Alejandro Flores

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11.11.08

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Jorge Volpi y El jardín devastado


La literatura tiene función social




"Después de jugar con la formulación de Sartre ‘el existencialismo es un humanismo’ llevándola al absurdo, obtuve otra: ‘El terrorismo es un humanismo’”, dice en entrevista el escritor mexicano Jorge Volpi, a propósito de la publicación de su más reciente novela,
El jardín devastado (Alfaguara, $189).

“El terrorista no diferencia entre las víctimas. Todos somos iguales ante él. Visto como humanismo, éste es un antihumanismo en realidad” porque atenta contra la propia vida humana.

La actual crisis financiera, afirma Volpi, pasará a la historia como la comprobación del fracaso del sistema neoliberal, comandado por EU, que instauró el descrédito de la solidaridad y de la hermandad, una lógica que ha descompuesto nuestras propias relaciones íntimas, pues ante el egoísmo no se puede hacer nada.

“Hoy en día el egoísmo no es capaz de transformarse en esa identificación con el otro”.

"Sin embargo, estoy en absoluto desacuerdo cuando los escritores dicen que las novelas no sirven para nada. Si no sirvieran para nada no escribiríamos ni se publicarían tantas novelas”. La novela tiene una función social.

“La literatura de ficción que intenta realmente ser profunda es una de las pocas herramientas que en nuestros días pueden alimentar la empatía”. Para llegar a ella es preciso inspeccionar en lo que nos hermana, los sentimientos oscuros y escondidos, el abismo, ese aspecto insondable de la vida humana, nuestras pasiones y deseos más primarios, nuestras pesadillas y demonios.

“Hay que mirar el abismo a los ojos, aunque esto es muy difícil; por lo mismo no siempre se puede”. “En esta novela quise explorar esa parte oscura de nuestra época y también de mí mismo. El resultado ha sido una descripción de los aspectos humanos desde su visión más negativa”.

“Y creo que es saludablemente tener esa visión”, porque te das cuenta que en la naturaleza humana siempre “está latente la posibilidad de la destrucción”.

Además, “quería hacer una exploración narrativa del dolor propio y de la indiferencia ante el dolor ajeno, mediante una mezcla de memoria, ficción y aforismos. Intenté arriesgarme a algo que no había hecho nunca: por un lado, esa exploración de suma precisión del lenguaje y, por el otro, mezclar géneros distintos".

El jardín devastado cuenta la historia de un intelectual que llega a México después de una temporada en Estados Unidos y una historia paralela sobre una de las tantas víctimas de la guerra de Irak. “Con respecto a Irak, es evidente que hay experiencias que nos resultan familiares y si en México empezamos a llegar a cosas como las de Morelia, de pronto se parecen más”.

El título es metafórico en varios niveles: “La primera metáfora es la más obvia porque se supone que el Jardín de Edén estaba en Mesopotamia, hoy Irak, jardín que termina devastado. Pero también es una metáfora de los jardines interiores, el jardín es la naturaleza domesticada, es la intención de civilizar a la naturaleza y esa naturaleza civilizada de repente es arrasada por el propio que quiere civilizarla”.

“Yo, como el narrador de la novela, llegué a México después de 10 años para encontrar un país brutalmente dividido, enfrentado, lleno de rencor, después de un momento muy brillante en el 2000 cuando parecía que todo mejoraría. Seis años después habíamos dilapidado por completo las esperanzas del 2000”.

En el país que heredó Fox, “parecería que cada quien tuviera un pizarrón para ir anotando cuántos muertos ha habido del narcotráfico, como si se tratara de establecer récords”. “Pero el fenómeno del narco hay que entenderlo globalmente. Este puritanismo de lucha feroz contra las drogas a los únicos que beneficia es a los productores y distribuidores. Uno puede combatir la producción pero eso no acabará con el consumo, lo único que hará será limitarlo y si acaso encarecer el producto.

“Mientras la lógica global, dirigida todavía por EU, no quiera encontrar una salida distinta, seguiremos en esta situación que sólo genera más violencia”.

13.10.08

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Radiohead ¡vuelve a México?

Los fans cruzan los dedos

Hace 14 años, el 15 de octubre de 1994, Radiohead, una banda que llegaría a marcar a más de una generación, tal vez a la postre nombraría en sí una generación, se presentaba en nuestro país, en Ojo de Agua, Pachuca, lugar al que la banda llegó por un camino bastante descompuesto y en una camioneta medio amolada que, para sorpresa de los integrantes del grupo, no tenía frenos. ¡Imagínese el susto!


Aquella noche interpretaron las canciones de su primer disco, Pablo Honey, entre ellas la más aplaudida por ese inocente público mexicano, su primer éxito, “Creep”, una balada sosa que se puede contar aparte y que desde su creación fue de total desagrado para el guitarrista líder, Johny Greenwood, quien al hacer sonar su instrumento en la canción parecía hacer berrinche.


1994 es el año en que comenzaban a consolidarse las bandas de rock que representaron, con respecto a los “duros” de los 80’s, una alternativa para quienes no gustaban de las melenas rubias ni de los sujetos encuerados en escena, de los solos de guitarra extendidos y super elaborados ni de las tonalidades vocales unívocamente agudas. En ese espacio de consagración del rock alternativo, Radiohead tendría un lugar reservado.


Ese mismo año, en abril, Kurt Cobain decidía convertirse en leyenda a los 27 años desfigurándose el rostro con una escopeta.


Un año de convulsión asimismo para nuestro país debido a una concatenación exhaustiva de sucesos críticos: la irrupción en escena del levantamiento zapatista; el asesinato del candidato del partido oficial a la República; las elecciones presidenciales, y el asesinato del diputado José Francisco Ruiz Massieu.


Eso había ocurrido en el mundo y en México, mientras que en aquel concierto del 15 de octubre de 1994 nadie se imaginaba lo que esta banda representaría más de una década después, ya que el primer aviso de la trascendencia de este grupo apenas se develaría tres años más tarde, en 1997, con el lanzamiento del disco, OK Computer, considerado por los críticos el mejor disco de los 90’s.

Por tanto, Radiohead, en aquel 1994, nos pasó de noche. Más de una vez hemos podido escuchar los lamentos ante la desagradable experiencia que “sufrió” la banda porque debido a eso nunca volverían a México. Por la misma razón cuántos de nuestros amigos, de tener las posibilidades, no han perdido la oportunidad de verlos en vivo en algún país lejano, sea Alemania, EU o hasta Japón. Cuántas veces no hemos escuchado los rumores de que en la próxima gira “ahora sí” ya vienen a Latinoamérica, y cómo nos ilusionamos los mexicanos para en unos meses desencantarnos; la misma burra de cada cuatro años en el futbol, el clásico “ya merito”.


El rumor: tres conciertos, 15, 16 y 17 de marzo de 2009 en el Foro Sol de la ciudad de México, según varios blogs y páginas de Internet que se han basado en una nota publicada en el diario Récord el viernes.


Podemos decir que este rumor se ha extendido con una velocidad propia de una vorágine, una mancha voraz o una epidemia. Radiohead lo copa todo. Y surge la pregunta obligada: tras más de 14 años de contención para miles de fanáticos mexicanos ¿vendrá la catarsis o la enfermedad? ¿Será la liberación o el estreñimiento de emociones? Ya veremos. Puede que estén frente al anuncio del evento más esperado de sus vidas.

27.9.08

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Elle Macpherson, ¿prototipo?




El 11 de septiembre pasado asistí al Fashion Fest 2008, en donde desfiló la top model internacional Elle Macpherson. Apareció acompañada de una de mis canciones favoritas de Blonde Redhead, 23.



Macpherson caminó con un glamoroso vestido gris sobre una pasarela acrílica. ¿Eses el sueño de todo adolescente? Tal vez sí, aunque no podría afirmar que de todo hombre.


Si bien, la modelo encarna la perfección del prototipo de belleza occidental y es casi seguro que uno como varón puede poner una cara de idiota, afortunadamente no ví la mía, únicamente se trata de una ilusión o el resultado de un mecanismo y técnica sumamente sofisticada para el logro de la plastificación de lo natural: comida sintética, químicos de todo tipo para contener el paso del tiempo, maquillaje, tratamientos corporales, etc.

Macpherson encumbra el prototipo de la belleza femenina del siglo XXI para el mundo de Occidente: una mujer arriesgada, segura, emprendedora, que se ha esforzado en lucir perfecta y lo pregunta porque la soberbia es una cualidad de nuestros tiempos.

¿Cómo me veo?, el slogan del evento, es casi de risa, pero es también un juego morboso, un juego que tiene que ver con nosotros mismos, con nuestras propias obsesiones y nuestra condición humana, pues todos somos proclives a deternos frente a un espejo, una y otra y otra vez para atender cómo lucimos. Unos más que otros, sin duda.
La carpa instalada en el estacionamiento de Liverpool Santa Fé nos dio una probadita de ese mundo tras bambalinas, misterioso y provocador que es el mundo de la moda: colores, aparadores y espejos dispuestos como en un palacio de vanidades, dieron la bienvenida a los asistentes.

Los principales medios que cubrieron el evento coincidieron en que se trató de una pasarela de talla internacional, a la medida de las grandes “capitales” de la moda como París, Roma, Londres y Nueva York, un espectáculo de muy "buen gusto" visual y sonoro.
Por la pasarela desfilaron más de 60 modelos vistiendo las tendencias de la moda para la temporada Otoño-Invierno: colores cálidos entreverados con discretos fríos, accesorios de sutil encanto, despliegue de ingenio en el diseño y atinada sensualidad tanto en tacones altos como en vestidos y abrigos con formas, estilos y cortes largos y entallados.

Las modelos, como siempre, fueron el símbolo ambivalente, por un lado el deleite pleno y por otro la consabida ilusión: son reales pero no tanto, se pueden ver pero no tocar, son bellas pero su belleza tiene un costo altísimo, y lo que conocemos de ellas es una belleza que en poco implica lo que son.

Mujeres hermosas, cuerpos perfectos y vestidos de primer nivel. Todo en una noche de sensualidad en el diseño y en la actitud. Sensualidad que nos embriaga. Sensualidad canónica, superficial, efímera, de idiotas para idiotas.

4.8.08

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Solzhenitsin, la muerte de un sujeto


En Archipiélago Gulag denuncia los horrores del estalinismo


Con la muerte de Alexander Solzhenitsin, Premio Nobel de Literatura en 1970, se pierde parte del anhelo de movilidad de masas de la primera mitad del siglo XX, del pensamiento crítico, la rebeldía y la franqueza de alguien que vivió la tortura en carne propia.

Se trata de la muerte de un sujeto en una sociedad de masas que hoy es una sociedad teledirigida y sin oposición. Al hablar de sujeto entendamos una función y no un individuo: la función del pensamiento. Sujeto, pues, es el individuo que reflexiona sobre la realidad.

Solzhenitsin se incorporó en 1941 al ejército soviético como soldado y en 1945, siendo capitán en la Rusia oriental, fue arrestado bajo la acusación de propaganda antisoviética, al serle interceptada correspondencia que cruzaba con un amigo, en la que ambos criticaban abiertamente la política de Stalin.

Es condenado a ocho años de prisión y más tarde sería enviado a un gulag (siglas de la denominación soviética de la Dirección general de campos de concentración).

Ese fue el resultado de su disidencia y critica a un cerrado sistema totalitario, uno de tantos que a lo largo del siglo XX en Europa y América latina azolaron a la sociedad pensante.

Justo después de la década en la que se abría el férreo sistema político del estalinismo en la URSS, la dura maquinaria de estado denunciada y desarmada por el XX Congreso del PCUS, con Nikita Kruschev a la cabeza, se publica Archipiélago Gulag, con la que Solzhenitsin se sirve de su experiencia propia para describir la “trituradora de carne humana” que lo había atrapado junto con millones de compatriotas soviéticos, como una especie de homenaje y tributo a ellos, la gran mayoría campesinos y trabajadores.

Solzhenitsin escribe en Archipiélago Gulag lo siguiente: Ya en la primavera de 1918 fluye una incesante riada de socialtraidores, una riada que duraría muchos años. Todos estos partidos – socialistas revolucionarios, mencheviques, anarquistas, socialistas populares – estuvieron haciéndose pasar por revolucionarios durante décadas, ocultos bajo una máscara, y si habían estado en presidio era también para seguir fingiendo. Y sólo bajo el impetuoso cauce de la revolución se descubrió la esencia burguesa de estos “socialtraidores”.

Cuando apareció Archipiélago Gulag, el sistema soviético era sólido y libraba una guerra sin cuartel contra Solzhenitsin. Un sistema que prometió revolución y finalmente otorgó represión y crimen.

A partir de 1966 el nombre de Solzhenitsin fue silenciado y su producción ocultada. En 1974 sería expulsado de la Unión Soviética, consumando así la mayor tortura que puede cometer un estado totalitario contra un escritor: condenarlo al silencio y por tanto, al olvido.

Solzhenitsin se mantendría como un autor de una inteligencia, franqueza y humildad notables. Cautiverio y enfermedad marcarían la literatura de este escritor, capaz de indagar en la experiencia personal y en sus propios demonios para entender la historia y la condición humanas.

Por eso se metía en la entraña de su propia enfermedad. Esa es la razón por la cual en sus novelas integra salas hospitalarias o celdas, pabellones de cáncer o campos de concentración, enfermedad o cautiverio.

“Hubo un filósofo que afirmó –escribe Solzhenitsin- que si el hombre no padeciese enfermedades no conocería sus propias limitaciones”. Parecería decirnos que todo el sufrimiento y la barbarie no deben olvidarse sino servir para el futuro del hombre.

Su muerte abre una herida incurable en tiempos en los que un nuevo fantasma recorre el mundo: una especie de ética cuyo fin es la retirada del pensamiento, una nueva forma de vivir en el confort de lo ligero y en la expansión del conformismo televisivo.


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Mario Santiago y su retina lírica




Jeta de santo, testimonio enriquecedor



Entrevista con Rebeca López y Mario Raúl Guzmán







Mario Santiago Papasquiaro, quien murió atropellado en la colonia Balbuena una fría noche de enero de 1998, era un poeta de tiempo completo, un poeta de cabo a rabo a quien nada le era indiferente, una persona con la que tenías que estar a las vivas y con quien lo cotidiano se volvía intenso.

Santiago fundó a mediados de los 70’s el grupo mexicano conocido como Infrarrealismo, integrado por jóvenes para quienes la poesía era la única bandera estimable y probablemente auténtica, jóvenes que como los autores contraculturales estadounidenses querían lanzarse a los caminos y también querían “partirle su madre a Octavio Paz”, representante de la cultura oficial mexicana de esos tiempos.


Rebeca López, su viuda, en entrevista a propósito de la publicación de Jeta de santo, antología poética del autor, concuerda con que él tenía una personalidad problemática; es decir, propia de una persona que se hacía preguntas sobre todo, sobre lo que veía, lo que sentía, no para encontrar respuestas precisas sino como una forma de vivir.


Recuerda que a Mario “le importaba todo, el peso que cada cosa tenía en la existencia para él era tan trascendental que no podía ser superfluo o hacer de las cosas algo superfluo, ni una conversación ni una mirada, ni una vuelta ni un giro”.


Para él “nada podía ser circunstancial, puesto que la vida tiene un peso, una densidad, pero él también (tenía) una capacidad enorme de jugar con toda esa densidad”. Pero “un juego serio, así como lo planteaba Julio Cortázar: vamos a ver el juego como lo toman los niños, de la manera más seria”.

Y como un juego, también “es lúdico, es gozoso, es una aventura muy consciente, porque en el momento en el que tú haces de una aventura la palabra y te lanzas a buscar, no sueltas amarras, o sea desde ese momento tienes que tener una mirada muy clara y muy firme porque si no te puedes perder en un uso del lenguaje banal o en una estructura”.


Por su parte el poeta Mario Raúl Guzmán, prologuista del libro, precisa que “no todo le parecía importante. Ni a Balzac le parecía todo importante. Todo artista discrimina. Todo artista hace a aun lado un montón de cosas que le parecen irrelevantes”. Más bien, nada le era indiferente.


Santiago fue un romántico denso, profundo, preocupado por los temas inagotables e inabarcables, los que exigen ser retorcidos infinitamente. Esto que puede parecer una pérdida de tiempo, para personas como Santiago era una forma de rebeldía contra los convencionalismos sociales y las pautas de una cultura en la que se nos ha acostumbrado a vivir en busca de resultados, riquezas materiales, innovaciones, experiencias fugaces e intensas.


“Todos los días escribía, todo el tiempo escribía, aunque no tomara una pluma él estaba procesando todo de una manera poética, todas las experiencias entrelazadas con las lecturas que él hubiera hecho, con las películas, la pintura”, continua Rebeca.


“Todo su día giraba alrededor de caminar muchas horas y en ese trayecto iba escribiendo, en lo que fuera, en el periódico, en el libro que iba leyendo en ese momento. Se detenía, escribía, seguía caminando, en un boletito del metro, en una servilleta”, añade la también poeta.


A propósito, es conveniente recordar lo que cuentan sobre Santiago sus amigos infrarrealistas: era un peligro prestarle libros porque él los regresaba con múltiples anotaciones y versos entre líneas o si no los devolvía arrugados porque se bañaba leyendo.


¿Podrías ahondar un poco en más en esto que dices sobre la “percepción poética” con la que vivía Santiago?

“Todo su latido estaba siempre en consonancia con encontrar en las cosas que están “ahí” otra cosa más. Si en este momento mismo él llegara tendría cosas que decir sobre este hecho” en particular.


"Mi poesía es mi semilla obsesiva…/ mi poesía es mi sonrisa / mi lujuria / mi gula / mi galáctico estilo de vagabundear sin un quinto”, diría Santiago en el poema “Tatuaje”.



El fundador del infrarrealismo era un constructor de imágenes, un lector cuyos ojos registraban voces y tempos para reinterprerlos de forma lírica, como Apolo pero sin acercarse al Olimpo. Pues nada sería más peligroso que eso para un poeta como Santiago, que buscaba lo infra más que lo supra o para quien el camino de lo supra sólo podía hallarse después de un viaje iniciático y bastante “jodido” por lo infra.


“El siempre dijo ‘Yo soy infrarrealista’. Quienes formaron parte de ese grupo no dejaron de serlo, no dejaron de escribir, por su misma naturaleza no tenían como prioridad lo público sino la escritura integrada a su vida cotidiana”. Esa “fue una convicción que Santiago llevó hasta la muerte, con todo lo que eso conllevaba”.


¿Y qué conllevaba?


“Que si tú propuesta es ir más allá, si buscas caminos en los que nadie va a arriesgar”, no sueltes amarras. Ellos decían “Déjenlo todo nuevamente, los que ya se habían desafanado, no, otra vez y además, más allá, es más allá”.


El camino de Mario “no era la oficina, el cargo público, el cheque de honorarios. No dejó de ser un infra. Jamás iba a hacer relaciones públicas para ver si alguien le daba una chamba o lo publicaba o si hablaban de él en un periódico. Perdón, pero eso ya no tiene nada que ver con la poesía, es una contradicción”, considera Rebeca López.



Era un poco más “libre”.


“Sí, pero no creas que el hecho de ser libre es estar suelto. Eres libre porque no te vas a detener a lo que crees que hasta ahí llega, sino que puedes irte más allá, o sea, no te vas a sujetar a si a ti ya te dijeron que “esto” llega hasta aquí. No, tú no temes encontrar porque estás buscando más cosas. Es la libertad de permitirte dejarte ir, buscar, buscar, siempre buscar.”



“Para él la poesía es un medio y un fin”.



Podría decirse que es una libertad bastante pesada. Una libertad comprometida pero libre de aferramientos, como en cierta leyenda budista en la que un maestro aconseja a su discípulo matar al buda si lo ve. Esto puede interpretarse como no dejarse engañar por las apariencias, en no conformarse con lo que se ve en el difícil camino que es la vida.



¿Por qué publicar esta obra póstuma? O sea ¿de dónde surge esta intención?

“Creo que es fundamental que Santiago sea conocido a través de su poesía, no a través de lo que se cuente de él, no a través de la imagen que alguien ha creado de él, sea buena o mala”.


Esto es más claro si advertimos que el personaje Ulises Lima de Los detectives salvajes, del chileno Roberto Bolaño, esta basado en Mario Santiago.


¿Por qué leerlo?

“Porque su testimonio nos enriquece”, dice Mario Raúl Guzmán, “él fue testigo de su época. A lo largo de su poesía podrás advertir que él da su testimonio de todo lo que le parecía importante. No sólo de sus asuntos personales”.


Mario Santiago fue corrector de estilo en El Financiero un año entero. “Imagínatelo un año corrigiendo notas de tema económico y por supuesto que sabía leer esas notas, sabía extraer lo que a él le pareciera importante en notas que tienen que ver con el mercado de valores”.


“Hay dos o tres poemas suyos que publicó El Financiero en la sección cultural. Por ejemplo el que dedica a la memoria de John Lennon. Es una crítica a la industria que se apropió del rock como manifestación de rebeldía juvenil en Occidente y que la convierte en una rama de sus negocios.


Hace un reclamo a ese fenómeno de mercantilización del arte que ahora vemos cotidianamente en los periódicos. Vemos que el cuadro de tal pintor, y a veces se trata de pintores que padecieron penurias económicas, están en las bolsas de valores cotizándose a la alza y en las casas de remates de obra alcanzado cifras astronómicas, y él lo critica, impugna que la obra de arte sea absorbida pasando por encima de sus valores estéticos y sea convertida en un objeto de transacción mercantil.


Sin embargo, al momento de publicar esta antología poética, se podría decir que Santiago pasa a formar parte de esa maquinaria que él aborrecía.


“Una contradicción en un mundo tremendamente contradictorio, y en la que estamos todos atrapados”, contesta Guzmán. “Pero su poesía se defiende solita”, agrega.


Se podría decir que “la poesía abrió su camino”, aporta Rebeca.


Jeta de santo es una imagen muy cercana de la poesía de Mario Santiago, vuelve independiente su poesía.


No está aquí la leyenda urbana, no está aquí la biografía de un hombre, no están aquí los manifiestos de la inconformidad, lo que está aquí es una poesía que si tú lector decides que lo quieres conocer pues te diriges a una librería o a una biblioteca ―espero que llegue a esas de las del parque― y así puedes acceder a él o te lo puedes robar como ellos (los infras) también lo hicieron” concluye la viuda de Mario Santiago.


Mario Raúl Guzmán recuerda cómo era estar con Papasquiaro y dice: “Tenías que estar a las vivas. No te daba tregua. Te obligaba a que estuvieras a tu máximo, si no, no podías estar con él. Tenías que estar muy despierto y si no te fustigaba. Si bajabas la guardia o mostrabas pereza arremetía contra ti. Frente a él no se podía bostezar. Era muy punzante, un tipo de inteligencia notable y todo el tiempo te estaba acicateando porque pusieras también tu inteligencia en marcha”.



“Frente a gente petulante, frente a personas pedantes era terrible, eso no lo soportaba, cualquier persona que llegara con ínfulas de ‘yo soy novelista’ o ‘yo soy poeta’ corría un gran riesgo frente a Mario Santiago. No se quedaba impune. Si llegabas con naturalidad te podía dar diálogo, podía ser muy cordial, lo que no soportaba es que la gente se pasara de la raya, que llegara con pretensiones queriendo apantallar, eso no lo soportaba. A mucha gente la zarandeó porque no le gustaba la petulancia”.



El “siempre andaba hasta arriba. Nunca logré entender cómo alguien se puede mantener casi todo el tiempo, arriba. O sea uno está arriba un rato luego vas y te tiras en la hamaca”.



“Cualquiera de nosotros es capaz de ver una película por puro entretenimiento o ver cualquier tontería. Él no, si la película no le estaba diciendo nada se salía”.

Por su parte, Rebeca menciona que estar con él “era algo muy intenso”.

“Estaba tenso hasta en el sueño. Al dormir en la misma cama, a veces llegaba a sentir su cuerpo tenso. Su cuerpo estaba dormido pero había mucha tensión. Otras, al despertar me contaba el sueño que había tenido y eran sueños muy cargados”.

Un poeta muy intenso en toda la extensión del término. “La muerte no es no poder comunicarse sino no poder ser comprendido”, recordaba Santiago de un poema de Pier Paolo Pasolini, un poema que parecería condensar la actitud de vida de este poeta mexicano, quien la asumía de una forma intensa, pues si vivir es comunicarse, vivir intensamente es hacerte entender aunque sea a gritos, aunque haya lágrimas, moretones y dolor, aunque se te revuelva el estómago o se te anude la garganta pues comunicarse realmente exige valentía y honestidad para decir sin rodeos ni medias tintas lo que uno piensa.

Y en ese grado alcanzar una veta de autenticidad, como para los poetas infrarrealistas lo es la poesía integrada a la vida, de una forma profunda, abismal y vertiginosa. La poesía en la retina, la poesía como forma de vida y no sólo como producto artístico.















Jeta de santo. (Antología poética 1974-1997), FCE, 262pp. $270.

Para más información sobre infrarrealismo puede consultarse la página http://www.infrarrealismo.com/ o el octavo número de la revista Nomedites, que se puede conseguir en la librería La Torre de Lulio (Nuevo León #125, Col. Condesa).

11.7.08

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Bolaño, escritor salvaje

A cinco años de su muerte


Roberto Bolaño se ha convertido en uno de los escritores más influyentes de la literatura contemporánea en el mundo entero. Este 14 de julio se cumplieron cinco años de su muerte.

Una parte muy importante de su vida y su novela más conocida y aclamada, Los detectives salvajes, transcurrieron en México.

Bolaño nació en Santiago de Chile en 1953. Cuando tenía 15 años llegó a México y en 1973 regresó a su país para luchar por el gobierno socialista de Salvador Allende, pero debido al golpe de estado de Augusto Pinochet fracasó en su intento revolucionario y volvió a México, donde cultivaría la que sería su más grande pasión: la literatura.

Así comenzó el exilio que marcaría el resto de su vida.

Ya en México, a mediados de los años 70, Bolaño era un adolescente romántico, un joven poeta radical que se ocultaba detrás de unos pesados lentes de vidrio con los que intentaba descifrar el mundo y la vida, a la que se aproximaba sin límites.

La ciudad de México fue la cuna de su juventud y precoz adultez, de su vocación literaria y de sus constantes preguntas y reflexiones. Una ciudad que enmarcaría su adolescencia, etapa en la que el concepto aventura lo sedujo de una vez y para siempre.

Las colonias Narvarte, Guadalupe, Roma, Condesa, Centro y Guerrero serían una especie de microcosmos de ese mundo que ansiaba descubrir, y se convertirían con el paso del tiempo en parte de los escenarios literarios con los que daría color y espacio a su narrativa.

En esos años conocería a muchos colegas que como él querían ser poetas y decían serlo. Pero más que escribir poesía, querían vivir como poetas. Esto es más claro si consideramos que la palabra poesía proviene del griego poiesis: creación. Y la creación es continuidad, impermanencia, cambio, movimiento, como la vida.

Entonces, vivir como poetas es vivir sujeto a nada, libre y en continua reinvención. Sin embargo, el problema fue que esos jóvenes no eran del todo poetas y tampoco eran tan libres como aspiraban a ser. Estaban atrapados en sus propias entrañas y en sus propias utopías.

De acuerdo con esos años y los sueños de emancipación que contagiaron a los jóvenes de todo el mundo, podemos entender que la poesía era para estos muchachos, que se autonombraban infrarrealistas, utopía y autenticidad como las dos caras de una misma moneda.

No obstante, aquellos jóvenes, parte del muestrario de toda una generación, ya interiorizaban la amargura de un fracaso por venir. Tal vez por una especie de conciencia sobre lo que está próximo pero que se prefiere evadir.

Bolaño recuperará esa lucha que nació perdida en su obra medular Los detectives salvajes, haciendo una especie de homenaje a esos adolescentes, entre los que él se contaba, que apostaron por una veta posible para alcanzar la autenticidad en este mundo de simulacros.

En la novela, Bolaño los llama realvisceralistas, o sea, los que viven realmente con la víscera, la bilis, la emoción. Para ellos, la poesía era la estrella que iluminaba el mapa de los caminos que debían seguir.

Esa estrella sin embargo confusamente los conduciría al cabo de dos décadas al fracaso.

Por eso, podemos concluir que Bolaño retrata la derrota de toda una generación inspirada por el socialismo, la emancipación, por la libertad y la revolución, una generación que se entregaba a sus ideales sin ningún tipo de concesiones.

Una generación que finalmente no llegó a la Tierra Prometida, sino que poco a poco fue cayéndose para darse cuenta que el terreno es árido y muy parecido al Infierno. Nada que ver con su búsqueda inicial.

Bolaño reconstruye ese camino de utopías y esperanzas en Los detectives salvajes y en toda su literatura. Y lo hace con una crudeza soberana, pues su propia vida fue utopía ligada al desencanto.

Esa actitud ya la esbozaba en sus años mozos, cuando impulsó a sus comparsas a "lanzarse a los caminos", como en su momento lo hicieron Tzara, Bretón o los beatniks estadounidenses.

Así pues, Bolaño propone al lector que asuma la vida como una aventura que se enfrenta sin miedo. Una actitud con la cual, a pesar de saber que la vida es peligrosa, el lector pueda lanzarse a ella con valentía.

Aventura y valentía como los elementos de una misma ecuación, necesaria para quienes aproximándose al abismo sean capaces de volverle la mirada, y no sólo eso, sino sonreírle y bailar la conga mientras sigan aquí y todavía tengan tiempo.