queremos.
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Es bastante complejo. Lo sé.
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Yo aspiro y creo en el amor pero no entendido sólo como el enamoramiento entre dos personas ni como parte de la esfera sacrificial que tanto ha entronado nuestra cultura con su exagerado mercado de mártires.
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No, sino el amor precisamente como ya lo he expuesto, como renuncia. Se trata de una postura radical y muy difícil de lograr pero es algo que considero higiénico para relacionarnos de manera afectiva con otros seres.
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Porque dentro de este cariz de abandono surge la esfera de la libertad y la aceptación, es decir aprender a ver al otro como una entidad que a cada momento va dejando de ser lo que era. La aceptación irrumpe cuando puedo ver que esa persona cambia y lo que siento por ella no merma en función de mis propios intereses, sino que sus cambios y decisiones, por más ajenos o detestables que sean para mí, los acepto sin condiciones y me concentro en ese movimiento que es la vida, para valorar su belleza pero sin un aferramiento seco.
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Hoy día han quedado lejos las pesadas galeras del compromiso Brandaris; han quedado lejos las intimidades transmutadas de unos a otros; no quedan ni los restos de aquellas cenas preparadas por mamá para después de la junta de jefatura; muy lejos se encuentran los cantos acompañados por infusiones de cerveza en algún barcillo de Coyoacán; muy borrosos son los rostros que buscábamos ante cualquier problema en un valle, en una ruta, en una carretera abandonada, ante una vorágine de furiosos padres de familia.
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¿Y?
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La nostalgia y la paranoia nutren el simbolismo de los románticos. Pero del mismo modo que los vanguardistas, instauran, en la ruptura con la linealidad del tiempo progresivo, la fortaleza de su espíritu.
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Es decir, la fortaleza de la ruptura romántica y vanguardista es la revolución poética.
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Pensarán que ya les voy a hablar de literatura y no estarán del todo equivocados sólo si aceptan que la noción que yo tengo de literatura es una muy cercana a lo que entiendo por vida.
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De esta forma, poesía es vida. Y la vida, un sistema homeostático, es decir, que cambia y se auto genera constantemente. Entonces la poesía es revolución. Por tanto, la revolución poética es la revolución de la revolución. Y la revolución de la revolución es el cambio en el cambio. Es decir, la imposibilidad de que la revolución se transforme en algo esencial: sólido y estático. Por lo mismo es imposible asirla. Si se perdieron, me refiero a la vida.
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La nostalgia aparece con la filosofía y filosofía es aspiración a estar por doquier en sí mismo, dice Novalis. El filósofo es el individuo que no se encuentra pues todo le es extraño desde que abandonó el capullo materno.
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Así pues, la filosofía es la búsqueda de respuestas para reinstaurar los tiempos felices pero exige de entrada el conocimiento de que es una empresa destinada al fracaso. Eso produce dolor y nostalgia.
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Ustedes son los amigos con los que compartí algo que ya ni siquiera está pero que de alguna manera existe en ese continuum (mi vida, lo que "soy") cuyo único elemento común a través del tiempo es mi nombre.
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Son los amigos de la infancia y de la adolescencia que de forma remisa se dieron cuenta de que había que crecer para enfrentarse al mundo de a de veras.
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Son los amigos del capullo Brandaris, donde todo era felicidad, hasta que ocurrió esa grieta en la cual el mundo se hizo extraño y volvimos a buscar referentes pero cada quien por su lado. Nos quedan fotos, recuerdos, pretextos de ese mundo, y eso nos hace sentir nostalgia. Sin embargo, no debemos dejar de lado que frente a nosotros se han multiplicado las posibilidades. Nuestro mundo si bien es más caótico y duro, también es más rico, abierto y sobre todo inagotable.
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Ahora bien, la nostalgia cuando ocurre se vuelve irremediable, es aspiración a lo imposible. Por su parte, la revolución poética, es decir la vida, si bien es indescriptible y en ese grado inalcanzable, es más presente que la aspiración, porque se da aquí y ahora, es decir, a cada instante. La revolución no es futuro, es instante, y si ahondamos en éste existe la posibilidad de "alcanzar" un grado de eternidad. ¿Muy loco?
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La nostalgia nos ata, nos impide movernos, es decir, nos mata.
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La revolución es poesía, es movimiento, es creación, es este momento, es decir, es vida.
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Mi propuesta es la siguiente: cada quien haga su revolución, no se detengan pero tampoco olviden.
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"No olviden" no significa "sientan nostalgia".
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"No olviden" significa rendir homenaje a aquello que alguna vez existió dejándolo ir, rescatando lo valioso para integrarlo en nuestra personalidad y dejando de aspirar a que se repita, sino a que ese "espíritu" que nos unió pueda ser fecundo en nuevos rostros, en otros seres, ya que de ese modo entablaremos relaciones más libres, sin exigencias ni condiciones con nuevas personas de las que sin duda tendremos mucho más que aprender.
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No busquemos una nueva HHH ni mucho menos la vieja HHH.
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Reconstruyámonos en lo personal, liberémonos de nuestros mitos y aprendamos a vernos como somos, no como hubiésemos querido ser.
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Lo que formábamos se ha desvanecido porque simplemente ya no existe la base que nos sostenía: algo tangible como un proyecto en común. Por eso, yo creo que si de casualidad hay un error en lo que ha ocurrido muy probablemente tenga que ver con que desde antaño, cuando éramos jefatura, nos esforzamos reticentemente en construir nuestro propio mito, ser nuestros propios héroes, y pensamos que así seríamos felices.
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Fuimos unos niños educados con una visión heroica pero nunca se nos enseñó a enfrentar las batallas reales de nuestro mundo: el trabajo, el estrés, la desolación, la enajenación, el fastidio; niños instruidos en realizar planeaciones trimestrales pero a los que jamás se les explicó la importancia de saber planear a largo plazo, es decir, de saber planear con una visión concreta, real y auto transformante; muchachos que se conmovían por una cruz y una corona de espinas de plástico pero a los que no se les motivaba más que en discurso a sentir conmiseración por el dolor ajeno, por el niño que se droga y no tiene posibilidades de futuro; niños devotos de una mística superficial de simulacros a los que jamás se les aclaró qué era y de dónde venía un término de un simbolismo y profundidad tan grande como ese: mística.
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Además, éramos una familia tradicional: Isidro era el papá; yo, la mamá; Charal, el hijo mayor; Kalunga y Memo los pequeños, y Horacio el rebelde que se va de la casa.
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Por eso mismo, no podemos, ni sería deseable, ser o revivir lo que fuimos.
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Éramos esos jóvenes que queríamos ser héroes y obviamente no sabíamos nada. Nos veíamos y autonombrábamos como una jefatura súper chingona. Tanto que cualquier otra nos hacía los mandados. Pero por eso mismo fuimos un grupo cerradísimo. No aceptábamos a cualquiera. Ese fue el principio de nuestra ceguera y el primer dato al que deberíamos acudir para hacer una retrospección verdadera.
*
Además, llegamos tal vez por causalidad: Churro decía que Tacho no lo veía con buenos ojos, entonces en otras condiciones, no sé, pero a lo mejor no hubiera sido jefatura. Por mi parte, a mí me caía mal la jefatura y sé que no los convencía pero sin embargo no tenían ningún otro prospecto. Charal fue el rescate y la última oportunidad después de que los otros dos prospectos se habían echado para atrás. Ya cuando Ángel era jefatura le daba miedo que subiera Horacio porque una vez dijo que "sería bueno poner una bomba en un McDonald's". Kalunga y Memo tal vez son los más auténticos. Ahora bien, esto demuestra que la casualidad fue maravillosa. Sin embargo, no éramos ningunos predestinados ni favoritos ni especie aparte. Ahí está el mito.
*
Ahora, no nos vayamos por la tangente.
*
Hablo:
A todos los admiro, respeto y recuerdo con profundo cariño.
Creo que no deberíamos hacer un viaje de fin de semana para hacer lo mismo que hacíamos antes: jugar, emborracharnos, hablar de los dark sides…
Tampoco pienso que debemos hacer renacer absolutamente nada.
Mucho menos creo en la idea de edificar nuevos mitos.
Pero sí me convence replantearnos en términos personales y reconocernos pero de una forma libre, no planeada ni demandante, tampoco forzada.
Quitémonos la losa.
Aceptemos que la vida es incontrolable y que el tiempo es más sabio que el hombre que aprende a contarlo.
Un honesto abrazo a todos.



Memo: eres una niña.
Kalunga: que bueno que ya estás más flaco.
Churro: me hubiera encantado acompañarte.
Charal: te debo varias cosas, espero ponerme a mano. Sabes que te admiro.
Horacio: ...


F / A / S / T

27.9.08

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Café con leche

Pocas veces recordaba el momento y el día en que la conocí. Fue en un Vips. Yo estaba tomando un café con leche mientras intentaba pensar en alguna imagen, abstraer algún cuadro en mi mente y plasmarlo en papel, no sabía si como dibujo o como una serie de palabras. Ella salía del baño, parecía triste. Me dio esa impresión por la forma en que recogió su cabello al pasar frente a un espejo y continuar su camino con la mirada en el piso.

Tomó asiento. La señorita le sirvió un café capuchino. Pensé en qué hacer mientras resolvía el laberinto de un mantel para niños; lo resolví una y otra vez. Ella seguía allí, dueña de su porción cúbica rentada a este inmueble. Yo por mi parte, no dejé de atender ni un solo gesto, una sola mueca o indicación a la mesera que la atendía. Sólo estaba seguro de que la quería ver, quería detenerme en ella lo suficiente para no olvidar su rostro, para pegarla a mi memoria como si la conociera de años.

Esta era mi rutina de casi todos los días. Entrar en algún café cuando me atrapara la noche o la lluvia, en caso de que deseara huir de ella porque en ciertas ocasiones verdaderamente me encantaba dejarme mojar por el agua que caía del cielo, y no es que para mí sea una especie de purificación; al contrario, estoy consciente que es uno de los peores baños que puedan tomarse. Esta ciudad es de las más puercas del mundo, nada se salva, ninguno de sus habitantes y el cielo menos. El cielo en esta ciudad es lodo que se nutre del aire para hacerse un disfraz.

No obstante, esa fue una noche en la que solamente me atrapó el "destino", si es que tal cosa existe o sirve de algo pensar que existe, o tal vez sencillamente me dejé atrapar por él. Nada más, ni siquiera se trató de tener antojo de un café o por hambre. No había llovido ni acechaba lluvia. Simplemente “tuve” que entrar, “tenía” que entrar justo a este Vips, justo a esta hora, y sentarme en este lugar para poder verla de frente y reparar en su belleza, decidir seguirla hasta su casa, conocerla y hablarle en los siguientes días, y finalmente meterme al cabo de un par de semanas hasta lo más hondo del olor de sus sábanas como un huésped incómodo o un mosquito de media noche que sin duda te fastidia pero al mismo tiempo te hace sentir con vida.

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Elle Macpherson, ¿prototipo?




El 11 de septiembre pasado asistí al Fashion Fest 2008, en donde desfiló la top model internacional Elle Macpherson. Apareció acompañada de una de mis canciones favoritas de Blonde Redhead, 23.



Macpherson caminó con un glamoroso vestido gris sobre una pasarela acrílica. ¿Eses el sueño de todo adolescente? Tal vez sí, aunque no podría afirmar que de todo hombre.


Si bien, la modelo encarna la perfección del prototipo de belleza occidental y es casi seguro que uno como varón puede poner una cara de idiota, afortunadamente no ví la mía, únicamente se trata de una ilusión o el resultado de un mecanismo y técnica sumamente sofisticada para el logro de la plastificación de lo natural: comida sintética, químicos de todo tipo para contener el paso del tiempo, maquillaje, tratamientos corporales, etc.

Macpherson encumbra el prototipo de la belleza femenina del siglo XXI para el mundo de Occidente: una mujer arriesgada, segura, emprendedora, que se ha esforzado en lucir perfecta y lo pregunta porque la soberbia es una cualidad de nuestros tiempos.

¿Cómo me veo?, el slogan del evento, es casi de risa, pero es también un juego morboso, un juego que tiene que ver con nosotros mismos, con nuestras propias obsesiones y nuestra condición humana, pues todos somos proclives a deternos frente a un espejo, una y otra y otra vez para atender cómo lucimos. Unos más que otros, sin duda.
La carpa instalada en el estacionamiento de Liverpool Santa Fé nos dio una probadita de ese mundo tras bambalinas, misterioso y provocador que es el mundo de la moda: colores, aparadores y espejos dispuestos como en un palacio de vanidades, dieron la bienvenida a los asistentes.

Los principales medios que cubrieron el evento coincidieron en que se trató de una pasarela de talla internacional, a la medida de las grandes “capitales” de la moda como París, Roma, Londres y Nueva York, un espectáculo de muy "buen gusto" visual y sonoro.
Por la pasarela desfilaron más de 60 modelos vistiendo las tendencias de la moda para la temporada Otoño-Invierno: colores cálidos entreverados con discretos fríos, accesorios de sutil encanto, despliegue de ingenio en el diseño y atinada sensualidad tanto en tacones altos como en vestidos y abrigos con formas, estilos y cortes largos y entallados.

Las modelos, como siempre, fueron el símbolo ambivalente, por un lado el deleite pleno y por otro la consabida ilusión: son reales pero no tanto, se pueden ver pero no tocar, son bellas pero su belleza tiene un costo altísimo, y lo que conocemos de ellas es una belleza que en poco implica lo que son.

Mujeres hermosas, cuerpos perfectos y vestidos de primer nivel. Todo en una noche de sensualidad en el diseño y en la actitud. Sensualidad que nos embriaga. Sensualidad canónica, superficial, efímera, de idiotas para idiotas.

4.9.08

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Autopista




Blanca llegó al Starbucks en el que la esperaba Horacio. El pidió un te chai latte frío con un shot extra de café. Ella, un capuchino frío con crema irlandesa. Tras recibir sus bebidas prefirieron caminar.


Era la mañana fría de un sábado en agosto, uno de esos días en que los niños salen en bola para vacunarse con risas de la enfermedad implantada en la propia lengua de sus padres.


Horacio y Blanca se dirigieron a la avenida Álvaro Obregón caminando por Nuevo León.
Unas cuadras antes de llegar a la avenida, afuera de un pequeño Café, vieron a un par de niños que dibujaban una autopista sobre la acera. En un extremo del dibujo se podía identificar algo parecido a un arrecife de corales, en el que las olas del mar golpeaban con fuerza para alcanzar a salpicar los cochecitos dispuestos sobre la banqueta. En el centro, un castillo y su torre, más grande que éste, y dentro de la torre, una princesa con vestido de seda lila que la hacía ver transparente.


El dibujo lo completaban unas jardineras a lo largo de todo el circuito, un dragón verde con panza amarilla y un aeroplano en cuyo interior viajaba un luchador enmascarado en pos en rescatar a su princesa.

11.5.08

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Para D L

5. Diane
4. Love
3. Yes
2. AF
1. ?

2+2=5

29.4.08

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¿Recuerdas las nubes?

Satín lame su patita derecha, y la pasa por detrás de la oreja izquierda. Se baña. Ella quiere verse linda para su joven gato enamorado. Brincos que tienen como cómplice y telón de fondo en esta noche amorosa una luna radiante que destila placer y gozo. Hoy es su cumpleaños. Hoy es un día especial.
Nubes de melancolía amenazan el fulgor intenso del dorado aleteo de sus párpados. La nitidez impregna el cielo. Las huellas se trenzan con el jugo de los árboles, con su néctar luminoso que brota en espigas de color ambarino. Ha llegado Rojillo, el de los ojos tiernos. Satín brinca desde la otra rama para darle una sorpresa.
―Joven gatuno, ha tardado usted demasiado.
―La espera nunca será suficiente, amada mía.
―¿Qué quieres decir con eso?
―Que no importa el tiempo. Estoy aquí. Quería verte hoy que es un día especial. Quería saber que estás bien. Me tengo que ir.
―¿Te vuelves a ir?
―Sí, para dejarnos ir, para dejarnos ser y existir.
―¡Eres tan complicado!
―Para nada. Nada tan sencillo como amarte, quererte y venir a decirte mi motivo y mi verdad, sí, pues así como hoy he vuelto a encontrarte, pasarán lunas, eclipses, se formarán estrellas y habitaremos nuevas galaxias para que volvamos a amarnos con nuevos nombres, con nuevos cuerpos.
―¿Por qué dices esas cosas?
―Porque mañana será demasiado tarde. Mis palabras ya no causarán el mismo efecto. Ya no pensarás en mí y si lo haces mi recuerdo dejará de hinchar tu corazón. Tal vez en algún otro momento, en alguna otra vida.
―Ahora. Yo te quiero ahora.
―Conocernos ha sido maravilloso. Pero será diferente. No sé si mejor pero diferente.
―No se me ocurre otra forma más bella de conocerte que el primer día en que escapamos de aquel perro que quería tragarnos, cuando me dijiste que ya no querías cazar ratones porque les haces daño y cuando nos revolcamos horas persiguiendo a una enorme bola de estambre.
―¡Apuesto a que habrá mil formas más de enamorarme de ti!
―¡Gato!
―¡Te traje un regalo!
―¿Qué? ¿Qué es?
―Es un…
Satín no supo qué hacer, se sintió rara, no sabía realmente si se sentía mal o sólo experimentaba una extraña sensación. El gato rojo se acercó y le ofreció un collar del cual pendía un anillo azul en cuyo centro palpitaba lo que en su mundo llaman Púrpura Mate, la materia que genera las descargas energéticas necesarias para el tránsito de la vida de un cuerpo a otro. Rojillo dijo ―¡Esto soy yo! Debo irme, con él podré reconocerte. Nunca lo abandones.
―Es un corazón ―dijo ella. Rojillo tomó el collar y lo colocó en el níveo cuello de Satín. Acercó su trompa y olfateó detrás de las orejas de su amada. Cerró los ojos. Satín no sintió el collar. No puede tocarlo. Lo puede ver, pero no lo puede sentir. La figura es traslúcida. Rojillo vio la sorpresa en los ojos de la niña y le dijo ―La forma es vacío. El vacío es forma. ―A Satín no le pareció claro lo que él dijo pero no hizo más preguntas. Ella no suele hacer preguntas. Lo miró fijamente. No lloró aunque sintió como si lo hiciera. Exactamente lo mismo pero sin lágrimas. Sintió la nostalgia recorriendo su cuerpo, su piel, hasta desgarrarla por dentro, pero lo único que mostró su rostro fue una sonrisa atónita y clara, sincera y tranquila, resignada y valiente.
―Ahora me voy. Tengo una misión pendiente en mi galaxia. Los gatos ancianos ya no quieren vivir, no creen ser necesarios. La tristeza los ha abatido. Los jóvenes de mi edad debemos... ―No sigas ―Lo interrumpió ―Yo creo en ti y estaré contigo. ―Por fin, su voz se cortó, un ligero temblor recorrió sus patitas y lo que parecía ser una lágrima se convirtió en diamante al ser tocada por el viento. Ella no tenía palabras. No sabía qué más decir. Se preguntaba si valía la pena. Y finalmente dijo: ―¿Cómo podré reconocerte? ―Él respondió ―Tan sólo mira bien mis ojos y grábalos en tu corazón. Yo sentiré tu latido. Tú me verás por dentro, reconocerás mi alma. Así será. Me despido, amor, por ahora. Quédate con este beso, estas palabras y este calor. ―Rojillo se preparó para dejar el árbol de Satín. Antes de que saltara, ella alcanzó a hacerle una última pregunta:
―¿Pero cuando? ¿Cómo saber que es el momento?
―Tranquila, lo sabrás.
―¿Y si nos equivocamos?
―Somos partículas de un universo inmensurable. Tenemos frente a nosotros una inmensidad de posibilidades para volver a encontrarnos.
―Dame una pista, una señal.
―Será cuando tú y yo seamos humanos. ―Dijo, sonrió y desapareció entre las nubes.

27.4.08

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A LA CLAIRE FONTAINE, dulce diane, sweetest pain

He aquí la tersa continuidad de la magia, en la fortaleza anegada de un sentimiento: compatirte una lágrima y una flor en este claro y fértil mar de recuerdos. Sé que tú también lo sientes. Siento que también lo sabes.

6.12.07

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Mariposas en el estómago

Te amo porque me has dado tanto desde el momento en que apareciste. Porque contigo la dimensión espacio-temporal se demostró como es: imperfecta, irreal, inexistente, meramente conceptual. Te amo porque sonríes y eres capaz de ser sensible a mi dolor, a mi llanto, a mi necesidad, a mi necedad. Te amo porque cantas. Te amo porque bailas y eres capaz de seducirme de una forma tan dulce y salvaje. Te amo porque te he amado y te amenazo con decirte que lo seguiré haciendo, porque no existe a base de condicionamientos, no te amo si tú me amas, te amo porque existes, porque apareciste y nos encontramos. Te amo cuando los árboles abren sus brazos para acariciar y atrapar el viento. Te amo cuando el viento pone a girar al planeta al soplar en los brazos de los árboles. Te amo porque tengo necesidad de hacerlo, porque quiero hacerlo, porque no hacerlo sería un engaño, sería no estar viviendo. Te amo porque no me importa la espera, porque me rejuveneces, porque me devuelves la inocencia, y porque de lo contrario seria un anciano prematuro, sin motivación. Te amo porque eres un hermoso motivo. Y como decía Nietzsche: “aquel que tiene un motivo, un qué, siempre encuentra el cómo”. ¿Cómo amarte? De la forma en que me lo pidas. De todas las formas posibles. Grábatelo: Mi amor por ti llega más lejos que Argentina, no entiende la idea de tiempo ni el concepto muerte.
guelek.gyatso

16.8.07

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La espera

Quiero encontrar a mi mamá. ¿Por qué me miran así? Parece que están molestos conmigo. ¿Hice algo malo? La sala estaba repleta de invitados, conocía las caras pero no las personas, no sus nombres. Mami lloraba mucho en la sala. Me vio y se puso a llorar. Mi abuelita no entendía, creo que nadie le había dicho nada. Mamá decía “¿Por qué diosito, por qué?” Sentí que debía llorar, porque cuando pasaba algo así yo me ponía a llorar, creo que eso es lo que hago. Vi un ataúd en el centro de la sala. Silvia se acerco a mí. Ella es muy valiente, pero también estaba triste. Como que me quería decir algo pero le costaba trabajo. Mi mami lloraba y lloraba. Yo sabía qué estaba pasando. No era necesario que Silvia me explicara. Los adultos creen que los niños somos tontos. No tengo miedo. A mi tío Beto ya le pasó, a Salvador también, a mi abuelita Sarita, a mi compañera Karina. Mi papá parecía confundido. Sentí que era bueno acercarme a explicarle lo qué pasaba. Pero vi que Beto lo abrazaba. No sé cuánto falta y eso me da flojera. El asunto es sencillo. ¡Sí! ¡Me voy a morir! ¡Sólo tenemos que esperar a que me muera!

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Domingo 8 de julio de 2007, 10:12 p.m.

Domingo 8 de julio de 2007, 10:12 p.m.

Te busco en las enredaderas de los árboles, cuando el viento fresco limpia mis lágrimas en un caminar repleto de seres que se machucan como hormigas. Nada es más bello que contemplar la caída de tu cabello como cascada infinita. Te busco en ese hombre que viene de frente y me reta con la indiferencia de su mirada. Te he buscado por debajo del pasto, en las plazas de mercado, en la ambición, la pedantería, la opulencia y el clima de superficialidad que entra por mi nariz y me desangra, que tragan mis poros para vomitar los restos de humildad que ya no merezco. Te busco como un gato que se posa en la cabeza de todos los gigantes para observar un horizonte maravilloso. Te amo en las paredes y en la cocina. Cuando la luna grita y los niños convierten el silencio en melodía. Te busqué esta mañana mientras plantaba flores que nunca abrirán y enterraba pájaros que volverán a trinar al amanecer. Caminé por una calle que es todas las calles recordando tu olor que impregna todo lo que me rodea. Estuve aquí en todas las ciudades y en todos los lugares que existen. He visto todo y nada me falta por ver. Vi una anciana contemplando el silencio de sus últimos días que pese a la rutina y la desesperanza siguen siendo una incertidumbre. Una anciana que me miró como un niño curioso. Un cuarto que da a la calle. Una anciana en una silla de ruedas que ansía su final con ternura, sorpresa y dolor en el rostro. La anciana y una casa que está en todas partes, donde importa y donde no es necesaria. Tan innecesaria como todos los que corremos compulsivamente hacia nuestra desaparición y olvido. Una anciana que me dio una gran lección sin decir palabra alguna y que encontré apenas unos 300 metros fuera de mi casa, donde me espera una cama que permanecerá tan vacía como mi cuerpo. Una anciana en un cuarto que da a la calle que espera conocer tus ojos para desaparecer de este planeta. Una anciana que vive en un cuarto que da la calle con un gato, un catre, una tele y un refrigerador, una puerta corrediza que cierra hacia abajo y se pliega y repliega sobre sí misma. Una anciana que me vio tres segundos para hablarme del sonido de los pájaros, del color de las flores, del sabor de las frutas, del silencio de la vida, del amor sin palabras y a kilómetros de distancia que arde en el corazón y fulmina con un recuerdo. Cerré los ojos y estabas a su lado diciéndole: “ese es Ale y me ama”.