Alejandro Flores

15.8.08

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Björk - Declare Independance

En plenos juegos olímpicos de Beijing, una estremecedora y estridente voz que traslapa un lamento humano con la iridiscencia de una bandera: Tibet.

6.8.08

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Blonde Redhead en México

Música y vida llevadas al límite











La banda de rock Blonde Redhead, que se presentará en la ciudad de México el 23 de agosto, busca con su música emular la vida y la experiencia que de ella se tiene al rozar los límites.


La banda integrada por la japonesa kazu Makino (voz y guitarra) y los gemelos italianos Simone Pace (batería) y Amedeo Pace (guitarra y voz), mezcla silencios y tonos suaves, que en el momento más inesperado se transforman en sonidos punzantes y gritos de exasperación, con guitarras que copulan como una vertiginosa y dulce marea de cuerpos, siempre al ritmo brillante y sobrio de una batería grave y profunda.


Blonde Redhead fue comparada en sus inicios con Sonic Youth pero hoy se han quitado esa etiqueta al adueñarse de un estilo particular, muestra de la evolución que han tenido con cada álbum.


Son músicos que no se acotan a la rigidez de ningún tipo de estructura, y cuentan con ese plus que permite a muchos músicos descollar cuando encuentran, a veces sin quererlo, nuevos caminos para explorar en el inmanejable y poético sendero de la música, lo cual los ha hecho poseedores de un sonido realmente sofisticado, fruto de años de estudio y en parte debido a la afición que desde niña Kazu sintió por Mozart y Maria Callas.











Tienen siete discos, el más reciente lleva por título 23, uno de los mejores álbumes del 2007 y que vino a consagrarlos como grupo de culto.


Otro de sus álbumes más importantes es Misery Is a Butterfly, en cuya grabación Blonde Redhead tardó más de lo usual debido a un grave accidente que sufrió Kazu Makino al caer de un caballo, accidente al que aluden en la canción "Equus".


"Amo a los caballos porque me siento muy viva cuando estoy con ellos", diría después del accidente la vocalista del grupo.


Vida y peligro, excesos y desenfrenos conforman la materia que esta banda neoyorkina utiliza para aproximarse al acto de invención estética y artística.

"Todo lo que me haga sentir viva es importante para mí. A veces tomo hasta el límite, pareciera destruirme, pero en esos momentos me siento viva” dice Kazu en una entrevista.

El inicio de su canción “In particular” también muestra esta actitud: “Recostada sobre mi espalda / escuché música/ sintiéndome insegura y catastrófica / me tengo que decir ‘es sólo música´/ eso me deja perpleja/ pero así es”.


Y sí, así es, Blonde Redhead lleva las sensaciones al límite con gritos agudos, riffs sencillos, entre melódicos y estridentes, síncopas y silencios impredecibles y deslizamientos policromáticos sobre cuerdas eléctricas.


"Mis canciones a menudo vienen a mi mente, las escribo pero trato de no pensar mucho sobre ellas". Más intuición que razón o más bien instantes delimitados por una barrera de tiempo: la que dure cada track.

Instantes que por más breves que sean no es recomendable dejar pasar. Instantes que invitan a vivir sin límite.


4.8.08

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Solzhenitsin, la muerte de un sujeto


En Archipiélago Gulag denuncia los horrores del estalinismo


Con la muerte de Alexander Solzhenitsin, Premio Nobel de Literatura en 1970, se pierde parte del anhelo de movilidad de masas de la primera mitad del siglo XX, del pensamiento crítico, la rebeldía y la franqueza de alguien que vivió la tortura en carne propia.

Se trata de la muerte de un sujeto en una sociedad de masas que hoy es una sociedad teledirigida y sin oposición. Al hablar de sujeto entendamos una función y no un individuo: la función del pensamiento. Sujeto, pues, es el individuo que reflexiona sobre la realidad.

Solzhenitsin se incorporó en 1941 al ejército soviético como soldado y en 1945, siendo capitán en la Rusia oriental, fue arrestado bajo la acusación de propaganda antisoviética, al serle interceptada correspondencia que cruzaba con un amigo, en la que ambos criticaban abiertamente la política de Stalin.

Es condenado a ocho años de prisión y más tarde sería enviado a un gulag (siglas de la denominación soviética de la Dirección general de campos de concentración).

Ese fue el resultado de su disidencia y critica a un cerrado sistema totalitario, uno de tantos que a lo largo del siglo XX en Europa y América latina azolaron a la sociedad pensante.

Justo después de la década en la que se abría el férreo sistema político del estalinismo en la URSS, la dura maquinaria de estado denunciada y desarmada por el XX Congreso del PCUS, con Nikita Kruschev a la cabeza, se publica Archipiélago Gulag, con la que Solzhenitsin se sirve de su experiencia propia para describir la “trituradora de carne humana” que lo había atrapado junto con millones de compatriotas soviéticos, como una especie de homenaje y tributo a ellos, la gran mayoría campesinos y trabajadores.

Solzhenitsin escribe en Archipiélago Gulag lo siguiente: Ya en la primavera de 1918 fluye una incesante riada de socialtraidores, una riada que duraría muchos años. Todos estos partidos – socialistas revolucionarios, mencheviques, anarquistas, socialistas populares – estuvieron haciéndose pasar por revolucionarios durante décadas, ocultos bajo una máscara, y si habían estado en presidio era también para seguir fingiendo. Y sólo bajo el impetuoso cauce de la revolución se descubrió la esencia burguesa de estos “socialtraidores”.

Cuando apareció Archipiélago Gulag, el sistema soviético era sólido y libraba una guerra sin cuartel contra Solzhenitsin. Un sistema que prometió revolución y finalmente otorgó represión y crimen.

A partir de 1966 el nombre de Solzhenitsin fue silenciado y su producción ocultada. En 1974 sería expulsado de la Unión Soviética, consumando así la mayor tortura que puede cometer un estado totalitario contra un escritor: condenarlo al silencio y por tanto, al olvido.

Solzhenitsin se mantendría como un autor de una inteligencia, franqueza y humildad notables. Cautiverio y enfermedad marcarían la literatura de este escritor, capaz de indagar en la experiencia personal y en sus propios demonios para entender la historia y la condición humanas.

Por eso se metía en la entraña de su propia enfermedad. Esa es la razón por la cual en sus novelas integra salas hospitalarias o celdas, pabellones de cáncer o campos de concentración, enfermedad o cautiverio.

“Hubo un filósofo que afirmó –escribe Solzhenitsin- que si el hombre no padeciese enfermedades no conocería sus propias limitaciones”. Parecería decirnos que todo el sufrimiento y la barbarie no deben olvidarse sino servir para el futuro del hombre.

Su muerte abre una herida incurable en tiempos en los que un nuevo fantasma recorre el mundo: una especie de ética cuyo fin es la retirada del pensamiento, una nueva forma de vivir en el confort de lo ligero y en la expansión del conformismo televisivo.


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Mario Santiago y su retina lírica




Jeta de santo, testimonio enriquecedor



Entrevista con Rebeca López y Mario Raúl Guzmán







Mario Santiago Papasquiaro, quien murió atropellado en la colonia Balbuena una fría noche de enero de 1998, era un poeta de tiempo completo, un poeta de cabo a rabo a quien nada le era indiferente, una persona con la que tenías que estar a las vivas y con quien lo cotidiano se volvía intenso.

Santiago fundó a mediados de los 70’s el grupo mexicano conocido como Infrarrealismo, integrado por jóvenes para quienes la poesía era la única bandera estimable y probablemente auténtica, jóvenes que como los autores contraculturales estadounidenses querían lanzarse a los caminos y también querían “partirle su madre a Octavio Paz”, representante de la cultura oficial mexicana de esos tiempos.


Rebeca López, su viuda, en entrevista a propósito de la publicación de Jeta de santo, antología poética del autor, concuerda con que él tenía una personalidad problemática; es decir, propia de una persona que se hacía preguntas sobre todo, sobre lo que veía, lo que sentía, no para encontrar respuestas precisas sino como una forma de vivir.


Recuerda que a Mario “le importaba todo, el peso que cada cosa tenía en la existencia para él era tan trascendental que no podía ser superfluo o hacer de las cosas algo superfluo, ni una conversación ni una mirada, ni una vuelta ni un giro”.


Para él “nada podía ser circunstancial, puesto que la vida tiene un peso, una densidad, pero él también (tenía) una capacidad enorme de jugar con toda esa densidad”. Pero “un juego serio, así como lo planteaba Julio Cortázar: vamos a ver el juego como lo toman los niños, de la manera más seria”.

Y como un juego, también “es lúdico, es gozoso, es una aventura muy consciente, porque en el momento en el que tú haces de una aventura la palabra y te lanzas a buscar, no sueltas amarras, o sea desde ese momento tienes que tener una mirada muy clara y muy firme porque si no te puedes perder en un uso del lenguaje banal o en una estructura”.


Por su parte el poeta Mario Raúl Guzmán, prologuista del libro, precisa que “no todo le parecía importante. Ni a Balzac le parecía todo importante. Todo artista discrimina. Todo artista hace a aun lado un montón de cosas que le parecen irrelevantes”. Más bien, nada le era indiferente.


Santiago fue un romántico denso, profundo, preocupado por los temas inagotables e inabarcables, los que exigen ser retorcidos infinitamente. Esto que puede parecer una pérdida de tiempo, para personas como Santiago era una forma de rebeldía contra los convencionalismos sociales y las pautas de una cultura en la que se nos ha acostumbrado a vivir en busca de resultados, riquezas materiales, innovaciones, experiencias fugaces e intensas.


“Todos los días escribía, todo el tiempo escribía, aunque no tomara una pluma él estaba procesando todo de una manera poética, todas las experiencias entrelazadas con las lecturas que él hubiera hecho, con las películas, la pintura”, continua Rebeca.


“Todo su día giraba alrededor de caminar muchas horas y en ese trayecto iba escribiendo, en lo que fuera, en el periódico, en el libro que iba leyendo en ese momento. Se detenía, escribía, seguía caminando, en un boletito del metro, en una servilleta”, añade la también poeta.


A propósito, es conveniente recordar lo que cuentan sobre Santiago sus amigos infrarrealistas: era un peligro prestarle libros porque él los regresaba con múltiples anotaciones y versos entre líneas o si no los devolvía arrugados porque se bañaba leyendo.


¿Podrías ahondar un poco en más en esto que dices sobre la “percepción poética” con la que vivía Santiago?

“Todo su latido estaba siempre en consonancia con encontrar en las cosas que están “ahí” otra cosa más. Si en este momento mismo él llegara tendría cosas que decir sobre este hecho” en particular.


"Mi poesía es mi semilla obsesiva…/ mi poesía es mi sonrisa / mi lujuria / mi gula / mi galáctico estilo de vagabundear sin un quinto”, diría Santiago en el poema “Tatuaje”.



El fundador del infrarrealismo era un constructor de imágenes, un lector cuyos ojos registraban voces y tempos para reinterprerlos de forma lírica, como Apolo pero sin acercarse al Olimpo. Pues nada sería más peligroso que eso para un poeta como Santiago, que buscaba lo infra más que lo supra o para quien el camino de lo supra sólo podía hallarse después de un viaje iniciático y bastante “jodido” por lo infra.


“El siempre dijo ‘Yo soy infrarrealista’. Quienes formaron parte de ese grupo no dejaron de serlo, no dejaron de escribir, por su misma naturaleza no tenían como prioridad lo público sino la escritura integrada a su vida cotidiana”. Esa “fue una convicción que Santiago llevó hasta la muerte, con todo lo que eso conllevaba”.


¿Y qué conllevaba?


“Que si tú propuesta es ir más allá, si buscas caminos en los que nadie va a arriesgar”, no sueltes amarras. Ellos decían “Déjenlo todo nuevamente, los que ya se habían desafanado, no, otra vez y además, más allá, es más allá”.


El camino de Mario “no era la oficina, el cargo público, el cheque de honorarios. No dejó de ser un infra. Jamás iba a hacer relaciones públicas para ver si alguien le daba una chamba o lo publicaba o si hablaban de él en un periódico. Perdón, pero eso ya no tiene nada que ver con la poesía, es una contradicción”, considera Rebeca López.



Era un poco más “libre”.


“Sí, pero no creas que el hecho de ser libre es estar suelto. Eres libre porque no te vas a detener a lo que crees que hasta ahí llega, sino que puedes irte más allá, o sea, no te vas a sujetar a si a ti ya te dijeron que “esto” llega hasta aquí. No, tú no temes encontrar porque estás buscando más cosas. Es la libertad de permitirte dejarte ir, buscar, buscar, siempre buscar.”



“Para él la poesía es un medio y un fin”.



Podría decirse que es una libertad bastante pesada. Una libertad comprometida pero libre de aferramientos, como en cierta leyenda budista en la que un maestro aconseja a su discípulo matar al buda si lo ve. Esto puede interpretarse como no dejarse engañar por las apariencias, en no conformarse con lo que se ve en el difícil camino que es la vida.



¿Por qué publicar esta obra póstuma? O sea ¿de dónde surge esta intención?

“Creo que es fundamental que Santiago sea conocido a través de su poesía, no a través de lo que se cuente de él, no a través de la imagen que alguien ha creado de él, sea buena o mala”.


Esto es más claro si advertimos que el personaje Ulises Lima de Los detectives salvajes, del chileno Roberto Bolaño, esta basado en Mario Santiago.


¿Por qué leerlo?

“Porque su testimonio nos enriquece”, dice Mario Raúl Guzmán, “él fue testigo de su época. A lo largo de su poesía podrás advertir que él da su testimonio de todo lo que le parecía importante. No sólo de sus asuntos personales”.


Mario Santiago fue corrector de estilo en El Financiero un año entero. “Imagínatelo un año corrigiendo notas de tema económico y por supuesto que sabía leer esas notas, sabía extraer lo que a él le pareciera importante en notas que tienen que ver con el mercado de valores”.


“Hay dos o tres poemas suyos que publicó El Financiero en la sección cultural. Por ejemplo el que dedica a la memoria de John Lennon. Es una crítica a la industria que se apropió del rock como manifestación de rebeldía juvenil en Occidente y que la convierte en una rama de sus negocios.


Hace un reclamo a ese fenómeno de mercantilización del arte que ahora vemos cotidianamente en los periódicos. Vemos que el cuadro de tal pintor, y a veces se trata de pintores que padecieron penurias económicas, están en las bolsas de valores cotizándose a la alza y en las casas de remates de obra alcanzado cifras astronómicas, y él lo critica, impugna que la obra de arte sea absorbida pasando por encima de sus valores estéticos y sea convertida en un objeto de transacción mercantil.


Sin embargo, al momento de publicar esta antología poética, se podría decir que Santiago pasa a formar parte de esa maquinaria que él aborrecía.


“Una contradicción en un mundo tremendamente contradictorio, y en la que estamos todos atrapados”, contesta Guzmán. “Pero su poesía se defiende solita”, agrega.


Se podría decir que “la poesía abrió su camino”, aporta Rebeca.


Jeta de santo es una imagen muy cercana de la poesía de Mario Santiago, vuelve independiente su poesía.


No está aquí la leyenda urbana, no está aquí la biografía de un hombre, no están aquí los manifiestos de la inconformidad, lo que está aquí es una poesía que si tú lector decides que lo quieres conocer pues te diriges a una librería o a una biblioteca ―espero que llegue a esas de las del parque― y así puedes acceder a él o te lo puedes robar como ellos (los infras) también lo hicieron” concluye la viuda de Mario Santiago.


Mario Raúl Guzmán recuerda cómo era estar con Papasquiaro y dice: “Tenías que estar a las vivas. No te daba tregua. Te obligaba a que estuvieras a tu máximo, si no, no podías estar con él. Tenías que estar muy despierto y si no te fustigaba. Si bajabas la guardia o mostrabas pereza arremetía contra ti. Frente a él no se podía bostezar. Era muy punzante, un tipo de inteligencia notable y todo el tiempo te estaba acicateando porque pusieras también tu inteligencia en marcha”.



“Frente a gente petulante, frente a personas pedantes era terrible, eso no lo soportaba, cualquier persona que llegara con ínfulas de ‘yo soy novelista’ o ‘yo soy poeta’ corría un gran riesgo frente a Mario Santiago. No se quedaba impune. Si llegabas con naturalidad te podía dar diálogo, podía ser muy cordial, lo que no soportaba es que la gente se pasara de la raya, que llegara con pretensiones queriendo apantallar, eso no lo soportaba. A mucha gente la zarandeó porque no le gustaba la petulancia”.



El “siempre andaba hasta arriba. Nunca logré entender cómo alguien se puede mantener casi todo el tiempo, arriba. O sea uno está arriba un rato luego vas y te tiras en la hamaca”.



“Cualquiera de nosotros es capaz de ver una película por puro entretenimiento o ver cualquier tontería. Él no, si la película no le estaba diciendo nada se salía”.

Por su parte, Rebeca menciona que estar con él “era algo muy intenso”.

“Estaba tenso hasta en el sueño. Al dormir en la misma cama, a veces llegaba a sentir su cuerpo tenso. Su cuerpo estaba dormido pero había mucha tensión. Otras, al despertar me contaba el sueño que había tenido y eran sueños muy cargados”.

Un poeta muy intenso en toda la extensión del término. “La muerte no es no poder comunicarse sino no poder ser comprendido”, recordaba Santiago de un poema de Pier Paolo Pasolini, un poema que parecería condensar la actitud de vida de este poeta mexicano, quien la asumía de una forma intensa, pues si vivir es comunicarse, vivir intensamente es hacerte entender aunque sea a gritos, aunque haya lágrimas, moretones y dolor, aunque se te revuelva el estómago o se te anude la garganta pues comunicarse realmente exige valentía y honestidad para decir sin rodeos ni medias tintas lo que uno piensa.

Y en ese grado alcanzar una veta de autenticidad, como para los poetas infrarrealistas lo es la poesía integrada a la vida, de una forma profunda, abismal y vertiginosa. La poesía en la retina, la poesía como forma de vida y no sólo como producto artístico.















Jeta de santo. (Antología poética 1974-1997), FCE, 262pp. $270.

Para más información sobre infrarrealismo puede consultarse la página http://www.infrarrealismo.com/ o el octavo número de la revista Nomedites, que se puede conseguir en la librería La Torre de Lulio (Nuevo León #125, Col. Condesa).

24.7.08

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Conoces a Ulises Lima?



"Si he de vivir que sea sin timón y en el delirio".




El personaje Ulises Lima creado por Roberto Bolaño en Los detectives salvajes existió en la vida real y era conocido como Mario Santiago Papasquiaro. El Fondo de Cultura Económica edita la antología poética Jeta de santo, de este autor mexicano fallecido en 1998, que contiene una selección de 161 poemas realizada por su viuda Rebeca López y el también poeta Mario Raúl Guzmán.


Mario Santiago era uno de los jóvenes poetas retratados por Bolaño y que querían "volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial" mexicana de los años 70, boicoteando los eventos de las vacas sagradas, escandalizando a la población estudiantil de la Facultad de Filosofía y Letras y burlándose de las excentricidades del mundo artístico.


Ulises Lima y Arturo Belano son, en Los detectives salvajes, los alteregos respectivos de Mario Santiago y Roberto Bolaño, dos grandes amigos y fundadores del infrarrealismo mexicano.


Cuenta el poeta Ramón Méndez (La Jornada Morelos, 9/03/2004) que "una madrugada de 1975, cuando Santiago y yo salimos de la casa de Bolaño lo habíamos convencido de nuestra subversión vital contra el oficialismo de la cultura, y nos había comparado con los beatniks" norteamericanos, que sin duda influyeron a este grupo de jóvenes. Pues como aquellos, los infras querían lanzarse a los caminos. "Si he de vivir que sea sin timón y en el delirio", diría Santiago.

Santiago escribió en uno de los manifiestos del infrarrealismo mexicano, "la estupidez no es nuestro fuerte", en respuesta a quienes calificaron su comportamiento escandalizante como estúpido o infantil. Y para nada: su actitud tenía sentido y una razón de ser, una actitud pesada que demandaba congruencia.

La forma de "partirle la cara" al oficialismo era ir en contra de ésta confrontándola, empezando por confrontarse a sí mismos, hasta ser capaces de abandonarse. Por eso Mario Santiago ante cualquier posibilidad de reconocimiento lo rechazaba. Fue capaz de clausurar su revista justo cuando empezaba a ser más conocida. Ese era el sentido más radical de ser un infrarrealista: un ser que brilla con luz propia en la marginalidad.


Para Bolaño era un "poeta poeta”. Es decir, un poeta todos los segundos y sentidos de su vida: cuando cocinaba o hacía el amor, ¡vaya!, poeta, hasta para ir al baño.



Y para muestra basta una anécdota contada por el propio Bolaño, su gran amigo: "Era un ser extrañísimo, hacía cosas como meterse a la ducha y seguir leyendo. Y lo peor era que eran mis libros. Siempre veía mis libros mojados y no sabía qué había ocurrido".



"Hasta que una vez lo sorprendí leyendo en la ducha y yo lo que tenía que haber hecho era ponerme de rodillas a rezar ante el milagro que había presenciado".



Mario Santiago Papasquiaro fue un poeta desconocido, pero que ahora, en gran parte debido a la difusión lograda por Roberto Bolaño, se le quiere recuperar cuando en vida nadie le puso mayor atención ni siquiera al momento de morir: su cuerpo fue indentificado en el Semefo varios días después de haber sido embestido por un automóvil una noche en el Distrito Federal.



14.7.08

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Océanos

Sólo de esta forma logro acercarme a ti. Escribo con los ojos cerrados como si tuviera mi frente sobre la tuya. Escucha ese pequeño silbo que nos une. Querido mío. Tú que vienes del planeta inventado por los marinos. Lleva estas flores al ombligo del sueño. Dile que espere mientras acaba de leer aquél libro que le regalé hace novecientos instantes. Borra esto. Estoy respirando mientras siento cómo vibras. Empiezo a escribir una carta. Escribir para alcanzar la hilera de recuerdos, el mínimo de tu voz que canta. Tú que cierras los ojos. Que meces tu frágil y tibio cuerpo cuando te acuestas sobre la cama. Que cubres tu rostro con la sábana. Que enseñas la espalda desnuda mientras en la pared agrietada pasan figuras proyectadas de antaño y te hacen cosquillas. Dos muchachos que bailan con una joven de sombrero. En esa época en que todos eran hechos a blanco y negro. Una suave y silenciosa canción en inglés detenida en una lacia japonesa que da saltitos. Un poema que cubre toda la pared de tu cabeza hasta los sueños de los anacoretas disfrazados de poesía. Y lees en voz alta tu diario escrito por un señor que fuma y que fue tan joven como tú y que regresa cada noche a platicar contigo, mientras le cuentas que es verdad que la gente se conoce en los lugares más inverosímiles. Y que no es eso lo que lo vuelve tan auténtico, como el recuento a instante de aquel día. Y él con sus ojos ratoniles te mira sentado. Fuma y ríe cuando le aseguras que no hay misterio en el poema aquél de Cesárea Tinajero. ¿Por qué habría de significar algo que ya se ha dicho? O mejor aún algo que no tiene respuesta? Más que la mera atención en aquello de lo que se quiere concluir algo. El ríe y te cuenta de los solitarios que cantan en los autobuses olvidados. Subes con él a la azotea y se lanzan al camellón de palmeras gastadas. Te habla de C. que no Tinajero. Te lleva al café que tú conocías hace años. Cuando caminabas por Bucareli con una muchacha que te hablaba de poemas y películas sentimentales. Y te platicaba de C. que escribe a lobos y lame heridas sin vestirse de sombras como Pizarnik o Plath, mujeres de dolores verticales que se clavan los huesos en los pulmones. Y se enlaman con hojas secas. Y sueñan protegidas en su descanso provocado a fin de verse verticales eternamente. Vuelves el camino con él. Vuelves a la habitación que no ha sido la de siempre. Y el hombre se escapa por el resquicio. Es tarde. La mujer que escribe, recuerda. Ella mira ahora que duermes en el desierto y amaneces en el bosque de sándalo. Ahora que terminas tu novela. Donde al fin dices qué hay detrás de la ventana. Ahora que sabes que nadie revolucionará la poesía. Has encontrado la manera de dormir con los ojos abiertos. Y el hombre regresa y te habla de estrellas distantes. Te dice que C. ha muerto. Que aún no la encuentra por ningún vagón submarino. Que iniciará una búsqueda. Y tú serás su guía. La ciudad ha cambiado tanto. Ahora cae nieve los domingos. Y las jacarandas duran todo el año. Las calles se llenan de rubias y curanderos y se pasean aún por la alameda, después de comprar un café latte de Mr. SB. Ahora pueden tomar un caballo y pasear por la colonia Roma. Entrar al edificio de las brujas y recordar aquél día del desfile del amor. Donde cada uno se disfrazó de su propio mito. Él pregunta por el tuyo. Y tus ojos se cierran. Te hallas en la habitación. Miras tu vientre pálido, suave y recuerdas las manos de Ella. Estrella distante. Y como en la novela. Viajas al interior de una nube. Y miras tu cuerpo. El mismo que baila cuando germina el alba. Cuando se oscurecen tus ojos y recuerdas a aquella mujer que escribe y te piensa en silencio. Mientras el sueño persiste. Mientras te abras en flor y regreses al océano que llenas de gozo con tu existencia. Así ha sido, así es. Así es.

Ella

11.7.08

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Bolaño, escritor salvaje

A cinco años de su muerte


Roberto Bolaño se ha convertido en uno de los escritores más influyentes de la literatura contemporánea en el mundo entero. Este 14 de julio se cumplieron cinco años de su muerte.

Una parte muy importante de su vida y su novela más conocida y aclamada, Los detectives salvajes, transcurrieron en México.

Bolaño nació en Santiago de Chile en 1953. Cuando tenía 15 años llegó a México y en 1973 regresó a su país para luchar por el gobierno socialista de Salvador Allende, pero debido al golpe de estado de Augusto Pinochet fracasó en su intento revolucionario y volvió a México, donde cultivaría la que sería su más grande pasión: la literatura.

Así comenzó el exilio que marcaría el resto de su vida.

Ya en México, a mediados de los años 70, Bolaño era un adolescente romántico, un joven poeta radical que se ocultaba detrás de unos pesados lentes de vidrio con los que intentaba descifrar el mundo y la vida, a la que se aproximaba sin límites.

La ciudad de México fue la cuna de su juventud y precoz adultez, de su vocación literaria y de sus constantes preguntas y reflexiones. Una ciudad que enmarcaría su adolescencia, etapa en la que el concepto aventura lo sedujo de una vez y para siempre.

Las colonias Narvarte, Guadalupe, Roma, Condesa, Centro y Guerrero serían una especie de microcosmos de ese mundo que ansiaba descubrir, y se convertirían con el paso del tiempo en parte de los escenarios literarios con los que daría color y espacio a su narrativa.

En esos años conocería a muchos colegas que como él querían ser poetas y decían serlo. Pero más que escribir poesía, querían vivir como poetas. Esto es más claro si consideramos que la palabra poesía proviene del griego poiesis: creación. Y la creación es continuidad, impermanencia, cambio, movimiento, como la vida.

Entonces, vivir como poetas es vivir sujeto a nada, libre y en continua reinvención. Sin embargo, el problema fue que esos jóvenes no eran del todo poetas y tampoco eran tan libres como aspiraban a ser. Estaban atrapados en sus propias entrañas y en sus propias utopías.

De acuerdo con esos años y los sueños de emancipación que contagiaron a los jóvenes de todo el mundo, podemos entender que la poesía era para estos muchachos, que se autonombraban infrarrealistas, utopía y autenticidad como las dos caras de una misma moneda.

No obstante, aquellos jóvenes, parte del muestrario de toda una generación, ya interiorizaban la amargura de un fracaso por venir. Tal vez por una especie de conciencia sobre lo que está próximo pero que se prefiere evadir.

Bolaño recuperará esa lucha que nació perdida en su obra medular Los detectives salvajes, haciendo una especie de homenaje a esos adolescentes, entre los que él se contaba, que apostaron por una veta posible para alcanzar la autenticidad en este mundo de simulacros.

En la novela, Bolaño los llama realvisceralistas, o sea, los que viven realmente con la víscera, la bilis, la emoción. Para ellos, la poesía era la estrella que iluminaba el mapa de los caminos que debían seguir.

Esa estrella sin embargo confusamente los conduciría al cabo de dos décadas al fracaso.

Por eso, podemos concluir que Bolaño retrata la derrota de toda una generación inspirada por el socialismo, la emancipación, por la libertad y la revolución, una generación que se entregaba a sus ideales sin ningún tipo de concesiones.

Una generación que finalmente no llegó a la Tierra Prometida, sino que poco a poco fue cayéndose para darse cuenta que el terreno es árido y muy parecido al Infierno. Nada que ver con su búsqueda inicial.

Bolaño reconstruye ese camino de utopías y esperanzas en Los detectives salvajes y en toda su literatura. Y lo hace con una crudeza soberana, pues su propia vida fue utopía ligada al desencanto.

Esa actitud ya la esbozaba en sus años mozos, cuando impulsó a sus comparsas a "lanzarse a los caminos", como en su momento lo hicieron Tzara, Bretón o los beatniks estadounidenses.

Así pues, Bolaño propone al lector que asuma la vida como una aventura que se enfrenta sin miedo. Una actitud con la cual, a pesar de saber que la vida es peligrosa, el lector pueda lanzarse a ella con valentía.

Aventura y valentía como los elementos de una misma ecuación, necesaria para quienes aproximándose al abismo sean capaces de volverle la mirada, y no sólo eso, sino sonreírle y bailar la conga mientras sigan aquí y todavía tengan tiempo.

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Lisa

Cuando Lisa me dijo que había hecho el amor
Con otro, en la vida cabina telefónica de aquel
Almacén de la Tepeyac, creí que el mundo
Se acababa para mí. Un tipo alto y flaco y
Con el pelo largo y una verga larga que no esperó
Más de una cita para penetrarla hasta el fondo.
No es algo serio, dijo ella, pero es
La mejor manera de sacarte de mi vida.
Parménides García Saldaña tenía el pelo largo y hubiera
Podido ser el amante de Lisa, pero algunos
Años después supe que había muerto en una clínica psiquiátrica
O que se había suicidado. Lisa ya no quería
Acostarse más con perdedores. A veces sueño
Con ella y la veo feliz y fría en un México
Diseñado por Lovecraft. Escuchamos música
(Canned Heat, uno de los grupos preferidos
De Parménides García Saldaña) y luego hicimos
El amor tres veces. La primera se vino dentro de mí,
La segunda se vino en mi boca y la tercera, apenas un hilo
De agua, un corto hilo de pescar, entre mis pechos. Y todo
En dos horas, dijo Lisa. Las dos peores horas de mi vida,
Dije desde el otro lado del teléfono.
RBA

26.6.08

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Espuma lánguida a un remitente borroso

Las venas del silencio se entretejen en una espuma de lánguidos senderos.
¿Que qué?
Sí, que las venas palpitan arrasando la inmensurable incomprensión del sentimiento de espera. Cuando la espera es esperanza y se siente en las venas que parecen llagas abiertas.
Es decir cuando mis venas, por no decir mi sangre o por no decir mi vida o por no decir lo que soy justo en este instante, se hinchan y se enroscan pesadas por todo lo que hay dentro de ellas. Y lo que hay dentro de ellas se funde con la bilis y entonces se produce la emoción, o bien la sensación de que se vive, a menos que eso no sea del todo cierto.
Me explico mejor sin los velos de esta reciedumbre humana en tratar de parecer interesante: los últimos días he andado con un particular deseo por saber cómo te encuentras e incluso por saber dónde te encuentras, si es que existen caminos para llegar a ti y saber dónde diablos se consiguen o se encuentran.
¿Mediante huellas telefónicas, coordenadas electrónicas en mensajes de texto o correos en Internet?
No sé. Tal vez te mareo.
Pero si te mareo ojalá sea de vértigo.
Es decir, de un miedo que esconde una pizca de motivación por aventarse al vacío y ver qué pasa. Comprobar si el vacío es en realidad vacío o está tan lleno como los abismos.
Comprobar si de detrás de unos ojos se esconden los más nítidos e inefables secretos del mundo. O intentar tenderle una trampa a la vida, queriendo asirla con la intención de ordenarla.
Soy una pesada enredadera de ficciones nostálgicas.
Chale. ¿En serio? Tal vez es demasiado.
Bueno, eso digo. Quiero que sepas que te platico como imaginando el momento en que tus ojos lean estas letras, cuyo único motivo es que las leas, tal vez para que sepas que por aquí ando, tal vez como una pertinaz esperanza, tal vez porque no se me ocurre nada mejor que hacer, tal vez para espantarte. La vida es muy contradictoria y sobre todo los seres humanos.
Venas. Pálpito. Incomprensión. Espera.
Todas incógnitas y todas verdades.
Pero verdades posibles: huecas, oscuras, lumínicas.
Doy rienda a esta serie de palabras.
Estoy vivo y sin entender completamente qué está ocurriendo que una palabra tuya sirve en estas horas como un revulsivo para mi indigestión.

Juego, pienso y sonrío.
Mientras pueda.
Un beso nocturno


11.5.08

1

Para D L

5. Diane
4. Love
3. Yes
2. AF
1. ?

2+2=5